
Publicado en Página Siete y Los Tiempos el 4 de julio de 2010
Uno de los personajes de Saramago, mientras maneja su automóvil y se detiene frente a una luz roja, percibe que no ve. En realidad, un exasperante manto blanco cubre por completo sus ojos y a partir de ese instante terrible, comienza a contagiar la ceguera a todos aquellos que tienen contacto visual con él. En poco tiempo, un mar de ciegos inunda la ciudad de la novela del portugués, un océano de seres humanos que poco a poco se desnuda en su inermidad todo aquello de oscuro y terrible que tiene el espíritu humano.









