Tras el triunfo

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Escrito el 20 de diciembre de 2009

Bolivia votó y aunque todos sabían cómo iba a votar, pocos esperaban un triunfo del candidato oficialista que superase el 60%.

Conclusión básica. Morales ganó de un modo contundente, derrotó incuestionablemente a sus adversarios y demostró que su presencia en el Palacio de Gobierno es legítima y responde a una adhesión más que significativa del país. En la era democrática el mayor triunfo (descontando su primera victoria el 2005) se produjo en 1980 con 38% de los votos en favor de Hernán Siles Zuazo, veintiséis puntos porcentuales por debajo del actual ganador.

Sería no sólo mezquino sino miope no entender la dimensión de este éxito que le permitirá al gobierno la ejecución de su proyecto de país encarnado en la Constitución de 2009. Hay una mayoría incontrastable instalada en el poder y esa mayoría tiene derecho a llevar adelante su propuesta. El respeto a la mayoría es esencial en un sistema democrático.

En muchos sentidos que esto haya ocurrido está bien, porque el cheque en blanco recibido por el Presidente le permitirá ejecutar ese proyecto de Estado sin restricciones, sin trabas, en función de su propia capacidad y la de sus colaboradores en el Ejecutivo y representantes en el Legislativo. No podrá en el curso de su segundo gobierno descargar eventuales fracasos sobre enemigos reales o inventados. El gobierno es suyo, la Asamblea Plurinacional es suya, la Constitución es suya (64% mediante).

La oposición debe asumir esta realidad si quiere ir por una ruta distinta a la accidentada, equivocada y suicida que decidió emprender en enero de 2006 con los tristes resultados que saltan a la vista y con los tics de responder a la violencia con violencia y creer que era posible sacar del camino a Morales de forma no democrática.

¿Y el gobierno?  Debiera entender que esta segunda oportunidad podría abrir escenarios de diálogo plural y democrático que comience a cerrar heridas y tapar trincheras. Debiera demostrar que con esa ventaja inalcanzable es no solo posible sino indispensable reconocer a la oposición, abrir vasos comunicantes y entender que no hay democracia sin oposición real, con palabra y con derecho a la discrepancia y aún con posibilidades de contribuir a que el proyecto de las mayorías no se extravíe.

Todo muy bonito hasta que uno sigue las acciones del Ejecutivo en el curso de apenas quince días. No había terminado Morales de “invitar” a todos a sumarse a su proyecto, lo que de hecho fue la constatación de que para el Presidente la política se resume en tres letras: MAS, y ya comenzaron las acciones autoritarias. Manfred Reyes Villa, el próximo jefe de la oposición está en la semiclandestinidad con una docena de juicios en su contra, arraigado y con la posibilidad de ser detenido. Los más implacables líderes de la elite opositora en el oriente han recibido su parte, la expropiación de unos cuantos miles de hectáreas que detentaban, mientras los cruceños se preguntan si la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra y la gobernación del departamento no enfrentan el riesgo de una derrota a manos del oficialismo.  El efecto de amedrentamiento ha sido fulminante.

No hay ninguna razón para pensar que el Presidente que vive uno de sus momentos de mayor gloria, ceda un milímetro en una lógica que hasta ahora no ha hecho otra cosa que granjearle éxitos. Lo que para otros mandatarios fue el comienzo del fin, para Morales, hasta ahora, ha sido guirnaldas y genuflexiones. La lógica de “amigo enemigo”, la amenaza y la idea de coparlo todo, le funcionan. Lo acompaña ese curioso halo de indígena heroico portador de un “proyecto de cambio” al que se adscriben muchos por convicción, muchos por emoción, muchos por oportunismo y no pocos con una inicial ingenuidad que a estas alturas ni ellos mismos se creen. Morales ha logrado convertir a su religión política a quienes en condiciones idénticas y por acciones y abusos similares hubiesen condenado (de hecho lo hicieron) a otros líderes del país sin pensarlo un minuto.

El proyecto masista tiene demasiados problemas de concepción, es maximalista, se apoya en utopías irrealizables, ha colocado piedras en el camino -pensando en sus enemigos- que acabarán por volcarse en su contra, ha generado demasiadas expectativas que le serán cobradas por sus propios seguidores. Propone una sociedad estratificada e injusta a contracorriente del proceso real de movilidad social, mejora de oportunidades y visiones modernizadoras que encaran desde hace años los propios sujetos que los ideólogos del gobierno caracterizan como parte de unas “naciones indígena originario campesinas” que la Constitución restringe a menos del 25 % de la población total del país. Los problemas fundamentales de ingobernabilidad que Morales heredó no se han resuelto, por el contrario, se han profundizado. No es una buena noticia saber que si Morales dejase de ser Presidente el país volvería al caos. Eso no habla bien del gobernante, ratifica que a costa de su éxito personal nos ha sumido en la polarización la división y el encono.

No hay mucho espacio para el optimismo, pero sí lo hay para darse cuenta de que hay que trabajar sobre esta realidad. Eso implica luchar por recuperar el derecho de ciudadanía igual para todos, exigir el fin de las arbitrariedades en la administración de justicia, tratar de que el Poder Judicial no sea absorbido por el Ejecutivo y si así ocurre denunciarlo sin tregua, demandar el derecho de contar con un sistema plural de partidos, no detenerse un instante cuando se produzcan más violaciones de las ya vividas en este gobierno contra los derechos humanos, desde el sagrado derecho a la vida hasta el de libertades básicas. Que los abanderados y abanderadas de la igualdad de género, de los derechos humanos, de la libertad de expresión y de la vida que hoy, seducidos por el canto de sirena del cacareado “cambio”, denuncien las arbitrariedades del poder desde dentro o que rompan con ese poder como lo exigieron en el pasado.

Hemos vuelto a ser un país con una mayoría que cree poseer la verdad absoluta y que tiene el poder absoluto. Máximo derecho, máxima responsabilidad. Es a cuenta del futuro.

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2 pensamientos en “Tras el triunfo

  1. Hola, he leido tu articulo en El Pais, creo que se te han olvidado algunas “cosillas”, Calderon presidente de Mexico, no gano las elecciones por un pequeño margen, lo que paso es que robo las elecciones a Lopez Obrador, que es muy diferente, yo estaba en ciudad de Mexico en esa fecha, y eso es asi.
    Uribe, ese gran adalid de la libertad ( el pais mas peligroso del mundo para los sindicalistas, casi 500 desde que Uribe esta en el poder, y mas de 1200 indigenas cuyas tierras estan siendo robadas sistematicamente) en toda Latinoamerica y deberias enterarte se sabe que Uribe y los paramilitares son uno, investiga cuando fue Gobernador. Pero a Evo y a Chavez bien que les das caña, porque no te enteras, aqui te dejo nos datos independientes, Fuentes fiables y no vinculadas al “chavismo”: “The Center for Policy and Economy Research” afirma que en la década chavista la pobreza ha bajado del 45% al 255, o sea, a la mitad. y que la pobreza extrema ha bajado del 70% al 7%. Según CEPAL, durante unos años el PIB ha crecido en torno al 9%, habiendo sido de los más altos del mundo. Según UNESCO se ha erradicado el analfabetismo, y según el FMI Venezuela ha saldado la deuda que Chávez heredo, y con respecto a Evo solo hay que ver las ultimas eleciones. Si eres periodistas a decir la verdad, porque sino pasara lo que esta pasando, ya nadie os cree porque habeis perdido vuestra credibilidad, defendeis un modelo que cada vez hay mas gente que discute, a perdon vosotros no discutis nada.

  2. Añorando las epocas pasadas no es posible ser objetivo.
    Muchas palabras para no explicar lo principal.
    Para quien y por quien se gobierna?
    Para minorias con poder económico y hoy sin poder político, o para las mayorias que detentan hoy el poder político?
    Para preservar y perpetuar los intereses y las más de las veces negociados y delitos jamás castigados de una casta de políticos neoliberales o socialdemócratas transformers, que actuaban de operadores de los intereses de sus patrones ?

    Las mayorias tienen el derecho legítimo de llevar adelante su propuesta y las minorias tienen que cumplir su rol en democracia, acatar lo que decida la mayoria. Eso es democracia, cualquier otra interpretación es un intento burdo de justificar lo injustificable.

    “Hemos vuelto a ser un país con una mayoría que cree poseer la verdad absoluta y que tiene el poder absoluto.”
    Tambien tenemos una minoria que cree tener la verdad absoluta, por lo que sus lideres se han obstinado a enfrentarse con violencia y se han topado con un muro solido, formado por el apoyo mayoritario que tiene el proyecto popular de cambio.

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