La Ilusión de la Diversificación Económica

soya

Publicada el 6 de abril de 2013 en Página Siete, Los Tiempos, Correo del Sur y El Potosí

La estructura productiva de Bolivia se mantiene inalterable desde el comienzo de la década de los años noventa cuando el dominio de las llamadas exportaciones tradicionales, gas y minerales, fue “cruzado” por la aparición fulgurante de producción agroindustrial que se transformó en una opción muy importante para romper el círculo de hierro de materias primas no renovables, ligadas al nacimiento mismo de Bolivia como Nación.

De ese modo la torta exportadora se dividió en tres partes: gas, minerales y agroindustria, aunque en una línea de desarrollo errática y sujeta a factores externos más que a políticas y estrategia internas.

Plata, estaño y gas fueron los recursos dominantes de nuestra historia económica. En el siglo XIX y primer tercio del siglo XX, complementaron a esas tres materias primas la quina, el guano, el salitre y la goma, y de modo transversal en  todo el transcurso de nuestro pasado y presente, como un recurso paradójico pero crucial, la coca.

Cuando en 1999 las llamadas exportaciones no tradicionales basadas fundamentalmente en la soya y sus derivados, tanto en bruto como con importante valor agregado (aceites), ¡representaron casi el 55% de nuestras exportaciones totales!, parecía que se abría un nuevo escenario de futuro que comenzaba a hacer realidad la idea de la diversificación que promovió el Plan Bohan en 1942 y el MNR en la segunda mitad de los cincuenta.

A la soya se habían añadido, por ejemplo, productos forestales, madera en bruto y madera tratada, joyería en oro, pieles en bruto y tratadas, castaña, y un conjunto de otros bienes que abrían una muy interesante perspectiva al comercio exterior boliviano. El paso de los años sin embargo, deslavó esa esperanza de transformación de nuestra matriz productiva. Dos fueron las razones esenciales. La primera, la revolución del gas. Antes de la capitalización las reservas probadas de Bolivia rondaban lo 5 tcfs (trillones de pies cúbicos). Las inversiones internacionales en el periodo 1996-2000 nos llevaron al “paraíso”. En 2002 Se dijo que teníamos  27 tcfs de reservas probadas y 25 tcfs de reservas posibles. Un mar de gas. Se construyó el gasoducto al Brasil y en 1999 comenzamos las exportaciones a ese país que fueron el corazón del crecimiento de nuestros ingresos en la última década. La segunda, el alza espectacular de los precios internacionales de las materias primas a partir del año 2005. Esa alza volvió a impulsar la importancia de los minerales que venían en caída sostenida desde la crisis del estaño de 1985. Si en 1980 equivalían al 62% de las exportaciones, en 2005 eran apenas el 19%. Pero a partir del nuevo escenario mundial los minerales volvieron a jugar un rol protagónico.

El panorama en 2012 es muy diferente. El gas representa cerca de la mitad de las exportaciones, los minerales un tercio y los productos “no tradicionales”, apenas el 19%. La tercera parte de lo que eran hace quince años. El boom de los precios también ha beneficiado a la agroindustria, pero ha vuelto a distorsionar la composición de nuestros ingresos de divisas. En 2011 exportamos casi 700 millones de dólares en soya y sus derivados, casi 150 millones en castaña, más de 100 millones en torta y aceites de girasol, 65 millones en quinua y más de 25 millones en café, para mencionar los productos agroindustriales más relevantes. Pero en el otro extremo las exportaciones de gas fueron de más de 4.100 millones, y las de minerales sumaron casi 3.300 millones.

Para el futuro los precios de los hidrocarburos mantendrán la tendencia y no se prevén bajas, pero hay tres aspectos preocupantes. El primero tiene que ver con la importación de productos en los que somos deficitarios y la subvención de precios que alcanza fácilmente la cifra de 1.500 millones de dólares. El segundo, que el gas (por la aparición del shale gas) es ya una materia prima transable en el mercado internacional, su precio no se fijará más con base a una “canasta de combustibles” como ahora, lo que determinará un precio real muy por debajo del promedio de 9-11 dólares por millar de pies cúbicos que nos pagan Argentina y Brasil. El tercero es que el “paraíso” no existe. Las reservas actuales probadas son de 8,2 tcfs. Las inversiones en el rubro son más que urgentes. En cuanto a los minerales, los precios tienden a una ligera baja, no dramática aún, pero que es un llamado de atención para el sector.

Los precios de los alimentos, en cambio, tienden al alza y eso hace pensar que allí está un escenario interesante. Los problemas: nuestra competitividad, el horizonte contradictorio de una frontera agrícola en el límite, y el desafío de una inversión masiva para aumentar exportación de productos como la quinua.

Sea como fuere, la ilusión de la diversificación, que en los noventa parecía una realidad, esta de nuevo hoy en entredicho.

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6 pensamientos en “La Ilusión de la Diversificación Económica

  1. Hay mentiras, mentiras malditas y estadísticas. Ya por buen rato, el MAS ha estado vendiendo el argumento que la economía boliviana pasa por su mejor momento y que estamos dando vuelta a la lucha contra la pobreza. Sin embargo, si ponemos bajo la lupa sus dichos y entre dichos, la realidad es otra. El Sr. Mesa nos describe apenas la punta del iceberg ya que la situación es muchísimo mas deplorable.
    Si bien es verdad que los sectores tradicionales nuevamente son los principales motores de nuestra economía, la cosa se pone más deprimente si hacemos un análisis más profundo. Por ejemplo, explotación sin inversión significa que en el periodo no hemos aumentado nuestro nivel de reservas (ya sea de gas o minerales) lo cual significa que estamos manejando el coche a toda velocidad pero sin llenar el tanque. Lo que significa que estamos quedando cada vez peor parados en el corto plazo. Preguntémonos cuantos años más tenemos de exportación y consumo de gas natural?
    Los niveles de productividad, gracias a la nacionalización y el empeño del gobierno de contratar empleados sin desmedro, han ido cuesta abajo. Es decir, ceteris paribus, estamos perdiendo competitividad y no nos debería extrañar que en un futuro se repita la crisis del estaño donde no pudimos competir contra Asia. Si bien el valor de exportación de minerales ha aumentado, el nivel de productividad ha disminuido. La cosa es más deprimente si tomamos en cuenta la irracional explotación de cooperativistas, quienes ni siquiera pagan impuestos, pero bloquearan y reclamaran beneficios cuando la música deje de tocar.
    Respecto al gas, el mundo ya sabe que el gas natural no convencional es abundante y la tecnología presente hace que su explotación se económica. Todavía existe el problema de que son mercados cautivos (ya que su transportación no es tan sencilla) pero a mediano plazo veremos un cambio total en la geopolítica petrolera. Estados Unidos pronto producirá más hidrocarburos que Arabia Saudita, y habrá muchos países (inclusive de la OPEC) para los cuales sus costos de producción serán más elevados que el precio de mercado. Incluso hoy, hay varios países petroleros que se encuentran en problemas por que el precio no alcanza para balancear sus presupuestos. En este mediano plazo, podemos ver energía barata y una abundancia de combustible, un mal agüero para el MAS. El círculo energético ahora no es nada más que un espejismo lejano e imposible.
    Volviendo al tema central, en mi criterio, el peor daño que hemos sufrido, mas allá del resurgimiento de los sectores tradicionales, es que ahora el porcentaje de personas que dependen del gobierno esta en un nivel altísimo. No solo se han nacionalizado estas industrias, sino que los recursos generados por ellas han sido utilizados para nacionalizar aun mas empresas y peor todavía para crear rentas y bonos, creando así un circulo vicioso. Cui bono? Los gobernantes de turno que ahora han profundizado su control sobre el poder económico del país. Peor todavía, ahora mas que nunca si alguien quiere un trabajo o abrir una empresa, el gobierno es quien controla todo.
    Otro daño, aunque más sutil pero más enraizado y perverso es que se profundiza la creencia boliviana que nuestros recursos naturales son la clave de nuestro futuro. (ver http://sites.temple.edu/bkohl/files/2012/07/K-F-PG-2012-soc-move-nat-res-5-121.pdf). Ahora mas que nunca la población esta convencida que somos el ombligo del mundo y que en la explotación de nuestros recursos esta la llave de nuestro futuro. Esta es la mas grande tragedia, ya que la solución de nuestros problemas no es apostar a un boleto de la lotería (como lo que es el litio) si no apostar a trabajar honestamente y apostar a la libertad individual ( y sin censura)

  2. Muy buenas apreciaciones. Acertados puntos de vista. Yo agrego que también hemos perdido el norte en la cuestión de lo que significa el trabajo intrínseco. Hoy por hoy el pueblo está lleno de trabajadores que se sienten genuinamente explotados cuando realizan cualquier labor para otra persona o para el gobierno mismo. Miden muchísimo la cantidad y calidad de su fuerza de trabajo y piensan que no hay monto de dinero que sea suficiente para pagar por sus servicios.

    Por tanto si trabajan en el gobierno, se sienten con derecho a robarse todo lo que pueden, desde hojas de papel, hasta grandes montos que puedan desviar de algún modo. Si trabajan de modo particular, no tienen ningún respeto para sus compañeros de trabajo, que consideran “tontos” por querer conservar un trabajo, y peor aun, tampoco respetan a quienes les pagan, por considerarlos gente abusiva, explotadora, que no merece que ellos den nada de si mismos.

    Esta situación hace que cada vez más gente intente trabajar sola, independiente. Como no tienen capital, ni educación, ni quieren realmente trabajar sino cobrar algo por casi nada, no les va bien y cierran estas iniciativas económicas. Entonces, esa tasa de desempleo que nos muestra el gobierno, que incluye a los trabajadores independientes como personas con empleo, es un fantasma.

    La otra perversidad, tal vez la más grande, está dada por la imposibilidad de tener un ministerio de trabajo que ampare al trabajador, pues se ha convertido en juez y parte de los problemas laborales. Me explico. Como el gobierno es dueño del 70% de los puestos de trabajo, si los trabajadores son obligados a pagar 10% de su sueldo cada mes para mantener al gobierno, y sus trabajos son considerados bienes de intercambio y uso, que deben devolver a los tres meses para que otro amigo del gobierno usufructúe también de ese puesto, no puede quejarse a nadie porque el ministerio del trabajo es parte de los jefes que los contratan.

    Así las cosas, el trabajo no se considera una forma de preservar la vida, como básicamente por leyes físicas es. En vez, se considera que el trabajo es solamente una forma de conseguir dinero fácil, sin trabajar realmente, sino haciendo como que se trabaja. Así las cosas, mientras los que realmente trabajamos no hagamos escuchar nuestra opinión, no habrá ningun cambio. Jamás saldremos del último penoso lugar en el índice de desarrollo del cono sur.

    Sin embargo, hay esperanza. Los Buenos Bolivianos somos muchos. Millones. Y ya hemos hecho escuchar nuestra voz en las elecciones judiciales, votando y cuidando nuestro voto. Que el gobierno todopoderoso no nos haya escuchado, es una muestra de que en las próximas elecciones, tenemos que hacer aun mejores cosas. Vamos a votar contra el gobierno todos y todas, arrasando para que el fraude que ya se ve venir, no tenga mucho efecto. La pauperización del trabajo, nos está pidiendo a gritos que actuemos así. Solo aquellos que trabajan a conciencia y de buena forma, que se educan y que dejan a un lado la procacidad, viven realmente mejor, y cuidan la vida como principio elemental.

    Somos millones de buenos trabajadores, que ya pronto nos haremos visibles.

  3. La primera frase del artículo dice: “La estructura productiva de Bolivia se mantiene inalterable”.
    Y el artículo argumenta con una sintética revisión histórica de los cambios que se producieron en la economía.
    Sin embargo, no será también pertinente preguntarse: ¿Por qué la estructura productiva se mantine inalterable? La respuesta no es sencilla; cuando no se quiere ser simplista y franco vis-à-vis de nuestra propia realidad.
    Los factores son varios (políticos, tecnológicos, geográficos, demográficos, culturales, integración interna y exterior). Hay quienes ven un factor determinate, sobre los otros. Hay otros que entienden que son el cúmulo de factores que no modifican la situación.
    ¡Hasta ahí la interpretación!
    Ahora bien, en la práctica, el Estado (léase bien Estado, no el gobierno), quien es responsable de regular y desarrollar la economía, es impotente para romper el círculo vicioso. El Estado boliviano es débil, no sabe cultivar recursos intelectuales para crear riqueza de manera sostenible, para redistribuirla entre sus ciudadanos; para que estos a su vez generen riqueza de manera privada y responsable (legal y sujeta a regimenes impositivos).

    Un otro factor económico que se añade a la economía boliviana, como recurso extraordinario, son las remesas de quienes emigraron, y que forma parte de una subvención con que cuenta el Estado. Dicho entre parentesis, la emigración es otra prueba de que la estructura económica de Bolivia se mantiene inalterable.

    • Definición Wikipedia: “El gobierno no es lo mismo que el Estado, está vinculado a éste por el elemento poder. El gobierno pasa, cambia y se transforma, mientras que el Estado permanece idéntico. En ese sentido, el gobierno es el conjunto de los órganos directores de un Estado a través del cual se expresa el poder estatal, por medio del orden jurídico. Puede ser analizado desde tres puntos de vista: según sus actores, como un conjunto de funciones, o por sus instituciones.” Por tanto los que trabajan en el gobierno, tienen el DEBER de administrar bien y romper ese círculo vicioso. No vale hacerse los del otro viernes, jeje.

  4. Carlos pone en el tapete un tema que tiene un largo debate. Un país que vive de la explotación de los recursos naturales corre el riesgo de contraer la famosa “enfermedad holandesa”, es un tema que es abordado muchas veces por los analistas económicos, entre ellos Gonzalo Chávez de MpD, quien explica que este mal, también llamado “síndrome holandés”, es un término acuñado en economía para identificar las consecuencias negativas que sufre un país cuando experimenta un crecimiento inesperado en sus ingresos en divisas por la explotación de recursos naturales.
    Los analistas señalan que este mal viene cuando al país empieza a ingresar grandes cantidades de dinero (dólares) como producto de las exportaciones de recursos naturales. Un resultado negativo e inmediato es la revalorización o apreciación del boliviano (moneda local), aspecto que afecta a la competitividad de la industria nacional.
    Un fenómeno económico que se muestra en los indicadores económicos es que cuando suben los ingresos por la explotación de recursos naturales no renovables (gas y minerales), disminuye en forma paulatina el crecimiento de la industria nacional (valor agregado). A la inversa, cuando en el país disminuye la explotación de materias primas, sube la producción manufacturera.
    El tema que se aborda hoy es tremendamente importante, porque con el auge del gas y la minería, estamos viviendo un especie de boom económico momentáneo, coyuntural, que corre el peligro de caerse en cualquier momento. Ya lo estamos viviendo con los minerales, cuyos precios han empezado a disminuir. Vean ustedes lo que ocurre en Venezuela, nación que percibe millones de dólares por la exportación de petróleo y su industria está por los suelos. Por ello, tienen que importar gran parte de sus productos de consumo básico.
    Bolivia necesita a gritos elaborar un plan de inversiones para aumentar la productividad. El proyecto de ley de inversiones que propone el Ejecutivo parece estar destinado más a ahuyentar al inversionista que a atraerlo.

    • Cierto. A nivel de economía continental, nos hemos conformado con las migajas que ha soltado un gobierno que tiene más plata que nunca en la historia. Es muy irresponsable, por decir lo mínimo, haber ahuyentado así las inversiones, no haber perforado ni un solo pozo más, y que tampoco exista diversificación. De nuevo, nunca saldremos del último lugar si no comenzamos a tomar decisiones claves. La primera decisión clave pasa por un cambio urgente de gobierno. Para eso la política económica que nos presente la oposición debe ser tan atractiva, que nadie pueda negarle sus votos.

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