¿Modernización Tardía?

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La historia del desarrollo boliviano de la segunda mitad del siglo XX tuvo que contar con una estructura productiva anclada en la monoproducción, la dramática y brutal estratificación social, el aislamiento, los desafíos de una compleja geografía, su limitada población y su incapacidad por lograr construir las bases de la articulación regional, inclusión social y educación básica. Ese contexto retardó los logros que buena parte de los países sudamericanos en ese período.

La Revolución de 1952 consiguió dar un salto cualitativo muy significativo, sobre todo a partir de la Reforma Agraria, el Código de la Educación y la ejecución de parte del Plan Bohan con miras a la integración del oriente, pero su enfoque económico no fue acertado, la nacionalización de los recursos minerales no transformó ni la economía minera ni la economía nacional. El proyecto industrialista no funcionó, a lo que se sumó el grave desincentivo a la iniciativa privada que quedó a merced de una dependencia perversa de los contratos estatales, a despecho de su tarea de inversión a partir de incentivos y facilidades que nunca llegaron.

Por esa razón el proyecto desarrollista del último gobierno de la revolución y el primero de las dictaduras militares no pudo, a pesar de su diseño, colocar al país en la senda de una transformación estructural que le permitiera lograr las metas básicas de una nación del siglo XX.

La batalla por cumplirlas, imprescindible para dar el gran salto, fue una obsesión permanente de los diferentes gobiernos del siglo pasado, pero los problemas estructurales de nuestra sociedad eran un freno que parecía irreversible. Lo evidente era que el mercado interno no generaba la masa crítica mínima y el tamaño de la economía, anclada en la maldición de las materias primas dominantes en cada periodo parecía imposible de moverse.

La democracia llegó envuelta en el drama de la crisis económica y el desafío de una propuesta alternativa apoyada en la economía abierta y en el paradigma de reducir el Estado. Sus respuestas tuvieron que ver con desafíos de coyuntura, pero también con propuestas estructurales de transformación que sirvieron de base a los cambios vividos en este siglo en lo que toca a la inclusión y la igualdad. Pero la cuestión económica enfrentaba un problema que parecía irresoluble, el crecimiento promedio de la segunda mitad de la centuria además de errático fue insuficiente. Fue imposible lograr una década entera con un crecimiento cuyo promedia estuviera en el 4,5 por ciento. Con una economía de tamaño tan esmirriado el impulso era de una lentitud que dejaba al país fuera de juego.

Lo impensado ocurrió. Coincidieron dos vectores, la propuesta política de cambio de paradigma encarnada por Morales y la oportunidad económica más espectacular de toda nuestra historia republicana, quizás sólo comparable con lo que representó el Cerro Rico para la economía imperial española. La multiplicación de los panes y los peces vino por la vía del mayor crecimiento de los precios de las materias primas quizás en toda la historia republicana latinoamericana.

La combinación de esa circunstancia que se mantuvo casi inalterable durante una década, sumada a las políticas macroeconómicas internas, generó fenómenos nunca antes vistos, un crecimiento próximo al cinco por ciento durante nueve años seguidos, un superávit equivalente sin antecedente ni siquiera remoto, pero sobre todo el crecimiento exponencial del Producto Interno Bruto que en menos de una década se multiplicó por tres.

Este momento mágico permitió por fin a Bolivia encarar los retos de la modernización ya ejecutada en la mayoría de América del Sur. La inversión intensa y sostenida en infraestructura, con antecedentes relevantes durante el período democrático, cobró un ritmo y una velocidad que permiten pensar que el país por fin recupera competitividad y transforma las vidas de compatriotas que por siglos vivieron cerca de una mala carretera de tierra, sin luz y sin agua. Bolivia, finalmente, puede completar su camino de modernización. Este proceso tardío se hace posible porque, como nunca antes, las condiciones de tamaño, de escala, de disponibilidad de recursos, permiten la planificación de iniciativas de inversión que dependen más de la cantidad que de la planificación en sí misma. Lo que se ha hecho en este década es, y parece que seguirá como modelo, terminar las tareas básicas del desarrollismo asociado a la modernidad, imprescindible para resolver tareas de lo que podríamos llamar una segunda generación de modernidad mucho más asociada a las cuestiones que plantea la sostenibilidad como reto y el cambio climático como amenaza.

En otras palabras, el gobierno ha hecho lo que tenía que hacer para completar la infraestructura de comunicaciones, de telecomunicaciones, de acceso a la luz eléctrica y al agua, en menor medida, pero también, a servicios básicos de saneamiento. A la par, ha encarado iniciativas vinculadas a procesos de industrialización en el marco de la propia naturaleza productiva del país, especialmente en el rubro de hidrocarburos.

Esta modernización tardía, pero imprescindible, puede, sin embargo, llevar a la confusión. Seguir adelante con el camino a recorrer en esa dirección es necesario, pero no ya a partir de los parámetros que marcaba el reloj en 1960 o 1970, sino de acuerdo al crono del siglo XXI. El peligro de que la caída de los precios ensombrezca el escenario lleva al Gobierno a una lógica cuestionable en el marco del nuevo desarrollo, que es debatíble en el siglo XXI. La respuesta es producir más de lo mismo, exploración y explotación en nuevos escenarios de los mismos recursos. Es simple, pero arriesgado, es una propuesta que no resuelve integralmente lo que un país de hoy debe hacer en una lógica de modernidad, que no es la misma que la que dominó la segunda mitad del siglo anterior.

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3 pensamientos en “¿Modernización Tardía?

  1. La llamada “nacionalización” de los hidrocarburos si dio resultados para Bolivia. “Nacionalización” a la que se opuso el Sr. Mesa, a tal punto que la ley tuvo que ser promulgada por el Presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez el 2005.

    Si buscamos los “porqués” de la bonanza económica de Bolivia, el pilar fundamental de esta bonanza son los hidrocarburos.

    • La nacionalización de los hidrocarburos es consecuencia directa del Referendo de 2004. Allí el pueblo boliviano dijo sí a la recuperación de la propiedad de los hidrocarburos en boca de pozo, la refundación de YPFB y el incremento de los impuestos al 50% sobre las transnacionales. La Ley Aprobada en 2005 se basa en el Referendo y el IDH es producto del Referendo. En los considerandos del DS de 1º de mayo de 2006 de “nacionalización” está citado el Referendo de 2004 como elemento fundamental de su ejecución.
      No promulgué la Ley (que no nacionalizaba nada) por sus incongruencias técnicas, el impuesto ciego a campos pequeños, medianos y grandes y la pésima distribución del IDH, como lo pueden comprobar departamentos que lo sufren como La Paz, por ejemplo.

    • Es cierto que los hidrocarburos no fueron nacionalizados. Hubo muertos bolivianos en las manifestaciones que pedían nacionalización, al final solo quedo una adecuación de los contratos con las transnacionales.

      ARTÍFICES DE LA BONANZA ECONÓMICA BOLIVIANA

      1. Gobierno del Sr. Mesa: lleva adelante un referéndum el 2004, que establece los siguientes puntos: la recuperación de la propiedad de los hidrocarburos en boca de pozo, refundación Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), y el impuesto y/o regalías a las empresas petroleras llegando al 50% del valor de la producción del gas.

      Este referéndum es la base de la bonanza económica.

      Algunos nombres de quienes se opusieron y quienes apoyaron a este referéndum:
      – Evo Morales, realizo campaña por el SI para las tres primeras preguntas y se opuso abiertamente a la 5ta. pregunta que establecía una impuesto del 50% de impuestos y/o regalías,
      – Felipe Quispe, se opone al referéndum, amenaza con quemar ánforas, argumenta que: “El gas es como una vaca lechera; nosotros queremos todo, no sólo de donde sale la leche”.
      – Zvonko Matkovic, de la Cainco de Santa Cruz, menciona que votara algunas preguntas con un SI y otras con un NO, tiene la idea firme de que el gas debe venderse para el bien del país, y no toma posición clara sobre el incremento de los impuestos y/o regalías.

      2. Ley 3058 de Hidrocarburos, 2005, firmado por: Hormando Vaca Diez Vaca Diez, Presidente H. Cámara de Senadores; Mario Cossio Cortez, Presidente Cámara de Diputados; Juan Luis Choque Armijo, Marcelo Aramayo Pérez, Erick Reyes Villa B, Ernesto Poope Murillo.

      Todos estos nombres son conocidos y mas de uno es adjetivado como neoliberal, vende patria, y otro términos.

      (+) Hormando Vaca Diez, hombre valiente, estadista y defensor de los intereses bolivianos, no dudo en aprobar esta ley.

      Esta ley establece: Regalías y Participaciones e Impuestos en un 18% y crea Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) por un 32%, sumados llegan al 50%. Asimismo recupera la propiedad de todos los hidrocarburos en Boca de Pozo para el Estado Boliviano. Y se refunda Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

      Si se revisa los nombres de los congresistas de ese entonces mas de uno tal vez se caiga de cabeza, esos hombre y mujeres fueron los que tuvieron la valentía de aprobar la ley que trajo bonanza a Bolivia.

      3. Gobierno del Sr. Morales, en base a los puntos 1 y 2 lineas arriba, crea el DS. 28701 donde estipula:
      “Se nacionalizan las  acciones  necesarias para que  YPFB  controle como  mínimo el 50% más   1   en   las   empresas…”  

      Asimismo este gobierno con muy buen acierto, negocio nuevos precios de venta de gas a Argentina y Brasil. De acuerdo a la Fundación Milenio el precio de venta al Brasil se multiplico por 3.0, y el precio de venta a Argentina se multiplico por 3.5, en el periodo 2002-2005 para ambos casos.

      CONCLUSIÓN
      El éxito de la bonanza económica, tiene varios actores, bolivianos que actuaron como estadistas. Se enfrentaron a presiones internas y externas del país, y al momento de decidir no les tembló la mano para tomar buenas decisiones.

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