Cataluña y España

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El complicado entuerto español tras sus elecciones generales, de incierto pronóstico tiene en el futuro inmediato una cuestión crucial: el desafío soberanista catalán. Queda claro que la nueva legislatura española deberá proponer respuestas estructurales a su andamiaje político y constitucional para garantizar su futuro como una entidad unida.

Cuando Bolivia encaró su dramática crisis de Estado (2003), no nos quedó otra opción que aceptar que nuestra Constitución estaba agotada. Siendo como era un buen texto, no alcanzaba para resolver la ruptura entre Estado y sociedad que amenazaba con una peligrosa escalada de violencia. El país atravesó un escarpado y doloroso camino entre 2003 y 2009 -del que no estuvo exento el fantasma de la secesión- hasta que, por fin, después de zigzagueos sin cuento, aprobó una nueva Carta Magna.

El giro fundamental que expresa ese documento es la caracterización del país: “Bolivia se constituye en un Estado unitario…plurinacional…con autonomías”. Lo que en una primera lectura parece la búsqueda de la cuadratura del círculo, se ha convertido en una fórmula que bien podría ser el punto de partida de una visión más dinámica y flexible de la tradición del Estado-Nación decimonónico en otros países. Se cambió incluso el nombre del país cuyo denominativo es ahora Estado Plurinacional de Bolivia.

En el texto constitucional se incorpora un artículo que establece que los pueblos indígenas tienen libre determinación en el marco de la unidad del Estado (autonomía, autogobierno, cultura, instituciones y entidades territoriales), además de dedicarle un capítulo a sus derechos específicos.

Inspirada en el modelo español, nuestra Carta Magna dedica un capítulo a la organización territorial del Estado, cuyo producto ha sido la creación de autonomías departamentales, regionales, municipales e indígenas. Si un municipio quiere transformarse en una autonomía indígena, lo hará a través de un Referendo. El Referendo es el mecanismo para cualquier decisión de carácter territorial, siempre sobre la premisa básica de la unidad del Estado. Esta peculiaridad sugiere que no es viable un Referendo que permita a una región separarse del Estado (español en este caso). El problema con Cataluña es que las cosas parecen haber llegado a un punto de no retorno si no se hace una consulta popular vinculante. Ese punto muerto amenaza con no resolver la cuestión con un postura inflexible de ambas partes. El ejemplo escocés, en este caso, parece más próximo a la situación de hoy que llegó donde llegó porque en 2010, el gobierno central no midió las consecuencias del rechazo del Tribunal Constitucional al proyecto de Estatuto Catalán que hoy pagaría por tener como línea máxima en la relación entre ambas partes.

Un elemento a tomar en cuenta en el caso de Bolivia es que, por ejemplo, quechuas y aymaras no están asentados en un territorio concreto sino distribuidos en todas sus regiones, por lo que ninguno de los nueve Departamentos del Estado puede caracterizarse como específicamente quechua o aymara. Esto hace que las autonomías indígenas queden circunscritas a los municipios.

Lo importante para el caso español, por razones sobradamente conocidas, es que en España es perfectamente válido el criterio de la plurinacionalidad. Un reconocimiento constitucional de esa realidad establecería una lógica de auto reconocimiento mucho más acorde con la mirada que tienen sobre sí mismos catalanes, vascos y gallegos, para poner los casos más evidentes. Pero no sólo eso, permitiría una consideración de doble efecto, la referida a las relaciones entre Estado y pueblo-nación en términos jurídicos y económicos, y la referida a que España debiera verse a sí misma en los términos de la plurinacionalidad reconociendo a las otras lenguas y a las otras culturas como parte de su patrimonio. Lo que quiere decir reconocer el catalán, el euskera y el gallego como lenguas oficiales del Estado y reconocer sus culturas, tradiciones e historias como parte integral de la diversidad de España. En este segundo caso, el camino debe ser de ida y vuelta generando un cambio en el pensum educativo referido a educación cívica, cultural e histórica desde y en el Estado español y desde y en los pueblos-nación como parte de una totalidad que no centraliza sino que comparte.

Ser un Estado Plurinacional y reconocerse como tal, permitiría un entramado constitucional mucho más amplio y flexible que el actual. Importa incorporar mecanismos de decisión popular en cada nivel de organización territorial cuyo único límite es la unidad del Estado. Pero se trata de una unidad que está basada en el reconocimiento de identidades nacionales cuyos alcances pueden ser todavía mayores.

Si no se entiende que la relación es recíproca, no habrá solución. Mientras el resto de España no sienta que catalanes, vascos y gallegos tienen visiones particulares que vale la pena conocer, respetar y asumir como parte de la riqueza de todos, no será fácil ajustar la solidez del entramado estatal, y eso no depende solamente de los pueblos que se sienten excéntricos, sino de los más, que muy pocas veces han mostrado mayor interés por los valores linguisticos, históricos y culturales de estos.

Una España Plurinacional podría ser uno de los caminos razonables para acercar posiciones y lograr preservar la unidad, aceptando que con más frecuencia de la debida los españoles no asumieron esa realidad, creyendo que todo se resolvía con los complejos acuerdos fiscales, económicos y de competencias, pero muy pocas veces, o quizás nunca, interesada en reconocer y reconocerse en la diversidad y la extraordinaria riqueza de las naciones que hoy tensan la cuerda hasta el punto de amenazar con romperla.

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Un pensamiento en “Cataluña y España

  1. Soy Aymara y escribo como Aymara. Bueno, Sobre el pueblo Aymara, los aymaras conocemos nuestros territorios históricos, y conocemos nuestros derechos, tontos no somos. Ahora, claro que hay que respetar a los hermanos inmigrantes que también habitan la región Aymara, pero eso no significa renunciar a nuestra identidad Aymara, y tampoco significa que ahora todos pueden pasar por encima de los aymaras, eso si ni soñarlo.
    Respecto a lo plurinacional, estoy algo decepcionado, por que después de 10 años no veo cambios en mi nación Aymara, por ejemplo, en cuanto a libertad de expresión no veo medios de comunicación que transmitan en idioma Aymara, como sucede con caso Catalán, Vasco, o Gallego, en lo político no veo un parlamento Aymara único —por supuesto en el marco de la CPEPDB y la unidad del Estado— que planifique el futuro de todo el pueblo Aymara, sin dejar de lado a las autoridades originarias, y ojo no es una aspiración radical, sino todo lo contrario, es lo mínimo que una nación necesita para ejercer sus otros derechos y así buscar su desarrollo, como lo reconoce la ONU en sus diversas normativas y recomendaciones.
    Pero algo que también no cambia es el reforzamiento constante que se hace al “estereotipo de Aymara” incluido el propio gobierno. Es decir, invisibilización intencional (en los medios se sustituye la palabra Aymara por otros términos genéricos, como cholo, indio, andino) también, propagación de teorías pseudo científicas, irrespeto a la propiedad intelectual de la nación Aymara sobre su cultura, por que resulta que ahora todo es boliviano y nada es Aymara. Hay un saqueo descarado de la riqueza cultural de la nación Aymara, imagino que con la intención de despojar a los aymaras de aquellas cosas que nos definen como pueblo único y distinto (método de exterminio ya obsoleto en nuestros tiempos por cierto) todo esto puede ser un caldo de cultivo para lo peor……….mucho ojo con esto.
    Los cierto es que pequeñas élites antiaymaras siempre han ensayado formas de exterminar al pueblo Aymara, muchas diría, unas violentas otras tramposas, pero aun así el pueblo Aymara continua existiendo, el pueblo Aymara es inexterminable, solo nos hicieron mas fuertes. Tal vez si aplicaran una especie de “solución final al problema Aymara”, pero no creo, pues aun así el pueblo Aymara seguiría existiendo, sabemos defendernos.
    Pero sin duda la identidad fuerza, y la identidad hegemónica del momento es la identidad Aymara, por supuesto con el respeto de los hermanos de las otras naciones de Bolivia.
    Respecto a la unidad del estado boliviano, el estereotipo de Aymara separatistas no es más que un mito racista que insiste en ver al Aymara como una amenaza y no como un ciudadano común y corriente, de hecho aquellos que si atentaron a la unidad del Estado no eran aymaras, ej. caso Acre, y otros que prefiero no mencionar, de hecho el ciudadano Aymara es el que mas asiste al servicio militar, y cuando algunas vez le toco defender la integridad territorial de Bolivia a estado siempre ahí.
    Los aymaras nunca atentamos a la unidad del Estado. Si realmente los aymaras buscáramos ser independientes pues lo seriamos, tenemos la capacidad y la fuerza, pero no es algo que el pueblo Aymara busca, por que además nuestro enemigo no es Bolivia. De hecho nuestro enemigo es el colonialismo.
    Tal vez ahí este la diferencia entre el nacionalismo Aymara y el nacionalismo Catalán, para el nacionalismo Aymara el enemigo no es Bolivia, sino todo lo contrario Bolivia es el lugar de oportunidades, en cambio en el nacionalismo Catalán cometieron el error de identificar como enemigo, o como causa de sus problemas, al Estado Español, todo nacionalismo necesita odiar a algo, lo importante es que ese algo este fuera del grupo al cual pertenecemos y mejor si ese algo es una cosa y no otro ser humano, se dice fácil pero…………….
    Jallälla.

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