Publicada en Página Siete y Los Tiempos el 16 de enero de 2011
Aprovecho mi breve estancia académica en Barcelona, gracias a una invitación de la Universidad Pompeu Fabra, para reflexionar sobre asuntos que me devuelven a cuestiones distintas de las de la política.
La lectura de La Teoría del Todo de Stephen Hawking a propósito de la de la relatividad, me confronta de nuevo con una de las reflexiones humanas más recurrentes, el tiempo. En el infinito universo (la palabra infinito cobra sentido precisamente en este contexto), la dimensión del tiempo y del espacio no sólo que cambian sino que pierden relevancia, lo único que importa es la velocidad. A la velocidad de la luz, es decir a una velocidad real alcanzada por partículas (o lo que se llamen) que la conforman, un segundo se queda congelado, el tiempo literalmente se detiene. Sigue leyendo


















