Mi Madre Recibió el Premio PIEB a las Ciencias Sociales y Humanas

Fue un momento muy emotivo para mis hermanos, Andrés (en Barcelona), Isabel, Teresa Guiomar y yo. Nuestra madre, a sus 85 años, recibió el martes 22 de noviembre en instalaciones del MUSEF, el premio a la trayectoria de una vida por su contribución a las Ciencias Sociales y Humanas de manos de Godofredo Sandoval Presidente del PIEB (Programa de Investigación Estratégica en Bolivia). El premio PIEB es el más prestigioso del país en su género.

Este fue el discurso que pronunció a tiempo de recibir tan merecido galardón:

Es para mí un honor recibir el Premio a la Trayectoria Intelectual  que otorga la Fundación para la Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB).

Me complace coincidir con el reconocimiento que se hace a dos instituciones cuya labor es importante para nuestro país: CIPCA, (Centro de Investigación y Promoción del Campesinado) fundada por el padre Javier Albó y cuyo trabajo, conjuntamente con el del Sr. Lorenzo Soliz, se hace a favor de nuestro mundo indígena; y la mención al ARCHIVO NACIONAL DE BOLIVIA que dirigido, desde hace varios años, por la Licenciada Marcela Inch ha hecho hasta el presente una encomiable labor que todos los investigadores agradecemos. El aliento que este premio y esta mención trasmiten nos auguran la continuidad de estas instituciones.

En lo personal, pasados ya mis ochenta años, no puedo menos que recordar a cuantos me  ayudaron a hacer mi trabajo. Nadie sube solo,  siempre hay  colaboradores anónimos como los alumnos, los familiares, los colegas que nos alientan con sus trabajos competitivos, y un sin fin de circunstancias que van diseñando nuestra vida.

Yo trabajé con mi esposo José gracias al enfoque común de lo que creíamos era Bolivia. Por nuestra formación no trabajábamos con “ideas” sino con aquello tangible, más propio de nuestra profesión de arquitectos. Edificios, conjuntos urbanos, y arte. Veíamos al país a través de ese lente. Cuando éramos estudiantes recorríamos las calles de los barrios altos, seguíamos fiestas como el Gran Poder, restringido entonces a las zonas periféricas, y al mismo tiempo tratamos de contactarnos con algún artista, como Cecilio Guzmán de Rojas, de quien fuimos alumnos. Conocimos a Emilio Villanueva  que fue nuestro profesor en la facultad, él era un hombre singular, decano y fundador de la carrera de arquitectura,  lo veíamos y escuchábamos frecuentemente.

Terminamos la carrera y después de ver en La Paz la Iglesia de San Francisco y la de Santo Domingo, y después de enterarnos que existía Pérez Holguín, nos fuimos a España a revalidar nuestro título. Para sorpresa nuestra el arte colonial se parecía muy poco al español; había algo en lo nuestro que lo hacía diferente – monos, papayas y sirenas-, ausentes en el barroco español, allí estaba el componente indígena, el cual a través de los mitos, y del trajinar por los diferentes pisos ecológicos, traía esos motivos a la decoración andina.

Era la hora de colocar  en la historia todo lo que habíamos visto, pero los únicos textos disponibles no nos sirvieron pues la historia de Bolivia tenía un gran vacío: todo el pasado virreinal se había borrado. El periodo precolombino terminaba con la muerte de Atahuallpa y la historia continuaba  con la Independencia en 1809. Eran casi trescientos años sin historia.  Muchos países habían pasado por circunstancias parecidas a las nuestras, España estuvo bajo el dominio árabe varios siglos, Italia y Alemania se consolidaron como países a fines del siglo XVIII y principios del XIX, pero  nunca silenciaron su pasado. En el silencio que hizo Bolivia de una parte de su historia cayó todo el oriente boliviano, pues por borrar la colonia se borraron las misiones jesuíticas y una gran parte de la cultura de esa región.

Como un paréntesis diré que el tiempo nos dio la oportunidad de escribir una Historia de Bolivia sin cortes ni omisiones; esta historia la escribimos conjuntamente con el historiador  cruceño Humberto Vázques  Machicado, al morir él pedimos a nuestro hijo Carlos que se hiciera cargo de la parte contemporánea. El tiraje del libro ha sobrepasado los 40.000 ejemplares.

Cerrando este paréntesis, diré que al volver de España, y antes de escribir la Historia de Bolivia,  habíamos decidido dar a conocer el arte virreinal para que esté al alcance de todos: fotografiamos edificios, pinturas, estatuas devocionales, cosas que eran familiares a todos los bolivianos. Muchos conocían Copacabana, la Virgen del Socavón, Potosí, el prestigio de la Universidad de Charcas; etc. Nosotros no conocíamos el país, ni nada de lo que aquí menciono, y decidimos recorrerlo; para ello mi esposo convenció a nuestro cuñado el doctor Cecilio Abela Deheza que  era buen fotógrafo, le pedimos que nos acompañara y que pusiera su movilidad. Con él  dimos la vuelta al lago Titicaca, viajamos a Potosí  y a la ciudad de Sucre. Muchas veces venían con nosotros nuestros hijos, Carlos y Andrés que se resistían  a entrar a tantas iglesias.  Se quedaban leyendo “historietas” en el Bule de Potosí. Cuando fui Directora del Museo Nacional de Arte, mi hija menor, Teresa Guiomar que es pintora, solía acompañarme al Museo. Isabel, que ahora escribe novelas para niños, nos acompañó en nuestra larga estadía en Cuzco, que sin duda fue una gran experiencia.

Sé que este relato tiene una presencia familiar permanente, y esto no es de extrañar, pues yo provengo de una familia de emigrantes. Ello me dio la distancia suficiente para observar Bolivia desde fuera y sentir así su fuerte personalidad.  Mis hijos, criados en este ambiente sintieron por Bolivia –que era su patria y la nuestra patria-  la misma fascinación que nosotros. Guiomar en su pintura recupera imágenes como la Virgen Cerro y el mito de Tunupa; Isabel en su libro “La pluma de Miguel” recupera la diablada  en versión para niños;  Carlos fue presidente de Bolivia, y Andrés, que finalmente  decidió vivir en España, trabaja ahora en la construcción de la Sagrada Familia de Barcelona y en la Universidad de Cataluña. El ve nuestra realidad desde el otro lado del mar.

Mi familia así constituida tuvo como punto de partida el año de 1970 cuando por considerarnos reaccionarios, a Pepe y a mí nos echaron de la UMSA donde éramos catedráticos; entonces nos vimos sin trabajo cuando nuestros hijos aún estaban en colegio. Mi esposo se fue  trabajar con la UNESCO en la restauración de Cuzco, ocasión en la que terminamos el libro Historia de la Pintura Cuzqueña. Yo me quedé en La Paz para entregar las oficinas de las que estábamos a cargo. Antes de la partida de mi esposo ya habíamos restaurado el Museo Nacional de Arte y yo me quedé acabando la consolidación de Jesús de Machaca y empezando la restauración del Tambo Quirquincho.

Luego empiezo mi vida errante; dí cursos en México, en Perú, en España y en la Escuela de Altos Estudios de París. Los temas se referían al mundo andino, no en su etapa precolombina sino en su inserción con la cultura occidental. Y así a tiempo de enseñar yo aprendía, entonces escribí mi libro Iconografía  y mitos indígenas en el arte que muestra la inserción del mundo indígena después del trauma de la conquista. Relato los mitos prehispánicos, la transformación de estos por influencia del cristianismo, cuando se identifica a la Virgen con los cerros y la Pachamama, a Santiago con Illapa, dios del rayo, donde se muestra la muerte de Atahuallpa mitificada, y los esfuerzos de la corona española para legitimarse como continuadora de los Incas. Sin embargo la mita, las encomiendas  y las arbitrariedades de parte de los conquistadores separaban estos dos mundos que compartían un mismo hábitat.

Fui nombrada Directora del Instituto Boliviano de Cultura, cargo que también ocupó mi esposo, lo cual nos arraigó nuevamente en el país. Gracias a esta situación visité países de cultura diferente a la mía como Japón y países donde vivían culturas disímiles como Sudáfrica donde alterné con musulmanes, brahmanes, con varias culturas africanas, y con  ingleses. Y a través de ese mundo polifacético  e inconforme  yo veía mi mundo, el de Bolivia en tiempos de la colonia. En mi libro El Paraíso de los Pájaros Parlantes dediqué varios capítulos a los judíos, a los musulmanes, a los africanos : todos ellos vistos desde lo que hoy es Bolivia, desde Potosí y desde las orillas del lago Titicaca.

Hice lo que hice, bien o mal, porque la vida me brindó oportunidades que muy pocos tuvieron y por las que le estoy agradecida a Dios. Le agradezco haber nacido en Bolivia, y poder ver el mundo desde aquí, agradezco a los países que con becas y diferentes contratos nos ayudaron a conocer el mundo: estos lejanos países que me mostraron como era Bolivia durante el virreinato me refiero a Perú, a  España, Francia y Estados Unidos. Agradezco las múltiples nominaciones que nos hicieron las Universidades de Bolivia como las de Santa Cruz, Cochabamba y Oruro.

Sé que generaciones futuras complementaran y modificarán nuestros puntos de vista, porque tendrán más elementos de juicio. La historia no es algo muerto, cambia según en ángulo desde donde se la enfoque, y con cada generación renace y se reescribe.

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6 pensamientos en “Mi Madre Recibió el Premio PIEB a las Ciencias Sociales y Humanas

  1. Alentador, gratificante, mucho orgullo. Da un impulso increible para seguir trabajando, luchando y creyendo en mejores dias, de la manera mas efectiva, el ejemplo.

  2. Normalmente, debería ser un gran halago recibir este reconocimiento a una buena labor realizada, pero en el caso de la Sra. Teresa, es realmente inconmensurable el agradecimiento que debemos tener todos los que en algún momento o muchos momentos diría, hemos tenido la oportunidad de leer, opinar, aprender de su obra, esto no lo digo desmereciendo a una institución con basta trayectoria sino más bien engrandeciendo a la figura que por muchos años ha ingresado al corazón de los jóvenes, al tronco de las familias, es un honor poder hablar de ella y de su tarea. Mil pero mil felicidades por esa obra en pro la juventud boliviana.

  3. Si bien el premio es un justo merecimiento, tambien es la consecuencia logica y minima de una vida dedicada a la recuperacion y difusion de lo nuestro, lo mejor.
    Como arquitecta miro la obra de la familia Quisbert como piedra fundamental e indispensable para el desarrollo de la arquitectura en Bolivia, como madre, agradezco las herramientas que nos brindan en algo tan cotidiano como la tarea de sociales del colegio o encontrar una lectura mas que apropiada para los pequeos bolivianos . Pero como compatriota estoy muy orgullosa de que una gran intelectual como es la Sra. Teresa sea mujer, arquitecta y boliviana. Felicidades.

  4. Estimado don Carlos,
    Primeramente para felicitar por suintermedio a su señora madre Teresa Gisbert, mi profesora juntamenbte con don Carlos de Mesa en el Centro Interamericano de Conservacion y Restauracion, 1984, por el premio PIEB.
    En segundo termino la felicitacion es para Ud. por su articulo Moche y Tiawanaku, un enfoque extraordinario y un reclamo a la poca atencion de los bienes culturales de esa cultura, porque tambien significa el desarrollo cultural de amrica andina.
    Un abrazo
    Cesar Maguiña – Peru

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