
Estamos viviendo un tiempo en el que el desfondamiento de la fe ciega en las ideas se convierte en algo muy parecido a la imagen del cataclismo del mundo americano ante la llegada de los europeos.

Estamos viviendo un tiempo en el que el desfondamiento de la fe ciega en las ideas se convierte en algo muy parecido a la imagen del cataclismo del mundo americano ante la llegada de los europeos.

Los cronistas españoles que acompañaron la compleja y polémica conquista, tejieron una base documental de importancia capital para el conocimiento del pasado indígena anterior a la llegada de los europeos, son sin duda uno de los principales acervos que dejó el periodo de colonización de estas tierras.

Camila Urioste, autora de la novela «Soundtrack»
Marcelo Urioste tenía una voz peculiar, honda, dura, visceral, cantaba con el pelo sobre la cara y como desde dentro de su guitarra. Era 1981, con él estaban Juan Carlos “Loro” Orihuela (grande cantautor, su Estatuto Vital es estremecedor) y Pablo Muñoz. Escarbando en mi biblioteca encontré tres poemarios suyos y el programa de un concierto en el Goethe con las letras de sus canciones. Una de ellas dice: “Hija Mía/ Estoy feliz como un trébol/ al ver que has dado a tu madre/ ritmo de luna creciente”.

No es frecuente en Bolivia pensar en grande y hacer las cosas en grande. “El apogeo, la decadencia, la ética, la corrupción, la profundidad o la banalidad se pueden leer… en una estructura (arquitectónica) como también a través de ella se pueden leer a simple vista los valores que rigieron o rigen en una sociedad” escribió el arquitecto Juan Carlos Calderón en 2014.

“Se acostaba sola en una cama de sábanas amarillas, la cama que antes compartía con Mario y se pasaba el tiempo transpirando, atenta a las múltiples pequeñas reacciones de incomodidad de su cuerpo , dando vueltas con una idea fija en la cabeza: necesitaba sentir dolor”. Sebastián Antezana nos lleva sin anestesia con su obra de relatos cortos “Iluminación”, por los extraños meandros de nuestros ríos subterráneos, por la otra cara del espejo. ¿Es su título una ironía? ¿Es el revés de la trama?

Hay una innegable tensión entre quienes creen que las características del funcionamiento internacional en el siglo XXI diluyen y modifican de modo irreversible las fronteras decimonónicas que caracterizaron las construcciones nacionales en la era moderna y contemporánea y quienes, por el contrario, defienden las identidades específicas de cada comunidad como una forma imprescindible de afirmación individual y colectiva que no destruya las raíces de la unicidad.

Mariano Baptista Gumucio (foto, revista Datos)
Es difícil encontrar una forma más intensa de creer en Bolivia que recuperar a nuestras personalidades más fascinantes, hacerlo a través de sus textos, a través de su voz, de sus conversaciones, de sus escritos, los conocidos y los olvidados.

La imagen muestra cuerpos esparcido en el paseo peatonal de Las Ramblas, son como guiñapos, como marionetas que han sido abandonadas por quien manejaba sus hilos. Sus posiciones son grotescas, sus miembros fracturados rompen la armonía que tenían instantes antes cuando sus cuerpos estaban con vida…

Edificio principal (monoblock) de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz (1948)
Entre 1910 y 1950, por más de 40 años, Emilio Villanueva revolucionó los moldes tradicionales de la arquitectura boliviana, y plasmó en la construcción y en el urbanismo conceptos que eran hasta entonces desconocidos en nuestro medio.

Si se quiere una verdadera arquitectura transformadora, véase esta obra maestra de Emilio Villanueva (1948), construida en el periodo «republicano, racista, clasista y excluyente»
El Vicepresidente -es habitual en alguien que no quiere entender el valor fundamental de la creación literaria, pictórica, escultórica o arquitectónica como la argamasa fundamental de nuestras culturas- cree que el uso de frases hechas y lugares comunes bastan para justificar sus acciones. Me califica como “republicano, racista, clasista y excluyente”.

La «Casa del Pueblo» en construcción, delante, el Palacio de Gobierno y la Catedral (foto C. de Mesa Gisbert)
Nada se da por acaso. La construcción de dos gigantescos edificios en el centro de La Paz, el nuevo Palacio de Gobierno -mal llamado “La Casa del Pueblo”- y el nuevo Palacio Legislativo, responde a una lógica y tiene un propósito muy claro.

Una nación es una comunidad imaginada, es el resultado de una construcción que establece de manera arbitraria y discrecional un conjunto de elementos que justifican su existencia, que la explican y que permiten a la sociedad que la conforma sentirse parte de ella. La pertenencia es uno de los elementos claves que le dan sentido a la idea de patria.

Macho, muy macho. Más macho aún si ella está a mi merced. La mujer como objeto de uso. Objeto de descarga en realidad. ¿Dónde? ¿Quién? ¿Por qué? Bebés violadas, niñas violadas, pre adolescentes violadas, adolescentes violadas, jóvenes violadas, adultas violadas. Hijas, hermanas, primas, sobrinas, madres…No salgas que te puede pasar cualquier cosa. No te quedes que te puede pasar cualquier cosa…No nazcas que te puede pasar cualquier cosa…Sociedad de machos, dominada por machos.

«Tiempo de soledades» (1977)
“Hoy regreso a tu infinito Pachamama/ Yo no logro explicarme con que hierbas me cautivas, dulce tierra boliviana”, escribe Matilde Casazola. La fuerza gigantesca, abrumadora del paisaje, lo telúrico como lo describió Jaime Mendoza cuando desarrolló su tesis sobre el Macizo Boliviano, marcaron de modo indeleble el arte del país.

Alfonso Gumucio ha recibido el 21 de marzo de 2017, el premio «Semilla» que otorga anualmente el cine boliviano a quienes han hecho aportes, a lo largo de su vida, en favor del séptimo arte en el país. Esta mi semblanza de Alfonso. (publicada en «Tendencias» de «La Razón»).

Carlos D. de Mesa Gisbert
Tanto dentro como fuera del ámbito académico se ha generado una pregunta ¿Puede Carlos D. de Mesa Gisbert enseñar en una casa superior de estudios sin tener un título universitario? La observación tiene que ver con el hecho de que desde 2013 (2013-2018/2021 a la fecha) soy catedrático de la materia de “Taller de Actualidad” (Historia de Bolivia) en la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”.
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Ilustración de la versión en cómic de «Periférica Blvd» de Adolfo Cárdenas
En el contexto de la literatura boliviana del siglo XXI hay algunos autores excéntricos a las consideraciones convencionales sobre nuestra literatura. Escojo a dos de ellos para ejemplificar esa “excentricidad”.

Había algo en su voz, algo que traspasaba el límite de la mente y se te alojaba en el estómago. Lo escuché por primera vez en 1971, tenía entonces dieciocho años, una edad en la que todo lo que vives, lo que sientes, lo que esperas, se clava en el alma y te acompaña por siempre. Fue en un invierno en Madrid. Allí descubrí a Leonard Cohen. Nunca olvidaré la tapa del long play. Bordes negros, el nombre del artista en la parte superior y la fotografía en sepia de un rostro que evocaba al Dustin Hoffmann de “El Graduado”.

Ha tocado las puertas del cielo. «Madre limpia la sangre de mi cara, que ya no puedo ver». Dylan es una voz como una marca, es un pelo ensortijado como un gran casco sobre la cabeza con la silueta a contraluz sobre fondo azul, es la conciencia, no la de la moraleja, la del desafío punzante, es, por encima de todo, una cadencia que se te impregna en la piel.

«¿Cómo podía ser cierto lo que contaba? ¿Qué le sucedió a tu casa? La saquearon ¿y qué les pasó a tus padres? A mí madre la sacaron al patio, la dejaron en pelotas y la empujaron a una hoguera. A mi hermana embarazada la hicieron bailar en torno a la hoguera. Después de matarla, le sacaron el bebé nonato de la barriga clavándole barras de hierro…¡calla! ¡Calla!»….