Para no Ahogar en Sangre a un Continente

Un rostro sonriente, un dedo pulgar levantado. Si la imagen no mostrara a un par de soldados a diestra y siniestra del personaje, se podría confundir con una foto casual tomada por un teléfono celular a un hombre más bien joven sin ningún rasgo especialmente revelador, su nombre no interesa, es uno de los capos de uno de los carteles mexicanos de la droga. Ni él mismo recuerda a cuántas personas mató personalmente y a cuántas mando matar.

El ejército mexicano abate al líder de los Zetas, una de las organizaciones más poderosas del crimen organizado mexicano. A las pocas horas un “comando armado” secuestra su cadáver. Aún muerto es un símbolo. Lo han matado pero los secuestradores del cuerpo quieren dejar esa muerte en entredicho, o cuando menos demostrar que su poder no ha mermado.

Cabezas cortadas, asesinatos masivos, torturas y vejaciones de cuerpos, la guerra contra el narcotráfico aumenta la violencia y genera una sensación cada día más terrible de inermidad.

Pregunta en un pueblo cualquiera de México a un par de niños de 12 o 13 años ¿Qué quieres ser cuando seas grande”. Uno de ellos responde sin duda. “Sicario”.

Si alguna vez creímos que las películas de violencia cuentan historias inverosímiles sobre acciones de un sadismo y una brutalidad irreal, hoy sabemos que lo que ese cine muestra empalidece ante la violencia descarnada, ciega, inconmensurable en el horror de la realidad.

Digo México como hace unos años podría decir Colombia y como dentro de unos años espero no tener que decir Bolivia.

Este carrusel demencial en el que estamos inmersos los latinoamericanos, tiene sin duda en la inseguridad uno de sus principales caballitos. La rueda sigue girando y en cada vuelta trae más sangre. A medida que pasan los años, no solo contamos más víctimas de la violencia, sino que su expresión retrata niveles de insensibilidad y encallecimiento de todos. Quienes matan han perdido cualquier atisbo de humanidad, matan sin pestañear. Muchos le han encontrado el gusto generado por sus pulsiones más hondas.

Tras las balas y los machetes que siegan vidas está una inmensa montaña de dinero, en los carteles, en los capos de una estructura que ha tocado con su color de rojo intenso a los narcos grandes, pequeños y medianos, a traficantes de armas, a bancos, gobiernos, policías, ejércitos, organizaciones sociales, y por supuesto a consumidores que alimentan al monstruo todos los días y en todas partes. Estructuras gigantescas diseminadas por el mundo que no quieren o no pueden hacer nada para controlar de verdad esta plaga que nos ha penetrado hasta los tuétanos.

A la hora de la verdad, a la hora de las decisiones, la respuesta de las naciones más poderosas del mundo, particularmente Estados Unidos y Europa es: la guerra debe continuar, así como está, en los mismos términos del fracaso cotidiano, con las mismas personas poniendo el pecho a las balas. En los últimos treinta años, un continente, el nuestro, ha puesto la mayor cantidad de muertos en el mundo como producto de la guerra contra el narcotráfico, ha visto incrementarse hasta el delirio sus cifras de violencia directa y derivada de esta actividad. Ciudades como Caracas, San Salvador, Tegucigalpa , Ciudad Juárez, o Río de Janeiro, para mencionar unas pocas al azar, viven tragedias repetidas por cientos y por miles, tragedias que se entierran y se olvidan, porque no se puede vivir empapado en sangre toda la vida. Bolivia comienza ya a transitar peligrosamente por esa ruta con muertos en las calles por ajustes de cuentas, mafias crecientes y comunidades enteras penetradas por el delito.

¿Por qué razón tenemos que pagar este absurdo precio y seguir dando vueltas como ciegos sin lazarillo en este camino absurdo trazado por las naciones consumidoras de antaño (ahora el consumo es ya un problema en todas partes)?

La respuesta es muy sencilla, mientras Estados Unidos no modifique su estrategia, nada se podrá hacer. Una estrategia fallida, cargada de doble moral e hipocresía, alimentada por una burocracia que vive de ello y penetrada, como todos los países, pero en la dimensión de su gigantesco tamaño, por los problemas de corrupción, carteles de la droga (cuyos capos nunca aparecen), traficantes de armas, bancos lavadores y el largo etcétera de este poder apocalíptico.

No debemos descansar hasta lograr una modificación de esta política internacional que afecta de un modo tan  directo a América Latina. Es tiempo de que uno de los temas centrales de la comunidad de naciones del a región sea exigir con vehemencia un cambio radical en la dirección absurda de la lucha contra el narcotráfico.

Sí, de lo que estamos hablando es de comenzar el debate de la descriminalización, despenalización o legalización. Tres niveles distintos, tres respuestas distintas, debatibles y polémicas sin duda. Lo que no es debatible es continuar como estamos. La sangre amenaza con ahogarnos.

 

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5 pensamientos en “Para no Ahogar en Sangre a un Continente

  1. He querido compartir su artículo con algunos contactos en twitter interesados en la reforma de la guerra contra las drogas y me he permitido hacer un resumen traducido al inglés con dicho propósito. Muchas gracias
    Former President of #Bolivia Carlos D. Mesa expresses his opinion about #warondrugs (english version) http://bit.ly/PdebzO

  2. Tengo una teoría alternativa acerca del por qué una descriminalización, despenalización o legalización no funcionaría en Bolivia, al menos.

    Hace un tiempo escuché la misma pregunta del por qué nunca se atrapaba a ningún capo norteamericano, o del por qué el nivel de violencia no se comparaba al de México (aunque la estadísticas de la UNODC sobre las muertes relacionadas con drogas sí son comparables), y es que parece que se debe a que en realidad no hay capos, que lo que hay son muchas redes de traficantes ¨pequeñas¨. ¿Por qué son pequeñas éstas redes? Entre otras cosas podría ser porque existen muchas y muy variadas rutas de ingreso de las drogas que no podrían ser ¨administradas¨ por unas cuantas redes criminales y/o los costos serían muy elevados. Una gran red de traficantes bajo un solo mando sería proporcional a un mayor personal y con eso una mayor probabilidad de un infiltrado, soplón, interrogatorio, arresto, juicio y cárcel. Además que el capo de una gran red tendría más dificultad para lavar la proporcionalmente mayor cantidad de dinero –mayor probabilidad de ser descubierto y de ir a prisión. Siendo pequeñas estas redes no tendrían el poder suficiente contra la fuerzas del orden ni contra otras redes criminales como para librar una lucha similarmente violenta como la de México por acaparar zonas de distribución. Y que, las redes de distribución ya hacen mayor uso del anonimato que permite el internet y con los servicios de muchas pequeñas redes de transporte de paquetes legales pueden llegar a cualquier zona del país sin violencia.

    Redes pequeñas, menos poder, menos violencia.

    Ahora en Bolivia.

    Comenzando por el contrabando, ¿Por qué no produce una violencia comparable al que ya genera el narcotráfico? Creo, creo que parte de la respuesta es que hay muchas ¨pequeñas¨ redes de contrabandistas que fácilmeente cruzan las amplias fronteras. Siendo tantas redes de tantos distintos productos de todas las dimensiones y formas requerirían un enorme costo en organización y fuerza el tratar de acaparar la importación ilegal (por lo que es menos costoso corromper las instituciones). Pero suponiendo que se empezaran de nuevo todas las importaciones en manos de unas tres grandes redes de contrabandistas, la competencia sería fácilmente identificable entre ellos, tendrían más poder y una disputa entre poderosos traería violencia comparable a su poder.

    Además, no muchos recurren a la violencia si es que no pueden conseguir una dosis de ¨película en domingo desde una TV de contrabando.¨

    Ahora, en relación al narcotráfico en Bolivia. Comenzando por el marxismo-leninismo, pasando por el gobierno actual y por la tradición de las grandes redes de narcotraficantes mexicanos y colombianos (presencia de ambas redes en el país ya varias veces denunciadas), la concentración de poder es un objetivo. Aún si todo el llamado circuito de la coca-cocaína se legalizara quedarían las grandes y poderosas redes transnacionales de droga que continuarían compitiendo por el mercado. Aunque salieran a la luz los capos y su recursos financieros no creo que su influencia sobre las instituciones estatales –si alguna queda que merezca ese nombre– disminuya y todo lo contrario, su influencia aumentaría. Por eso y otras razones más, me parecería que las intervenciones a las pequeñas redes de droga de San German no son tanto un intento por recuperar la ¨soberanía¨ como un intento de conservar el poder de una red mayor. Si realmente desearan atrapar a los prospectos de capos nacionales podrían empezar por cruzar los datos del valor de las propiedades que poseen los afiliados a los sindicatos cocaleros con los ingresos que reportan o con el cálculo de cuánto genera un cato de coca al año e iniciar investigaciones sobre las grandes discrepancias.

    Creo que la legalización solo haría más difusa (y difícil de penalizar) la línea de la influencia de los grandes carteles de droga sobre los estados débiles y más corruptos. Para empezar ¿Cómo sería una elección política con recursos abiertamente provenientes del tráfico de drogas para las campañas?

    Por eso, no creo que una descriminalización, despenalización o legalización vaya a funcionar en disminuir la violencia. Por el lado de la adicción no imagino cómo no vaya a aumentar.

    ¿Es esta teoría razonable? ¿Estoy muy equivocado en algo?

  3. Tengo una teoría alternativa acerca del por qué una descriminalización, despenalización o legalización no funcionaría en Bolivia, al menos.

    Hace un tiempo escuché la misma pregunta del por qué nunca se atrapaba a ningún capo norteamericano, o del por qué el nivel de violencia no se comparaba al de México (aunque la estadísticas de la UNODC sobre las muertes relacionadas con drogas sí son comparables), y es que parece que se debe a que en realidad no hay capos, que lo que hay son muchas redes de traficantes ¨pequeñas¨. ¿Por qué son pequeñas éstas redes? Entre otras cosas podría ser porque existen muchas y muy variadas rutas de ingreso de las drogas que no podrían ser ¨administradas¨ por unas cuantas redes criminales y/o los costos serían muy elevados. Una gran red de traficantes bajo un solo mando sería proporcional a un mayor personal y con eso una mayor probabilidad de un infiltrado, soplón, interrogatorio, arresto, juicio y cárcel. Además que el capo de una gran red tendría más dificultad para lavar la proporcionalmente mayor cantidad de dinero –mayor probabilidad de ser descubierto y de ir a prisión. Siendo pequeñas estas redes no tendrían el poder suficiente contra la fuerzas del orden ni contra otras redes criminales como para librar una lucha similarmente violenta como la de México por acaparar zonas de distribución. Además que, las redes de distribución ya hacen mayor uso del anonimato que permite el internet y con los servicios de muchas pequeñas ¨redes de transporte de paquetes¨ legales pueden llegar a cualquier zona del país sin violencia.

    Redes pequeñas, menos poder, menos violencia.

    Ahora en Bolivia.

    Comenzando por el contrabando, ¿Por qué no produce una violencia comparable al que ya genera el narcotráfico? Creo, creo que parte de la respuesta es que hay muchas ¨pequeñas¨ redes de contrabandistas que fácilmeente cruzan las amplias fronteras. Siendo tantas redes de tantos distintos productos de todas las dimensiones y formas requerirían un enorme costo en organización y fuerza el tratar de acaparar la importación ilegal (por lo que es menos costoso corromper las instituciones). Pero suponiendo que se empezaran todas las importaciones en manos de unas tres grandes redes de contrabandistas, la competencia sería fácilmente identificable entre ellos, tendrían más poder y una disputa entre poderosos traería violencia comparable a su poder.

    Además, no muchos recurren a la violencia si es que no puede conseguir una dosis de ¨película en domingo desde una TV de contrabando¨.

    Ahora, en relación al narcotráfico en Bolivia. Comenzando por el marxismo-leninismo, pasando por el gobierno actual y por la tradición de las grandes redes de narcotraficantes mexicanos y colombianos (presencia de ambas redes en el país ya varias veces denunciadas), la concentración de poder es un objetivo. Aún si todo el llamado circuito de la coca-cocaína se legalizara quedarían las grandes y poderosas redes transnacionales de droga que continuarían compitiendo por el mercado. Aunque salieran a la luz los capos y su recursos financieros no creo que su influencia sobre las instituciones estatales –si alguna queda que merezca ese nombre– disminuya y todo lo contrario, su influencia aumentaría. Por eso y otras razones más, me parecería que las intervenciones a las pequeñas redes de droga de San German no son tanto un intento por recuperar la ¨soberanía¨ como un intento de conservar el poder de una red mayor. Si realmente desearan atrapar a los prospectos de capos nacionales podrían empezar por cruzar los datos del valor de las propiedades que poseen los afiliados a los sindicatos cocaleros con los ingresos que reportan o con el cálculo de cuánto genera un cato de coca al año e iniciar investigaciones sobre las grandes discrepancias.

    Creo que la legalización solo haría más difusa (y difícil de penalizar) la línea de la influencia de los grandes carteles de droga sobre los estados débiles y más corruptos. Para empezar ¿Cómo sería una elección política con recursos abiertamente provenientes del tráfico de drogas para las campañas?

    Por eso, no creo que una descriminalización, despenalización o legalización vaya a funcionar en disminuir la violencia. Por el lado de la adicción no imagino cómo no vaya a aumentar.

    ¿Es esta teoría razonable? ¿Estoy muy equivocado en algo?

      • Muy interesante los análisis de ambos, sin duda es un tema que se tiene que analizar los más pronto posible y buscar soluciones.

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