
La mal llamada «Casa del Pueblo» (foto http://www.eldia.com)
La lucha política es, por definición, implacable. El poder es, casi siempre, un mecanismo adictivo y que enajena. Es, en suma, uno de los componentes paradójicos y vitales de nuestra naturaleza como seres humanos. La historia no es otra cosa que la lucha permanente e incesante por el poder.

















