Sintiendo a Maradona

Carlos D. Mesa Gisbert

El héroe sentía, desde su pequeño tamaño de niño ilusionado, la magia que -imperceptible- nacía de sus pies. Era un “cebollita”, era un pibe de Villa Fiorito que soñaba con vestir algún día la casaca albiceleste y -a ser posible- ser campeón del mundo.

Maradona fue el más grande porque se hizo mito, porque junto al Che y a Evita se instaló en un panteón tan argentino como sus propias contradicciones, las de su increíble país, el de Borges y el de Perón.

Alguna vez se discutió apasionadamente si era él o Pelé. Si el 10 era o no el número uno. Hoy, el debate suena absurdo. Ha muerto Diego Armando Maradona, el hombre trágico y apasionado, el que tatuó de forma indeleble al deporte y al espectáculo más importante de este mundo.

Maradona tenía muchas pulsiones, las que acabaron por matarlo de a poco, pero había algo en él que retrataba a la gente, que era la gente. Una voz desafiante, una provocación todos los días. En el sueño embotado de la cocaína, en la mano pícara que  bautizó como la de Dios, en las frases cargadas de intención… estaba la gente. Está y estará la gente 

Lo mismo daba un abrigo de marta cibelina y un arete de diamante que la reivindicación de los pobres. Qué mayor orgullo puede tener un cabecita negra que ver a Diego, el de Villa Fiorito, paseando sus excesos frente a los ricos y famosos inclinados a sus pies.

Decía tonterías, sí, muchas veces. Se alineó e una vereda ideológica por pura intuición,  por pura entraña ¿Importa?

Se fue consumiendo como un fuego intenso que había ardido con el brillo de la copa de oro levantada en ese día esplendoroso de 1986 en la ciudad de México. Allí, en ese instante llegó a la cima. Su rostro joven, pletórico, inigualable, no volvería a repetirse, salvo quizás en el San Paolo de Nápoles cuando se puso a ese equipo pequeño del sur en el hombro y le prendió el scudetto en el pecho, en las narices del poderoso y despiadado norte de la Italia apoltronada.

Diego fue más que fútbol, mucho más, pero fue también su esencia. ¿Otra vez? ¿Pelé? ¿Di Stefano? ¿Cruyff? ¿Messi?… El mito está más allá de esas preguntas, es inalcanzable y es de todos. Este mito, Diego, está en el abismo, solitario, cargado del deseo que nunca se sacia, aplastado por su desesperada carrera por la vida, una vida que gambeteó siempre -a sabiendas- a la muerte, hasta que ésta en el momento exacto, cuando ya todo estaba dado, lo frenó, le quitó la pelota y lo llevó consigo.

El más grande está en la destartalada cama de un oscuro departamento en cualquier lugar de Buenos Aires. Así, en posición fetal, sorprendido por la policía completamente drogado. El sendero de la inmortalidad lo construyó frente a Inglaterra y comenzó en el círculo central. Diego vestía una brillante camiseta azul, tenía alas en las piernas, hizo los quiebres de cintura exactos, el balón fue entonces y para siempre suyo. Esa carrera, la de ese día es -de algún modo- infinita, es como un bucle que se repite y nunca se agota, es el arte mayor que el genio le dio al fútbol. Ese gol es el gol esperado desde tiempos inmemoriales. No está siquiera asustado, está rendido a la evidencia, necesita la cocaína para seguir, así lo encontraron y así transitó después del fútbol, como en un juego macabro.

Exprimió la vida. Habló con sorna y claridad pinchando a sus enemigos -tuvo tantos- hasta que comenzó a apagarse y las palabras se le enredaron y las dudas crecieron, hasta que los sonidos de su boca se hicieron ininteligibles.

¿Merece Maradona ser adorado así? Por alguna ignorada razón, su imagen, el caleidoscopio de lo que fue a lo largo de 60 años, genera esa conexión que como dice la barra brava, “¡si no la sientes, no la entiendes!”.

Claro que fue más que Pelé y Di Stefano y Cruyff y Messi. Fue el guerrero de mil batallas definitivas y otras tantas absurdas. Apareció tantas veces en las primeras planas que retrataban su varita mágica con la pelota, y en las de la canalla amarilla del peor periodismo. Fue el ejemplo de lo que millones quisieron ser y la sombra amarga de lo que millones padecieron ser. Nunca quiso ser ejemplo de nada, lo fue de muchas cosas, unas en las antípodas de otras.

Maradona es un ser de otro planeta, de ese planeta incomprensible, vedado a la razón y a la reflexión intelectual. Fue pura vida, fue siempre muerte acechando. Fue la paradoja. Es quizás por eso que su desaparición nos provoca unas lágrimas.

Sería absurdo sacar conclusiones morales, quizás tocaría en una relato de Esopo, no aquí. ¡Maradoooo!, ¡Maradooo!, ¡Maradooo! Tantas veces he pensado que el gran jugador poco tenía que ver con aquello que yo creía que debía transmitir. Hoy me doy cuenta de que fue un grande no por la razón, sino por la inmensa sinrazón del héroe cuya cara pintada en una gigantesca bandera albiceleste, en la plenitud de su gloria, mira para siempre hacia el cielo. Finalmente, allí está la Tota, la que le dio la vida, una de las más increíbles de esta centuria. 

4 pensamientos en “Sintiendo a Maradona

  1. Claramente retratado. Hubo el Maradona futbolista que causo admiración, pero su vida posterior fue una serie de deshaciertos, causados tal vez por una bipolaridad no entendida. Pero logró quedarse como idolo de Argentina y Nápoles, y mas allá.

  2. Se ha dicho mucho o casi todo sobre Diego Armando Maradona tras la muerte del astro argentino, pero me parece que el más acertado y por eso lo quiero resaltar es lo que mencionó su hermano Hugo que pidió se lo recuerde “por todo lo que dejó en la cancha”. Es ahí donde se hizo grande y arrastró a las masas por ese deporte en cualquier rincón del mundo. Fuera de ahí, protagonizó las peores miserias de cualquier persona a causa fundamentalmente de las DROGAS.

    Diego Armando Maradona puso todo de su parte para llegar tan alto a la cima del Futbol incluido su mano tocando casi el cielo, pero también puso todo de su parte para llegar a los infiernos llegando incluso al maltrato y violencia machista. Puso todo de su parte para ser famoso de joven y puso de su parte para morir tan joven a causa fundamentalmente de las DROGAS.

    Toda muerte es dolorosa y siempre hay que tener respeto por el vacío que deja a la familia. Es a su familia que va mis sinceras condolencias y hago extensivo a todos los aficionados de Argentina y el resto del mundo que gracias a sus jugadas han sido o han tenido momentos de FELICIDAD. Reitero las palabras de su hermano Hugo que pidió se lo recuerde “por todo lo que dejó en la cancha”. Nos ha dejado Diego Armando Maradona a causa fundamentalmente de las DROGAS. #DESPIERTABOLIVIA.

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