Seis Años. Dos Palabras en su Lugar

Publicada en Página Siete y Los Tiempos

Hasta ahora los gobernantes han logrado posicionar dos palabras, una para el pasado y otra para el presente, y ese es uno de sus mayores éxitos en estos seis años (que no son pocos).

Para el pasado democrático la palabra instalada que usan incluso los más duros opositores, es “neoliberalismo”. Para el presente la palabra que usan todos es “cambio”, pero en este caso sumada a “proceso”. El “proceso de cambio” es una consigna, una definición, una idea-fuerza extraordinariamente convocante, porque implica la transformación, da por hecho que todo lo anterior desapareció y fue sustituido por algo nuevo, un camino que se está recorriendo.

Es indudable que Morales llegó en 2006 montado en una ola que fue en realidad un tsunami. Por diversas razones, la elección del 2005 expresó la voluntad mayoritaria de los bolivianos de cambiar, de cerrar formalmente la página histórica que en realidad se había cerrado ya en las calles en octubre de 2003. Dos líneas confluyeron en ese momento; el posicionamiento definitivo de los indígenas en el centro del poder a través de alguien que los representaba directamente, y la concreción de la reivindicación histórica de las autonomías.

Ninguna de las dos era el comienzo de nada, por el contrario, ambas significaban la culminación de un largo tránsito con su propia historia, sus etapas, sus personajes y sus conquistas. La centralidad indígena comenzó a gestarse de manera clara en 1952 y la demanda autonómica comenzó a cristalizar en las luchas cívicas de Santa Cruz a fin de los años cincuenta. En direcciones distintas, las dos se produjeron durante los gobiernos de la Revolución Nacional.

La primera tarea para poder hacer una lectura correcta de lo que estamos viviendo hoy es desenmascarar la consigna, rechazar la palabra “neoliberal” para caracterizar un periodo extraordinariamente valioso en avances, no sólo de la democracia, sino de la inclusión y las autonomías. Las medidas revolucionarias a favor de los indígenas de los cincuenta y las luchas desde las regiones contra el centralismo, fueron impulsadas de modo decisivo entre 1982 y 2006.

El cambio que hoy se cacarea con tanta fuerza no hubiese podido darse sin la Reforma Constitucional de 1994 que reconoció la nación pluricultural y multiétnica. No se puede entender sin las leyes de Reforma Educativa cuyo espíritu copia la Avelino Siñani adornada con lenguaje y retórica “descolonizadora y revolucionaria”, y la de Participación Popular, el verdadero punto de partida de las autonomías indígenas y de las autonomías departamentales. Ni que decir del triunfo de los marchistas del Oriente y su reconocimiento por el gobierno en 1990, que contribuyó a la redacción de la Ley INRA que estableció parámetros claros de responsabilidad económica y social de la tierra, impuestos sobre los latifundios y reconocimiento de tierras comunitarias de origen y de tierras comunales andinas.

La Reforma Constitucional de 2004 incorporó la Asamblea Constituyente y creó la figura de los referendos. Además en 2005 el gobierno convocó a la elección directa de prefectos.

Todo aquello se pretende borrar hoy de la memoria colectiva nacional, y se omite para convencer a la comunidad internacional que este gobierno lo inventó todo.

Si los gestores y publicitas del actual régimen tuvieran un mínimo de honestidad intelectual encadenarían, como se hizo en todo el periodo democrático anterior, los logros del conjunto de la sociedad boliviana en los últimos sesenta años (en este 2012 se cumple precisamente el sexagésimo aniversario de la Revolución de 1952) como parte de la explicación de lo hecho a partir de 2006. Sólo así podremos entender y reconocer el proyecto histórico pergeñado el 2005 y concretado entre bandazos en el periodo 2006-2009, cuando se redacto una Constitución entre cuatro paredes mientras los constituyentes y el país entero se polarizaba y se enfrentaba de modo dramático e irracional.

Lo que Morales hizo en su primera gestión fue profundizar las ideas de inclusión y no discriminación ya existentes, fortaleciendo al máximo la presencia indígena. Optó por un reconocimiento explícito de los indígenas a diferencia del reconocimiento implícito de la Constitución de 1967. Dio el salto de lo pluri multi a las “naciones”, cuyo elemento más significativo es la justicia comunitaria. Lo que aún está en debate, pues no está claro, es cómo se expresan o expresarán como entidades dentro de la Nación boliviana.

En lo económico trató de profundizar sin demasiado éxito el cambio planteado por el Referendo de hidrocarburos de 2004. Su política falsamente “nacionalizadora” se estrelló contra una dura realidad, una pésima gestión de los hidrocarburos. En otras ámbitos tuvo serios problemas iniciales en la fundición de estaño y la terrible insuficiencia en la generación de energía en las eléctricas. Si a ese panorama le sumamos los arbitrajes internacionales pendientes, la línea nacionalizadora no ha hecho otra cosa que naufragar.

Colocar las dos palabras “neoliberalismo” y “cambio” en su exacto lugar, nos permitirá evaluar correctamente las cosas que han dejado de ser y las cosas que han comenzado a ser desde 2006, sin que un imaginario abismo separe un momento histórico del otro.

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12 pensamientos en “Seis Años. Dos Palabras en su Lugar

  1. Es posible que el actual gobierno de Morales haya incurrido en muchos errores, muchos de ellos basados en la falsa creencia que tiene un cheque en blanco para hacer lo que quieren. Sin embargo creo que el logro más positivo de la gestión Morales es el lado económico. Como ya dije hace algún tiempo atrás en este mismo blog, Morales sabía que los gobiernos caen cuando la economía no funciona: “es la economía, estúpido”. Ciertamente Morales tuvo un discurso populista hacia el exterior pero entendió que la economía debía funcionar con criterios ortodoxos. El terror a la vuelta a los tiempos de la UDP o el pánico a que pusiera a manejar el Ministerio de Economía o el Banco Central a un dirigente cocalero era un prejuicio difícil de erradicar durante los primeros meses de su gestión.

    Sin embargo, por los resultados entiendo que ha mejorado con mucho lo que ha encontrado y del informe presidencial se pueden sacar datos objetivos:

    Los volúmenes de gas exportado crecieron, de 16 millones de metros cúbicos por día (MMmcd), entre 2000 y 2005, a 31 MMmcd entre 2006 y 2011.

    La recaudación por concepto de la venta de hidrocarburos se multiplicó de un promedio de 526 millones de dólares entre 2000 y 2005 a 2.286 millones de dólares en los últimos seis años. Asimismo, los ingresos por la exportación de minerales, que pasaron de un promedio de 415 millones de dólares entre 2000 y 2005 a 2.011 millones de dólares entre 2006 y 2011.

    Entre 2006 y 2011, el promedio del Producto Interno Bruto (PIB) registra 4,7%, cifra superior al periodo 2000-2005 cuando era 3%.

    Las Reservas Internacionales Netas (RIN), alcanzaron, al 20 de enero de este año, a 12.336 millones de dólares. Para 2006 las RIN llegaban a 3.178 millones de dólares,

    La inversión pública pasó de un promedio de 590 millones de dólares, de 2000 a 2005, a 1.778 millones de dólares entre 2006 y 2011,

    Este gobierno podrá gustar mucho o nada pero creo los datos aportados evidencian un avance y sobre todo han demostrado que Morales puede que tenga politicas poco ortodoxas en varios campos, sin embargo en la economía ha logrado una estabilidad macroeconómica resaltable.

    • si tomamos de lado la exportacion de gas que sostiene a bolivia notenemos nada, ya que un pais crece debido a las exportaciones que realiza y el gas que emcabeza estas exportaciones no es eterno, pero encambio si se fomentara a la exportacion de bienes producidos en bolivia el pais siempre estaria en cresimiento claro ejemple china y dejariamos de depender de los presios internacionales, esta a mi parecer es la mejor forma de “descolonizacion” que deberia impulsar el gobierno actual. Incluso las exportaciones de productos bolivianos durante el periodo del señor Morales disminuyeron debido al poco

  2. Los datos objetivos están ahí.
    La pregunta es cómo logró esas mejoras.
    La respuesta tiene que ver en gran medida con la etapa de mayor bonanza de toda la historia republicana de Bolivia. Esa bonanza no tiene nada que ver con políticas del gobierno ni con su gestión, sino con los precios internacionales impulsados por la revolución de demanda y consumo de China e India.
    Ese es también un dato objetivo

  3. Señor Mesa:

    Nunca hay que “confundir el culo con las témporas”. ¿Qué tiene que ver la demanda creciente de materias primas de China e India con el precio del gas que se fijó en un contrato de exportación a Brasil hace más de 10 años atrás?. ¿Que tiene que ver China e India con haber triplicado los ingresos por exportaciones de gas?, también habrá que considerar la politica monetaria de valoración del boliviano y la desdolarización de la economía como algo resaltable y esto tampoco tiene que ver con China e India. Si los anteriores gobiernos tuvieron deficit fue sobre todo por los efectos desastrosos de la capitalización que secaron al Estado boliviano provocando una sequía de ingresos sumada a una baja tasa impositiva sobre los hidrocarburos. Estos son datos objetivos.

    • Tiene que ver más allá de su figura de dudoso gusto. El precio fijado hace diez años se multiplicó por más de seis veces en virtud del incremento del precio internacional del petróleo que subió por factores externos a la política económica boliviana. Las exportaciones de gas, en consecuencia, se han más que triplicado por ese incremento.
      Lo que cambió dramáticamente antes de Morales fue: 1. El contrato de vente de gas a Brasil y su concreción en 1999, el Referendo de hidrocarburos que incrementó los impuestos de 27% a 53%. El aporte de Morales fue un incremento de esos impuestos de 53% a 61%.
      El déficit no tuvo nada que ver con la capitalización, tuvo que ver con: la recesión internacional, particularmente en América Latina (1999-2004), la reforma de la ley de pensiones del gobierno de Sánchez de Lozada, las medidas referidas al contrabando y al proyecto coca cero del gobierno de Banzer y el incremento de las pensiones de jubilación por encima del salario mínimo nacional de Quiroga.
      Sin el crecimiento geométrico de la demanda china e india, los precios del petróleo no hubiesen incrementado en esa proporción.
      Esos son datos objetivos.

      • También habría que reconocer que el referendum sobre hidrocarburos no fue una iniciativa de la clase política. Fue el resultado de una lucha y muchos muertos. ¿O será que el MNR – ADN – MIR – NFR fueron los que querían hacer referendum? Lo que me acuerdo es que era completamente al revés. También habría que recordar que cuando se tenían que incrementar los ingresos del estado, Sánchez de Lozada (y D. Mesa de Vice) decidió subirle a la gente y no a las empresas. Todo lo cambió Morales.

      • El Referendo fue una propuesta de mi gobierno, expresada con claridad en mi discurso de 17 de octubre de 2003 y cumplida a cabalidad el 18 de julio de 2004. Está muy bien que usted le reconozca lo que quiera reconocerle al Presidente Morales, pero lo único que falta es que los hechos objetivos sean dejados de lado y adjudicados al actual gobierno

      • Sr. Mesa por qué no cuelga en esta página su propuesta de “Ley de Hidrocarburos” (o un punteo de esta), para comparar -técnicamente-, si como usted afirma, es -efectivamente- “diferente” (en sus defectos y/o “virtudes”) a la Ley de Hidrocarburos oficialista. Ya que como usted reconoce, en su texto en “MI GOBIERNO”, “Objetivo 2. Referéndum y Ley de Hidrocarburos”:

        “El error crucial del Referéndum fue no haber puesto a consideración del pue­blo nuestro proyecto de Ley en vez de las cinco preguntas.”

  4. Los transeúntes del poder político (más no cultural), hoy deslindados de la condición indígena boliviana y evidenciados en sus imposturas sociales, jamás significaron ser una “alternativa” al “otro modelo” (llámese lo que mejor se convenga), sino la simple y evidente consecuencia de una secuencia de hechos subversivos y atentatorios al orden público, es decir, la aparente “victoria” inducida y/o provocada de los hoy enquistados en el poder político (más no cultural).

    Qué otras opciones tuvo el soberano boliviano después del subversivo 2003, sino “elegir”, por inanición, a los “triunfadores” subversores de 2003. El fenómeno psicosocial, de la elección por quienes fueron puestos en el pedestal gracias a los eventos y actores de las subversiones de 2003, a estas alturas puede justificarse -solo- como un “estado de necesidad” al que fue condenado, entonces, el pueblo boliviano.

    No obstante, el fenómeno psicosocial de la elección por quienes fueron puestos en el pedestal gracias a los eventos y actores de las subversiones de 2003, también puede explicarse como el “sacarse el gustito” del soberano boliviano, respecto de la oferta masistoide. Es decir, que el soberano boliviano debía cerciorarse (tarde o temprano) cuán aleccionador, cuán escarmentador, fue haber permitido el enquistamiento de los hoy oficialistas, como cuando el niño escarmienta al recién quemarse con fuego.
    Finalmente, lo que en el texto del Sr. Mesa no debiera confundirse es que la significación de lo “liberal” (antes de lo “neo”), trasciende más allá de ser una categoría ecónomo-ideológica. Puesto a que la referencia “liberal” se contiene -como razón de ser- de la Constitución Política de un Estado, y por tanto, todo Estado que se precie de haber instituido ciertos valores (no siempre positivizados en una C.P.E.) contrarios al autoritarismo p.ej., es un Estado liberal (incluso el plurinacional), indiferentemente del prefijo “neo”* . Si bien para algunos inexpertos lo liberal, y el conjunto de elementos que acompañan a la referencia (manifiestos, proclamas, derechos, constituciones políticas, etc.), nacerían recién después de la revolución francesa.
    ____________________________
    *Otra situación es el vacuo modismo con el cual la “jerga política” se maneja, las más de las veces, alejada de la certidumbre significativa.

  5. Lo que yo creo que se tiene que ver es que Evo Morales surge de los errores de los partidos tradicionales y acumula su poder a partir de la excelente coyuntura internacional, pero realmente ha cambiado algo en nuestra Bolivia?. Nos podemos sentir orgullosos de que hayamos mejorado en algo?. Es real la inclusión o lo que esta haciendo el gobierno es igualar hacia abajo?. Un ejemplo, la educación esta mejor que antes con el solo hecho de dizque “regalar computadoras a los profesores” o dictar una nueva ley?, eso es puro maquillaje.

    En realidad nada ha cambiado, como sociedad no hemos entendido que es nuestro esfuerzo y sacrificio el que nos va a permitir avanzar y seguimos pensando que el mínimo esfuerzo es lo mejor. Lamentablemente se esta perdiendo una oportunidad única en nuestra historia que nos hubiera permitido hacer el cambio “Cualitativo” de nuestra sociedad. Hay mucha, pero mucha diferencia entre nuestro presidente y el Señor Mandela.

  6. Don Carlos, de la lectura de su artículo en cuestión, puedo entender y usted bien lo sabe, que la lectura de la realidad no se aleja de nuestras posiciones ídeológicas, de nuestra postura frente a la realidad “objetiva”.
    Su posición es claramente direccionada a defender una postura política en particular: MNR. Aunque se esfuerza en aparentar una postura “crítica” y “objetiva” sus apreciaciones son parcializadas -en contra de-.

    Seria bueno que funja como un interlocutor realmente objetivo.

    • Si los militantes del MNR leen su comentario creerían que usted bromea. No fui militante del MNR nunca, aunque es de todos conocido que creo que el MNR es el partido fundamental del siglo XX en Bolivia y gestor de los cambios más importantes que vivió el país entre 1946 y 1997. En cuanto a lo que defiendo, defiendo mi gestión de gobierno que, como Usted sabe, sufrió entre otras muchas la más dura acción desestabilizadora de parte del MNR, de sus representantes en el parlamento y de sus máximos líderes desde el exterior. La convocatoria a la Asamblea Constituyente, la inauguración del Referendo como institución jurídica de la democracia participativa, la solución exitosa del grave déficit fiscal heredado, la política rigurosa de defensa de los DDHH y la apuesta explícita por las autonomías, son todas iniciativas de nuestro mandato, varias de ellas traducidas en hechos como la reforma constitucional de 2004 o en acciones como el Referendo de hidrocarburos, y la convocatoria a elección directa de prefectos.

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