Tres Grandes Aplazos

Publicada en Página Siete y Los Tiempos el 27 de mayo de 2012

Enzarzados como estamos en el inmediatismo, en la pelea cuerpo a cuerpo del día a día, reparamos poco en las cuestiones de fondo, en la mirada del horizonte que parece haberse borrado. No, no se ha borrado, lo tapa el polvo de la mezquina reyerta callejera.

En 2013 se cumplirá una década de una de las más graves crisis de Estado que hayamos vivido en el último siglo. Tiempo razonable para constatar algunas evidencias.

Nuestro mayor aplazo en este periodo ha sido la palmaria incapacidad por restaurar el pacto entre Estado y sociedad, para fundar un nuevo acuerdo entre los ciudadanos que nos permita superar una de las constantes más perniciosas de nuestro comportamiento colectivo, el de la anomia, algo peor que el desorden, la imposibilidad de funcionar de manera organizada impulsados por objetivos que justifiquen y den sentido a nuestra vida en común.

El descalabro global del 2003, a la vez que un momento dramático de profundas consecuencias, fue una oportunidad. No quedaba otro camino que la construcción de un nuevo edificio. Así lo entendimos y esa fue la base para las propuestas de un programa nacional que hicimos desde el gobierno, uno de cuyos pilares fundamentales era la Asamblea Constituyente.

Pero la lectura que se hizo fue la de resolver la cuestión como si se tratase de un accidente y no de un problema estructural, y sobre todo fue para quienes lograron el poder de modo legítimo –el de las urnas- en 2006, un elemento complementario, no sustantivo. El proyecto histórico del MAS no se fundó en la construcción de un pacto, sino en la imposición de un proyecto que por muy mayoritario que fuese, no comprendió que la base de su éxito dependía de cuán propio lo sintieran los bolivianos. Tampoco la oposición comprendió la verdadera naturaleza de lo que estaba en juego. La riña, amparada en espurios intereses de grupo, nubló la visión de quienes asumieron, que el eje de la batalla se centra en vencer a Morales.

El segundo aplazo tiene que ver con el proyecto de largo aliento que intentó trazar el gobierno. Un proyecto que terminó capturado en los símbolos y en acciones de gestión que solo fueron emblemas (las nacionalizaciones). La bandera más que justa de la inclusión, el desplazamiento de los ejes del poder, la visibilización sin matices de la centralidad indígena y la idea de traducir eso en un cambio tectónico de la forma del Estado, incorporando las naciones dentro de la Nación, fueron motores de extraordinaria fuerza y adhesión emocional, pero no podían transformarse en un fin porque eran a todas luces el final de un camino que se había iniciado en 1952, seguido sin desmayo tanto en dictadura como en democracia. Cuando los símbolos se instalaron en el subconsciente colectivo y cuando fue verdad que nuestra Constitución y los hechos (movilidad social, nuevas elites de poder económico y político) habían finalmente colocado a todos en el punto de partida en el que siempre debieron estar, el fuelle de impulso del gobierno se debilitó hasta perder el norte.

El tercer aplazo tiene que ver con la economía. Paradójicamente, el gobierno llevó adelante una rigurosa y neoclásica política macroeconómica, con muy buenos resultados para el país, mientras en el lado del diseño de una estrategia de diversificación productiva, de incorporación de valor agregado, de desarrollo de proyectos de industrialización y, sobre todo, de fabricar un colchón para un aterrizaje suave para el después de una bonanza sin precedentes históricos, cuyo final comienza a perfilarse en el horizonte, no se avanzó prácticamente nada, o se retrocedió bajo la losa de la total falta de capacidad de gestión y proyecto económico serio.

No se trata de cargar la responsabilidad exclusivamente sobre el gobierno. Hemos llegado a un punto en que la cuestión Morales se ha convertido en una enfermedad que produce fuerte miopía o ceguera total. La cantaleta de la necesidad imperiosa de la “unidad de la oposición”, deja de lado las preguntas que valen. Y eso se ve en ambos bandos. ¿Cuál es la propuesta de futuro? Sobre constataciones como el fin de la exclusión, la discriminación y el racismo, la realidad de los derechos indígenas y la de una Bolivia autonómica (que aún no funciona como tal) ¿Cómo se integra Bolivia en el escenario internacional? ¿Nuestra matriz productiva funciona en el contexto global? ¿Qué haremos para salir del pozo educativo de desastre en el que estamos? ¿Es realista el discurso de salud para todos que aparece nominalmente en Constitución y leyes? ¿Si las autonomías funcionan a plenitud, seremos capaces de mantener la unidad y la racionalidad de solidaridad y compensación entre regiones ricas y pobres? ¿El imaginario de las naciones indígenas, sus autonomías y su justicia puede incorporarse de manera equilibrada, tolerante y razonable a la estructura republicana clásica que aún pervive en el Estado?

Son aplazos muy graves y desafíos muy grandes como para seguir en la reyerta absurda, que además nos desgasta y tiene gravemente enferma a nuestra sociedad.

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6 pensamientos en “Tres Grandes Aplazos

  1. Sr. Mesa debería dejar de enfrentar al todo (Estado) con una de sus partes (sociedad).

    Este error de enfrentar al Estado con la sociedad, es un vano y superado intento por analogizar el inexistente “enfrentamiento” que algunos hallan entre “dominantes y dominados” (propio de tendencias trasnochadas). Cuando en realidad tal relación (de “enfrentamiento”) ya no existe desde que se instituyeron los regímenes constitucionales que, precisamente, fueron los que se crearon para exterminar tal relación; es decir la del USO ARBITRARIO DEL PODER del dominante con respecto al dominado, y con ella a sus falsos y trasnochados teóricos.

    Asimismo no le debería sorprender que quienes reaccionaron ante situaciones, como si estas hubiesen sido “accidentales”, lo hacen justamente porque algo debe haber en sus (inadvertidos) subconscientes que les motiva a reaccionar de tal forma. No es casual. No se vuelva a olvidar o a tratar de eludir que el “Octubre Negro” de 2003 implicó e implicará ser un evento INCONSTITUCIONAL, eh ahí la respuesta a muchas cuestiones.

    • El error no es enfrentar al estado con la sociedad, el error es la miopía de exacerbados chovinistas como usted la demuestra, en una lógica casi erudita (utilizada siempre como propaganda de un instrumento político) de que la revolución social a cambiado el estado para acercarlo a la sociedad.
      Lamentablemente no es verdad, pero tampoco una mentira absoluta, es nada mas que el cambio de poder a una nueva oligarquía de aquellos que nunca fueron capaces de estudiar pero si de hacer política.
      Lo peor de todo es que ahora no existe mas la libertad de palabra, de aquellos dominados actuales que sin mas están siendo callados por los “movimientos sociales” que no son otra cosa que servidores de un instrumento tan podrido como los gobiernos neo liberales de épocas anteriores.

      • ¿Cuándo he afirmado, “que la revolución social a cambiado el estado para acercarlo a la sociedad”?

        No habrás creído que, cuando afirmo que se instituyeron los regímenes constitucionales para exterminar la trasnochada relación entre “dominantes y dominados”, quiera decir que “el Estado se ha acercado a la sociedad”. Deberías, para empezar, saber distinguir entre régimen constitucional y revolución.

      • La diferencia la conozco y redundaría en explicarla, no voy a gastar energía en agredirme contra un déspota con visión absolutista del estado.

      • Aprende la diferencia y auto-invitate a huir de nuevo…

  2. Es una buena sistematizacion de lo que nos está pasando, y estoy de acuerdo en los 3 aplazos. Sin embargo, como ex presidente que no solo merece mi respeto, sino mi especial cariño porque durante años compartimos mucha de tus ideas a través de la tele (eras un integrante más de nuestra mesa familiar), quiero pedirte algo: Danos un norte. Danos fe. Danos unidad. Prestanos un poco de tu sapiencia, unite a nosotros los ciudadanos de a pie, y sobre todo, RECONOCE que hemos hecho historia como ciudadanos al haber levantado nuestra voz ya en tres oportunidades: 1)Cuando nos opusimos al gasolinazo (a pesar de la gran amenaza gubernamental que nos hacía temer decir una sola palabra en contra del masismo) 2) Cuando recibimos a los indígenas del TIPNIS en La Paz (que en realidad, se los recibía en cada hogar bolivianos, incluyendo làgrimas en los ojos, hasta el más alejado rincón patrio) recuperando así nuestro Orgullo Boliviano. y 3) Cuando a pesar de la enorme y fabulosa propaganda mediática gubernamental, votamos NULO y blanco en un 72% en las elecciones de magistrados.

    Que el gobierno no lo quiera ver, que esté ciego de conveniencia es una cosa, pero que los grandes políticos como tú no lo incluyan en su agenda diaria como un hecho insoslayable, sería una pena y una gran pérdida nacional. Por eso insisto, vuelvo al trillo, te desafío: ¿Dónde carambas estamos los ciudadanos en tu visión de país? Incluínos pues!

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