Mamerto Oyola y el Club de la Igualdad

Publicada en Página Siete y Los Tiempos el 25 de marzo de 2012

El desarrollo de las ideas sociales en Bolivia en la segunda mitad del siglo XIX, puso en evidencia el testimonio de una sociedad que estaba menos aislada de lo que se podría pensar, de las corrientes de pensamiento universales de la época. No es menos relevante el hecho de que los atisbos del socialismo utópico y su contraparte conservadora tuvieran una extraordinaria fuerza en Santa Cruz.

Cuando en 1873 el periódico cruceño El Eco retrataba los planteamientos del “Club de la Igualdad” nacido en esos años, lo que estaba proponiendo era una respuesta a dos desafíos; el secante poder central de La Paz, respondido desde una ciudad del oriente y la afirmación de algunas de las premisas más seductoras en torno a la búsqueda de justicia y felicidad entre los ciudadanos. La publicación que se autocalificaba como “del Pueblo y para el Pueblo”, incorporaba reivindicaciones de horizontalidad en las relaciones entre las personas y en la vinculación de estas con el Estado.

Irónicamente, el debate del Club sobre la candidatura que debía apoyarse para la presidencia en 1875, se decantó por la figura de Daza y no por la de José María Santivañez o la de Casimiro Corral que era, sin duda, el político más avanzado de la época, brazo derecho de Agustín Morales en su gobierno, y uno de los gestores de una reparación al proceso de expoliación de las tierras de comunidad que había iniciado el gobierno de Melgarejo. En el Club había, sin embargo, un importante núcleo que apoyaba a Corral. Finalmente el liderazgo férreo de Melquíades Barbery ganó la disputa y, sobre las premisa de que fuese uno u otro el Presidente poco o nada cambiaría, Daza fue el escogido.

Lo importante, sin embargo, es destacar la bullente dinámica de esa organización que contaba con más de medio millar de personas que participaban expresando su opinión a través del voto. Era más que evidente que los igualitarios, entre los que pronto descolló Andrés Ibáñez, dominaban nítidamente la política cruceña con un gran respaldo y, lo más importante, lo hacían desde la perspectiva de la defensa de “lo plebleyo”, lo que sacaba no poca roncha en las elites de la ciudad que no veía con buenos ojos un movimiento que buscaba sentar las bases de un socialismo idealizado, y que acabó haciéndose de facto con el poder prefectural. Todos conocen el ascenso y la caída dramática y brutal de Andrés Ibañez, fusilado después de siete meses de controlar el poder en la región y levantar las banderas del federalismo.

La antítesis de los igualitarios se halla en un pensador cruceño, Mamerto Oyola Cuellar, que formuló sus ideas en un libro que ha quedado en el olvido y que –lo subraya Francovich- es uno de los autores más serios de la filosofía en Bolivia. La Razón Universal (Barcelona 1898) es la obra en cuestión. Pasando por alto lo que Guillermo Lora califica como un intento equivocado de hacer filosofía en tono de prosa poética, Oyola busca conjugar la idea de la razón kantiana, enfrentando a Hegel y Spinoza. Al fin, esa razón universal suprema no es otra cosa, escribe, que la expresión de Dios en la construcción de un orden lógico y cartesiano hecho por los humanos, orden que no se puede explicar sin la incuestionable presencia divina por encima de todas las cosas.

Si el liberalismo de los igualitarios deviene en socialismo utópico, el de Oyola concluye en la reafirmación “clásica” del orden. El liberalismo debe ser moderador y no radical, es enemigo del jacobinismo y pariente de una verdad suprema que inevitablemente está garantizada por la Iglesia. El autor coloca como prueba irrefutable de su pensamiento a quienes, desde una mirada crítica, propugnan el socialismo. Es la prueba por el error. El socialismo no es otra cosa que una perversa forma de panteísmo. Basado en que libertad, propiedad y familia, son principios eternos e inmanentes de lo humano, descalifica a quienes pretenden objetar tales verdades. Los socialistas quieren destruir esas bases y subvertir un orden perfecto que es el que garantiza la vida civilizada, es por tanto, concluye, una utopía destructiva.

Lo notable en este caso es que, con diferencia de pocos años, se contraponen la experiencia práctica y mutilada de la búsqueda idealizada de la igualdad humana en un espacio excéntrico al poder político del país, con la primera crítica razonada y sistemática desde el plano teórico al socialismo. Significativamente, Oyola afirma que la nueva doctrina pretende no sólo destruir una religión, sino sustituirla por otra. No es que el socialismo vaya a prescindir de un ser superior, es que va a construir en la imperfecta materialidad humana un dios subrogante.

Un sector del periodismo cruceño calificó como “comunistas” a los igualitarios y los satanizó sin tregua, hasta que las fuerzas del Presidente Daza aplastaron a Ibáñez. Oyola, en un plano abstracto, hizo lo mismo, menos con adjetivos y balas y más con razones que lo colocan como el referente más importante del pensamiento conservador boliviano del siglo XIX. Ciertamente mucho más relevante que Camacho y su programa político que sentó las bases del liberalismo en el país.

El siglo XIX boliviano amerita una relectura, sobre todo en lo que hace a los motores del pensamiento y la acción que pueden explicarlo mejor que la sola referencia de acontecimientos de sobra conocidos.

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4 pensamientos en “Mamerto Oyola y el Club de la Igualdad

  1. Sería bueno a partir de estos aportes construir una historia del pensamiento boliviano o una historia de las ideologías en Bolivia. Bien podría hacerlo don Carlos.

  2. Siempre me desasnas bastante más de lo que quiero admitir! jajaja Gracias amigo presidente, eres parte de mi Orgullo Boliviano!

  3. Si bien Francovich con su Filosofia en Bolivia y El pensamiento boliviano en el s. XX nos ofrece una mirada de conjunto del pensamiento boliviano (para el caso oriental: pueden verse los libros del Marcelino Pérez F.), todavía no contamos con un volumen que recoja exaustivamente la historia de la filosofía boliviana. Es un trabajo que queda pendiente para nuestros historiógrafos.

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