El Nuevo Jefe de Gobierno

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Publicado en La Razón el 31 de enero de 2010

El artículo 174 de la Constitución dice: “Son atribuciones de la Vicepresidenta o Vicepresidente del Estado…3. Participar en las sesiones del Consejo de Ministros, 4. Coadyuvar con la Presidenta o el Presidente del Estado en la dirección de la política general del Gobierno…5. Participar conjuntamente con la Presidenta o el Presidente del Estado en la formulación de la política exterior, así como desempeñar misiones diplomáticas”.

Este giro de ciento ochenta grados en las funciones del Vicepresidente en la Constitución, establece una nueva jerarquización en la cabeza de Bolivia. El Presidente Morales y el Vicepresidente García, jefe de Estado y de gobierno respectivamente, son ahora un híbrido entre los jefes de Estado y primeros ministros  de las democracias parlamentarias (Alemania o Italia por ejemplo) y los presidentes y vicepresidentes de la República al estilo latinoamericano o de los Estados Unidos, híbrido que no cierra conceptualmente.

La primera consecuencia de este cambio es que las atribuciones que da el artículo mencionado, quiebran de modo radical un principio republicano básico para la salud y vigencia real de la democracia, la independencia y coordinación entre poderes.

En el caso presente, el Vicepresidente de acuerdo al artículo 153: “presidirá la Asamblea Legislativa plurinacional”, lo que quiere decir que sigue siendo la cabeza del Poder Legislativo y en el artículo 174 dice: “…2. Coordinará las relaciones entre el Órgano Ejecutivo, la Asamblea Legislativa plurinacional y los gobiernos autónomos”. Es cabeza de un poder y parte activa y con atribuciones de otro poder. Es, en consecuencia, juez y parte y es evidente que al ser jefe de un poder y miembro del otro con atribuciones del más alto nivel en ambos, la independencia de poderes queda automáticamente destruida.

Pero hay más. El Vicepresidente es parte del Consejo de Ministros y comparte dos atribuciones del Presidente; la 3: “proponer y dirigir políticas de gobierno” y la 5: “dirigir la política exterior…”, que antes eran de exclusiva  potestad de éste, lo que le da por añadidura capacidades para ejercer también varias de las veintisiete atribuciones presidenciales reconocidas por la Carta Magna. En suma, mientras la Constitución no reconoce ninguna posibilidad de intervención presidencial en la Asamblea, le da al Vicepresidente amplias atribuciones en el Ejecutivo y específicamente en el rol de la presidencia.

Por si fuera poco, el Vicepresidente es el encargado de coordinar con los gobiernos autónomos cuya importancia en la nueva Constitución es crucial, ya que ahora tenemos la estructura política de un Estado unitario de autonomías, que sustituye al Estado unitario centralizado. Autonomías transversales a todo; departamentos, regiones, municipios y naciones indígenas.

El único antecedente histórico a este nuevo escenario es el de la Constitución de 1826 que establecía que el Vicepresidente era “el jefe del ministerio…responsable…de la administración del Estado y….despacha (ba) y firma (ba) a nombre de la República y del Presidente todos los negocios de la administración”.  No era casual, ya que el Presidente tenía carácter vitalicio y era él mismo quien nombraba al Vicepresidente con ratificación del Poder Legislativo. Bolívar había concebido esa estructura en la lógica de la presidencia vitalicia. La Constitución de 1826 fue sustituida en 1831.  En 1878 (con dos vicepresidentes),  el cargo vicepresidencial era el de cabeza del Poder Legislativo (ejercido por el primer Vicepresidente), ya no como parte del Ejecutivo. Ese espíritu se mantuvo hasta 2009.

Podemos decir que Álvaro García Linera es de hecho el jefe de gobierno del Estado boliviano y que el Presidente Morales queda como Jefe de Estado, con el agregado simbólico de ser el “Líder Espiritual de Bolivia”, cosa que ningún Presidente en nuestra historia se había atrevido siquiera a sugerir dado el tamaño increíble de las implicaciones de semejante inspiración (¿Divina?). Tal proclama estuvo acompañada por un hecho; Morales portó en sus manos el 21 de enero en Tiahuanacu dos símbolos, uno de poder material y otro de poder espiritual. ¡Símbolos tomados de la figura divina que corona la Puerta del Sol!

El atenuante de la palabra “coadyuvar” del art. 174 no puede llamarnos a engaño, porque no reduce poder ni atribuciones vicepresidenciales en el gobierno. De hecho, en los días de la posesión de los mandatarios reelectos, el verdadero corazón de las reuniones serias para definir las relaciones con nuestros vecinos, las inversiones externas y la discusión con empresas privadas transnacionales del sector energético y otros estratégicos, se hicieron en la vicepresidencia, en tanto en Palacio de Gobierno se llevaron adelante reuniones más formales y protocolares.

Si en el primer gobierno se podía inferir la influencia del Vicepresidente García, ahora no se infiere nada, todo está muy claro y en blanco y negro en la Constitución. El segundo mandatario corona sus anhelos personales y se instala –voto popular mediante- como el verdadero poder del “Estado Plurinacional”, en tanto Morales sube un escalón hacia la consagración simbólica, lo que le da un margen amplio de actividades en actos masivos, proselitismo, largos discursos y viajes permanentes dentro y fuera de Bolivia. Quien hará el trabajo de gabinete y despachará los asuntos de fondo será, por derecho constitucional, Álvaro García Linera, siempre que haya aquiescencia del Presidente es verdad, pero aquí lo que importa es la acción ejecutiva y de toma de decisiones.

Inadvertidamente para la inmensa cantidad de quienes dieron el Sí a la Constitución sin leer una línea de su texto, entre otras muchas cuestiones sustanciales votaron sin saberlo por un nuevo jefe de gobierno que, contra lo que presumían cuando en diciembre emitieron el sufragio a favor de Morales Ayma, no es el Presidente Morales Ayma.

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6 pensamientos en “El Nuevo Jefe de Gobierno

  1. Estimado Carlos, Como siempre, disfrute el articulo de los domingos. Muy bien escrito. El problema, de esos que a uno lo dejan un poco irritado, es que no logro compatibilizar lo que escribe con lo que hizo en estos ultimos anhos. E.g., Muy necesario levantar la voz acerca del abuso de la autoridad del vice,pase. Claro, pero es que lo vemos todos, el hombre busco el poder con la misma sanha que Pinochet. El hombre de las medias verdades, nunca fue distinto. Uno se pregunta por que ud. le dio el espacio que nunca merecio (PAT). Es raro, es lamentable, ahora claro quejarse no arregla nada. En fin, frustracion es lo que uno siente, mas lo leo, mas lo siento.
    Atte,
    Edgar Benavides

  2. “Cuando senti sobre mí la sombra de la política hacia finales de 2001, pensé que si entraba, sólo podía ser en un proyecto en el que creyera y nunca en un cargo como el de Vicepresidente. EL CARGO MAS ESTUPIDO DE TODOS, pensaba y decía. Un cargo con un solo objetivo, el de la sucesión, con pocas atribuciones claras, a medio camino entre el Ejecutivo y el Legislativo, bastante desairado a largo de nuestra historia. Afrontaba además el alto riesgo de generar conflictos con el Presidente e impedía por prescripción constitucional aspirar a la presidencia por diez años……” (Carlos Mesa, Presidencia Sitiada, pag. 33)

    Resulta verdaderamente paradójico y claramente contradictorio que el Señor Mesa haya criticado “al cargo más estupido de todos” precisamente por su falta de contenido competencial y ahora resulta ser un gran defensor precisamente de la antigua normativa constitucional que daba a la vicepresidencia “pocas atribuciones claras”. Evidentemente el antiguo precepto constitucional mal podía defender o representar garantía de ninguna una mínima independencia o coordinación de poderes. Y esto básicamente porque la pretendida independencia de la Vicepresidencia por ser cabeza del Legislativo era tan solo una quimera por su pecado original: su accesoriedad a la Presidencia propiamente dicha. El vicepresidente se elige conjuntamente, en la misma lista, que el Presidente, por lo tanto intentar que la figura de un Vicepresidente asuma una suerte de Censor o figura independiente y autónoma del poder ejecutivo era simplemente caer en una ingenuidad llamativa. El vicepresidente ha sido, es y será una figura más del poder ejecutivo por mucho que la antigua o la actual Constitución le hayan otorgado, por obra y gracia del espiritu santo, el ser cabeza de otro poder con una funciones totalmente distintas a las del ejecutivo.

    Y en la antigua subestimación y infravaloración normativa del Vicepresidente se escondia más que todo la constante inquietud y recelo que tenía el Presidente sobre su segundo de a bordo. Por esta razón para evitar que le muevan la silla a los Presidente se perfiló una vicepresidencia de perfil bajo, una quinta rueda del carro que solo es utilizada cuando el Presidente hacía giras turisticas oficiales en el extranjero. En cambio la actual normativa constitucional creo que trasluce la confianza mutua que se pueden tener Morales con Garcia Linera, porque desde que Barrientos moviera la silla a su numero uno, los Presidentes se cuidaron siempre en tener un Vicepresidente sin poder ni competencia, y cuando este intentaba estirar el cuello para no ahogarse en la bulimia surgía el sopapo de la primera dama de turno que cuidaba el cargo de su marido.

    Y si se diera el caso que un vicepresidente tuviera que asumir en forma permanente la Presidencia creo en mi entender que habria una mayor dosis de eficacia administrativa si el vicepresidente conoce el dia a dia de la administracion gubernamental y otorga a una sucesión una logica continuidad politica a un determinado gobierno al haber sido elegido “en plancha” con el Presidente. En todo caso el mismo Mesa, que desempeño “el cargo más estupido de todos”, sabe mejor que nadie lo que es ser un outsider y asumir la titularidad para gobernar, en un principio, sin equipo ni fontaneros que le hayan cuidado las espaldas en la dura tarea de gobernar.

    • Hay una obvia confusión en los términos que llevan al comentarista a un juicio de valor personal, por encima de una consideración conceptual.
      Lo que yo pensé inicialmente cuando me ofrecieron el cargo, obviamente fue elaborado y modificado por mí al aceptarlo, de lo contrario no lo habría hecho. Cita el comentarista una frase de mi libro “Presidencia Sitiada” y prescinde de una larga consideración en páginas posteriores en torno a mi responsabilidad como vicepresidente, pensada y asumida durante la crisis de octubre, que revalorizó mi propio concepto sobre el cargo.
      Pero lo de fondo. El problema grave es que se ha roto la independencia de poderes y se le ha dado al Vicepresidente atribuciones tangibles en el poder ejecutivo, superponiéndolas por añadidura a las del Presidente. Es un error muy boliviano pensar la ley para la circunstancia y no para el Estado. No es relevante si hoy Morales confía en García o no, lo relevante es si filosóficamente el cambio es bueno para las cabezas de dos poderes del Estado.
      En este contexto, una opción que se ve en varias constituciones de América Latina es que el Vice sea parte del ejecutivo y no tenga nada que ver con el legislativo, la otra es, también con varios ejemplos latinoamericanos y el estadounidense, que el Vice sólo sea parte del legislativo y que cuando ocupe interina o definitivamente por sucesión, el cargo de Presidente, se desligue totalmente del legislativo. El caso de nuestra Constitución mezcla y desnaturaliza la esencia de los poderes separados y debilita el rol presidencial.
      No es bueno que la anécdota sacada de contexto desvíe lo esencial de este debate

  3. No voy a entrar a valorar el por qué el ciudadano Carlos D. Mesa aceptó dejar su carrera de periodista para embarcarse en las zozobrantes aguas de la turbia política. Es evidente que han existido consideraciones subjetivas y emocionales para su decisión de ser Vicepresidente, pero estas emociones sólo las puede saber él mismo. No resulta relevante, para el tema que nos ocupa, si aceptó ser Vicepresidente por meras consideraciones de vanidad personal o de sinceras muestras de desprendimiento hacia la sociedad, o si pesaron más en su ánimo futuras expectativas presidenciales teniendo que aceptar la fruta insípida de la Vicepresidencia para saborear próximamente las mieles de un liderazgo político o si pesó en su decisión personal un deseo humanista de ayudar al prójimo, no lo sé, ni lo quiero saber porque esas razones, como las que toma cualquier individuo, pertenecen a uno mismo y son las que guardamos para nuestro fuero interno, allí donde solo nosotros nos enfrentamos con nosotros mismos, algunos la llaman conciencia.

    Lo relevante y objetivo es que aceptó un cargo al que él mismo había minusvalorado en su justa proporción en atención a nuestra historia política y a su reconocido papel de Historiador, y como el codo no puede borrar lo que la mano escribió y como también es de mal gusto “matar” al mensajero, cronológicamente Mesa aceptó la Vicepresidencia antes de los hechos luctuosos de octubre, por lo tanto mal puede justificar su cambio de opinión indicando que fue “pensada y asumida durante la crisis de octubre, que revalorizó mi propio concepto sobre el cargo”. No lo dudo. Es evidente que el Vicepresidente Mesa se dio cuenta que su papel era más importante que el que había imaginado, tan importante era su cargo que luego cumpliría el objetivo principal de todo Vicepresidente: la sucesión temporal o definitiva, pero sucesión al fin. Mis palabras y sus palabras, las suyas escritas en su magnífico libro, inciden en la poca importancia que ha tenido la institución de la Vicepresidencia en el marco competencial de la administración gubernamental propiamente dicha. El movimiento se demuestra andando. El Vicepresidente Mesa percibió, en sus propias carnes, el vacío de poder dentro de la crisis de Octubre. La sensación que el Presidente no le hacía caso no solo en aquellas fechas, ni tampoco antes, en asuntos que tenían que ver con la corrupción y el propio talante de ciertas políticas de gobierno que le iban alejando de la realidad y de su pueblo. El señor Mesa tendrá que coincidir conmigo en su ausencia de influencia alguna en las reuniones con los Ministros y con el Presidente Sanchez de Lozada, y cómo las decisiones del Gobierno Sanchez de Lozada, las pocas buenas y las tantas malas, se tomaron al margen de su olvidado Vicepresidente. El también coincidirá conmigo, sin ánimo de victimizar al ciudadano Mesa, que el papel que han tenido los Vicepresidentes en la historia más reciente ha sido la de ser una suerte de “vedettes electorales”, es decir que cumplidos sus fines mediatos electorales, el Vicepresidente no ha tenido un papel más allá de ser un “hombre florero”. Un candidato a Presidente promete hasta que la mete (electoralmente hablando, claro está). Y si, más adelante, el candidato Goni incumplió al ciudadano Mesa contándole el “cuento chino” que le había contado, la culpa es del que engaña y, por supuesto, del que se deja engañar con tanta ingenuidad.

    Ya que más allá del rimbombante, pero vacío, papel de “Cabeza del Poder Legislativo”, cajón de sastre constitucional que puede significar todo y nada a la vez, el Vicepresidente no tenía propiamente una función específica que cumplir, por esta razón el Presidente de turno distraía a los circunstanciales (y cariacontecidos) Vicepresidentes con misiones como la de formar Comisiones de Reforma que no concluían en ninguna parte, en Comisiones anticorrupción que no impedían ninguna corrupción, en Comisiones de Preguntas al ciudadano que no concluían en escuchar sus respuestas, en misiones internacionales menores que pocas veces dieron fruto alguno.

    Porque si no vamos a pecar de ingenuos o presumir de una “virginidad” política que no tenemos, no nos vamos a creer, si tenemos tres dedos de frente, que un Vicepresidente en la anterior Constitución “garantizaba la independencia de Poderes”, si es así apaguen la luz y vámonos, porque sencillamente esta independencia solo existe cuando el Gobierno de turno no tiene mayoría congresal y tiene que consensuar con sus adversarios que están fuera del Ejecutivo, en caso contrario el grupo parlamentario mayoritario aprueba las peticiones Legislativas de su Presidente, que por lo general, aquí, en Alemania y en la China, es también su Jefe político. Un vicepresidente no garantiza la independencia ni antes ni ahora, en cambio lo que sí garantiza una mayor autonomía del Poder Legislativo es la elección de sus miembros en listas totalmente abiertas para depender exclusivamente de su electorado y no de la “dedocracia” del que elabora una lista electoral. Lo demás es tan sólo elevar la anécdota a categoría de dogma religioso y pretender que recurramos a nuestra “fe” y autosugestionarnos en el papel principalísimo de un Vicepresidente en la independencia de Poderes. Lo malo es que soy agnóstico, incrédulo y ya estoy curado de espanto.

    • Sobre la curiosa lógica del comentarista, debiéramos recomendar al vicepresidente de los Estados Unidos y a los senadores y representantes de ese país: “Apaga la luz y vamonos”. Una vez más, la lectura de la coyuntura ciega la necesaria lectura del tiempo largo. Este no es un debate referido a una Asamblea controlada en dos tercios por el oficialismo en el actual momento, es la reflexión sobre un valor filosófico y conceptual sobre el sentido de la idea republicana de tres poderes independientes y que coordinan entre sí.
      No, no es “Apaga la luz y vamonos”, es defender principios, aún en un país en el que la institiucionalidad nunca se concretó como debía. Pero bien estaría que no se argumente sobre los males del pasado, sobre todo cuando vivimos “la revolución democrática y cultural” que “todo lo cambiará en el comportamiento ético de gobernantes y gobernados”.
      No tiene caso discutir cuando los elementos de debate no se basan en la evidencia del funcionamiento de democracias presidenciales y parlamentarias en varios países del mundo, cuyo secreto no es otro que la independencia de poderes ya mencionada y el equilibrio basado en pesos y contrapesos, cuyo objetivo es moderar el poder del ejecutivo.
      En lo que toca a cuestiones personales. Cumplí mi responsabilidad vicepresidencial sobre los mandatos éticos inamovibles antes mencionados. Es en los hechos y no en las palabras que se debe establecer el valor que cada quien le da al cargo que ocupa.

  4. Creo que el Señor Mesa esta personalizando innecesariamente el debate, y,
    aunque esté demás, le recuerdo que ya no es Vicepresidente, por lo tanto
    mis críticas, más o menos afortunadas (porque no tengo el monopolio de la
    verdad) son hacia la institución vicepresidencial y si utilicé una
    referencia bibliográfica suya era para poner en evidencia su aparente
    contradicción:

    o ¿era el cargo de Vicepresidente, por su vacío de poder, el más estúpido
    de todos?, o ¿era la Vicepresidencia una institución, en
    la anterior Constitución, que le otorgaba una función garantista para
    preservar una independencia de Poderes?, me parece que el Señor Mesa, en
    su maniqueista lógica, está diciendo ahora, por lo menos
    subliminalmente: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

    Y cuando asevera el señor Mesa que el análisis de la coyuntura impide
    hacer un analisis de más largo plazo, enseguida muy suelto de cuerpo, se
    pone a comentar la coyuntura del “liderazgo espiritual” de Morales, cuando es evidente
    que en la Constitución no se hace mención alguna al respecto, ya que todos
    estos prosaicos “títulos honoríficos”, meramente simbólicos, responden a
    la (mala) costumbre indigena de entronar, con bastones de mando de por
    medio, a cuantos Presidentes han ocupado la silla presidencial, entre
    ellos Paz Estenssoro (el impulsor del sindicalismo campesino
    “paraestatal”), Barrientos (denominado en su momento “Lider máximo del
    campesinado”), Ovando, Banzer y, ahora Morales. Es decir que estos actos
    no han sido los primeros a los cuales hemos asistido en nuestra historia.

    Respecto a la recomendación al vicepresidente de USA y sus congresistas no va a ser necesaria señor Mesa ya que tal como anteriormente lo dije, respecto a las listas electorales abiertas de los miembros del poder legislativo, la independencia de poderes en USA está garantizada no porque el Vicepresidente sea cabeza de su congreso, ni mucho menos, sino porque sus congresistas son elegidos mediante listas abiertas lo que les da una independencia de criterio general respecto a politicas particulares del ejecutivo norteamericano. Y la prueba más evidente es la reforma sanitaria donde el Presidente de USA tuvo que convencer a adversarios dentro de su mismo partido para que apoyen su propuesta legislativa. Es decir que la independencia del poder legislativo en USA nace en el hecho que sus integrantes son elegidos de forma abierta y directa por su electorado que es al único que deben su cargo, y no porque el señor Biden sea integrante de su poder legislativo.

    Y si seguimos analizando el papel de los vicepresidentes norteamericanos caeremos en cuenta que el anterior, Dick Cheney, practicamente co-gobernaba con su Presidente, participaba en la toma de decisiones e incluso, en plena crisis del 11 S, era Cheney el que ese día tuvo un papel primordial en la toma de decisiones.

    Yo se que usted es un romántico principista que lamentablemente no tiene la visión pragmatica y posibilista de Paz Estenssoro por ejemplo, por ello a usted no le entra en la cabeza que se haga un análisis descarnado de la adecuación en la vida real del principio de independencia y por esta razón, pese a haber sufrido usted como Vicepresidente, en sus propias carnes, la indiferencia de la gestion gubernamental de Sanchez de Lozada, me cuesta creer que su poética visión le impida reconocer que la anterior normativa constitucional claramente minusvaloraba y aislaba a la institución vicepresidencial en la gestión gubernamental otorgandole poca efectividad real. Y si le aislaba y minusvaloraba claramente se infiere que el Vicepresidente no era una garantía de ninguna independencia o coordinación o de autonomía respecto al Ejecutivo. Porque usted como historiador me podrá responder, mejor que nadie, ¿qué Vicepresidente por ejemplo impulsó alguna interpelación de Ministros en casos de violación de la Ley?, ¿o qué Vicepresidente, publicamente, estando el Presidente en pleno ejercicio, impulsó en el Congreso alguna iniciativa legislativa contraria a los intereses del Ejecutivo?, ¿o que Vicepresidente impulsó, como cabeza del poder legislativo, alguna iniciativa congresal para controlar al Poder ejecutivo y pedirle en su caso responsabilidades politicas?. Y si usted no lo debe recordar es porque sencillamente el Vicepresidente siempre fue un apéndice el Ejecutivo, una institución accesoria y supletoria.

    Quizás su particularisima lógica de ver las cosas debería más bien incidir en propugnar que las listas electorales en el Poder Legislativo sean abiertas y no detenerse únicamente en el, hasta ahora, papel decorativo que han cumplido los Vicepresidentes de nuestro país.

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