
La Paz había vivido más de tres meses como ciudad sitiada por las fuerzas de Túpac Katari y asediada por el hambre y la sed. En ese trance que parecía el de la aniquilación definitiva, llegó con una poderosa tropa el quiteño Ignacio Flores, teniente coronel del rey, quien después de una larga y dura peripecia militar impuso la bandera real en la ceja de El Alto y bajó al valle de Chuquiago el 30 de junio de 1781.
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