12 de Febrero de 2003. Diez Años Después. Mi Testimonio

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Edificio de la Vicepresidencia, pasto de las llamas provocadas por una turba, la tarde del 12 de febrero de 2003

Han pasado diez años desde esos amargos días de febrero. Un momento de inflexion en el complejo y atribulado gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada del que formé parte.

Me parece indispensable dar un testimonio personal de uno de los dos días trágicos de hace una década, el 12 de febrero que viví en primera persona. Creo que es imprescindible hacerlo para retratar el clima que se vivió en el centro del poder politico del país. Este texto es un extracto del libro “Presidencia Sitiada” que publiqué en 2008. No es ni más ni menos que un relato de los que hechos que viví y de los que fui testigo directo.

Esos espantosos acontecimientos en medio de violentas explosiones, disparos de armas de fuego, asustados conscriptos de los Colorados en traje de guerra apostados en el hall principal, una nube de gases que en pocos minutos hizo irrespirable la totalidad de los ambientes del edificio, en el momento exacto en que policías y militares se enfrentaban a tiros en el corazón mismo del país, me marcaron emocionalmente de un modo muy profundo.

Una inusual Reunión de Gabinete gracias a un Motín Policial

08:00 del miércoles 12 de febrero de 2003. Me estaba afeitando cuando sonó el teléfono. María Paula Muñoz, jefa de gabinete del Palacio, me dijo que el Presidente había convocado a un gabinete de emergencia para las 09:00 ¿Un gabinete a las 09:00? Eso era muy extraño. Las reuniones de gabinete, muy pocas por otra parte, siempre se convocaban para las 21:00 y empezaban pasadas las 22:00. El Presidente me invitaba a algunas de ellas, aunque como cabeza del Legislativo solo podia tener voz en esas reuniones y no firmaba ningún documento legal del Ejecutivo, particularmente decretos supremos en los que solo se registraban, de acuerdo a la CPE de 1967, las firmas del Presidente y sus ministros. Subí a Palacio. La situación estaba en alerta roja. Persistía el motín policial iniciado el día anterior en el Grupo Especial de Seguridad (GES) de la Policía (cuyo cuartel está a media cuadra de la plaza Murillo), al mando del mayor David Vargas, increíblemente en funciones después de haber protagonizado otro acto sedicioso anterior en abril de 2000, en ocasión de la llamada “guerra del agua” en Cochabamba. Este caso es uno de los tantos que marcan la fragilidad de nuestros valores. Vargas protagonizó un acto de sedición sin atenuante alguno, hecho que la Constitución vigente entonces establecía inequívocamente en su naturaleza y consecuencias en sus artículos 4 y 34. Más allá de las responsabilidades de quienes cometieron excesos y violaron derechos humanos en esos dos días (a los que se le abrió sendos procesos), está claro que Vargas debió ser juzgado y condenado por la justicia ordinaria por el delito cometido dos veces en dos motines policiales que él organizó. Increíblemente y por el contrario, logró ser elegido por voto popular como asambleísta constituyente en 2006 y fue parte de los 255 ciudadanos que intentaron redactar la Constitución promulgada en 2009 después de su precaria sanción en Oruro en 2007.

El nuevo motín coincidió “oportunamente” con la presentación al Congreso de un proyecto de ley de incremento de impuestos. Las demandas de los uniformados tenían que ver con aumento salarial y mejora de las condiciones de infraestructura cuartelaria. Los policías se mantenían levantados y de hecho habían tomado parte de la plaza principal y el edificio del ministerio de Relaciones Exteriores. Las consideraciones en nuestra reunión fueron operativas. La consigna del Primer Mandatario fue no ceder, pero negociar persuasivamente con Vargas y sus amotinados. Ecuación harto difícil de cuadrar. La responsabilidad fue dele- gada a los ministros Carlos Sánchez Berzaín de la Presidencia, Alberto Gasser de Gobierno y Freddy Teodovich de Defensa. El gabinete fue más bien breve.

Un Aumento de Impuestos Calificado Intencionalmente como “El Impuestazo”

Nos quedamos en Palacio algunos ministros (cinco que rotaban según la gravedad de los hechos), el Presidente y yo. Nos trasladamos al despacho para hacer un análisis del tema de los impuestos que había encrespado al país. La situación económica era dramática, el déficit incontrollable (Sánchez de Lozada había heredado un deficit monumental, casi 9% del PIB en un contexto de precios internacionales de nuestras materias primas entre cinco y ocho veces más bajos que los que beneficiaron al gobierno del Presidente Morales) y el Presidente se empeñaba en no apelar al aumento de los hidrocarburos que, según creía, sería mucho más grave para la economía popular porque afectaría los precios directos del gas licuado y generaría obviamente un alza automática de los precios de los productos básicos. El alza de impuestos, en cambio, afectaba a menos del 5% de la población y menos del 25% de la población asalariada. Pero el impacto mediático había sido devastador. Mientras conversábamos, la plaza se fue llenando como por cuentagotas. Increíblemente, nadie había dispuesto una medida preventiva elemental, cerrar totalmente el acceso a ese espacio que era el epicentro del conflicto policial.

La Presencia Organizada y Friamente Calculada de los Estudiantes del “Ayacucho”

La Respuesta de EE.UU. a su Supuesto “Mejor Aliado”

A eso de las 10:30, grupos de maestros conducidos por Vilma Plata, intransigente dirigente trotskista del magisterio, comenzaron a corear estribillos contra el gobierno en grupos de 30 a 50 personas dispuestos en la esquina próxima a nosotros. Los gritos hacían imposible seguir la conversación. El Presidente decidió que fuéramos al dormitorio ubicado al otro extremo del edificio, colindante con la catedral. Pintado en tonos de gris con una hermosa pero discreta cama metálica de estilo ecléctico de principios de siglo, era una habitación sobria. Sánchez de Lozada se sentó sobre la cama y pidió una llamada a Washington para hablar con el Secretario del Tesoro de Estados Unidos y pedirle un apoyo directo al presupuesto boliviano de 120 millones de dólares, que permitirían flexibilizar la ley de nuevos impuestos y encarar un futuro macroeconómico negro. Progresivamente, los gritos y el estruendo de fuera iban creciendo. Salí del dormitorio a la salita que separa a éste del comedor y miré lo increíble.

Un grupo de adolescentes del colegio Ayacucho se había congregado delante de la fachada del edificio y de pronto, perfectamente coordinados, empezaron a apedrear las ventanas de la Casa de Gobierno ¿De dónde habían salido las piedras? De las mochilas que llevaban en la espalda. Comenzó el delirante ataque que destruyó todos los vidrios de la planta baja y algunos del segundo piso.

En tanto, el Presidente había recibido una respuesta de Washington que con absoluta razón consideraba insultante e inaceptable. El Secretario del Tesoro le ofreció un apoyo al TGN de ¡15 millones de dólares! Exasperado, le espetó a su interlocutor en perfecto inglés, que con eso no tenía ni para pagarse los puros que fumaba y colgó. Minutos después, el jefe de la Casa Militar nos pidió a todos que abandonáramos la habitación y fuésemos a la parte trasera del tercer piso. Nos trasladamos a la oficina de María Paula, Jefa de Gabiente del gobernante. Encerrados allí, la conversación abordó cuestiones de macroeconomía, como en una intención no dicha de separarse de la dramática realidad que se vivía en ese momento.

La Sombra del Colgamiento de Villarroel

Volví a la ventana exterior de la salita casi furtivamente y lo que vi era el infierno. Disparos de gases, una nube de humo que hizo desaparecer casi completamente la silueta de   personas, árboles, monumentos y edificios. Luego, esporádicos estampidos de bala. De pronto, apenas entre las brumas del humo, a unos treinta metros de mi línea de vista, el busto del presidente Gualberto Villarroel colocado debajo del poste donde fue colgado por una multitud enardecida. Imaginé el 21 de julio de 1946. ¿Cómo habíamos llegado a esta locura? Estaba viendo matarse a soldados y policías, era una enajenación que para las 20:00 de ese día se apoderaría de la ciudad entera. Sentí, cargado de adrenalina, que ese horrible episodio de una turba entrando a Palacio en busca del Presidente ocurrida más de medio siglo antes se podría repetir. Fue como un fogonazo. Comencé a sentir un intenso picor en la garganta. Un oficial que entraba apresuradamente a la sala me instó a retirarme de la ventana de modo imperativo. ¿No me daba cuenta de que disparaban contra la fachada de Palacio? Al volver a la oficina el hall lleno de soldados asustados y desconcertados. Habían prendido fuego en el centro del hall de piso de madera, encima del anillo metálico con el anagrama RB (República de Bolivia), todo un terrible mensaje. Los gases habían invadido todo. Un par de militares sellaron la oficina en la que estábamos con masking plateado para evitar el paso de los gases.

Hacia las 13:00 la situación era dramática, volaban los comentarios y los rumores. Se hablaba de un capitán muerto en el techo de Palacio. Las explosiones no cesaban. Todo había comenzado cuando la Policía Militar disparó gases desde el Palacio para dispersar a los alumnos del Ayacucho. Como enseñados, los amotinados que copaban la mitad superior de la plaza, a despecho de una fallida negociación pacificadora del ministro Teodovich, respondieron con una andanada de gases. La Policía reforzó posiciones desde la esquina de la calle Ballivián. El Ejército concentró tropas que llegaron por la calle Ayacucho. Días después vi las imágenes grabadas por la televisión, era aún peor de lo que pude entrever en esos minutos tras la ventana. Pero la situación emocional desde adentro fue demoledora. Percibí entonces que todo lo que había hecho desde el 2 de febrero de 2002 había sido un gran error.

La Salida de Palacio

Casi a las 13:30 el jefe de la Casa Militar le dijo al Presidente que no podía garantizar la seguridad del edificio y que temía ser rebasado. Le dijo que era su deber pedirle que abandone Palacio. El Presidente, que se había negado a salir cuando el enfrentamiento comenzó, no dijo nada, simplemente esperó la preparación del operativo de salida.

Una de las tonterías mentirosas que se dijo entonces y que quedó como verdad es que Sánchez de Lozada salió escondido en una ambulancia. No es cierto, salió en el auto presidencial, como parte de una caravana que integraba una docena de vehículos. Habría que ser extremadamente inepto para escoger una ambulancia teniendo el auto presidencial blindado (el único vehículo blindado que había en Palacio ese día) que era la mejor garantía de su seguridad, particularmente en los cien metros que separan la puerta trasera de Palacio de la esquina de la Ayacucho y Potosí, por donde doblamos en contra ruta. Yo iba en la vagoneta de seguridad que seguía al auto del Presidente. Estaba en el asiento trasero, flanqueado por mi jefe de seguridad y un oficial de Policía que sujetaban con la mano cada uno un chaleco antibalas cubriendo las ventanas, pues la vagoneta no era blindada. Lo increíble es que cuando llegamos al Prado, la circulación de vehículos y peatones era absolutamente normal. Era algo surreal, estaba claro que vivíamos tiempos de desquiciamiento.

Una tensa Tarde en la Casa Particular del Presidente

Pasé toda la tarde en la casa particular del Presidente en Obrajes. Dos sensaciones me acompañaron en todas esas horas, la de una confusión total y la absoluta falta de mando. Fue la única vez que vi al Presidente abrumado, como ausente, como si hubiese perdido la voluntad. Casi no hablaba, estaba totalmente ensimismado, extraño. Los ministros no atinaban a tomar decisiones coherentes. Nadie sabía qué hacer. Los enfrentamientos en la plaza habían bajado de intensidad hacia las dos de la tarde, pero se mantenía la tensión y disparos aislados. A las 15:00 se percibió que la ciudad, sin gobierno, sin Policía, estaba abandonada a su suerte. Comenzaron los ataques a puntos escogidos. Grupos organizados, disfrazados de lumpen y mezclados con lumpen, fueron destruyendo hasta el anochecer las sedes del MIR y el MNR (el incendio en las oficinas del principal partido de gobierno fue de tal magnitud que el edificio, una bella casa de principios del siglo XX, se desplomó completamente, quedando sólo la fachada exterior), varios ministerios y la propia vicepresidencia.

La Llamada que me hizo Ana María

A las 15:30 me llamó Ana María Romero, Defensora del Pueblo, y me dijo que había que pedirle al Presidente que retire el proyecto de ley del alza de impuestos. Creía que era la única forma de evitar una catástrofe mayor. Me reuní con él y le transmití el pedido. Por única vez desde que lo conocí no discutió ni argumentó. Llamó a su yerno que estaba en permanente contacto con los asesores del gobierno en Washington (el mismo equipo de la campaña electoral) y le pidió que organizara el comedor para dar un mensaje a la nación. A las 16:30 habló brevemente al país. Parecía un hombre ausente y no transmitió convicción alguna. Es sin duda el momento en que lo vi más herido del alma, pero extrañamente su reacción en los meses siguientes fue un atrincheramiento mental y un aislamiento progresivo de las calles, del país.

Mi Apocalipsis. El Incendio del Edificio de la Vicepresidencia

Cerca de las 17:00, mi jefe de seguridad, Carlos Saravia, me advirtió que un grupo de vándalos se acercaba a la vicepresidencia y que el equipo de seguridad estaba en situación muy precaria y con apenas unos pocos gases lacrimógenos. Le pedí al Ministro de Defensa que ordenara que una compañía de Palacio bajara a proteger el edificio, ubicado apenas dos cuadras abajo. Llamó y pidió el refuerzo delante mío. No ocurrió nada. En ese momento quedó claro que las FFAA habían decidido no intervenir y lo que es más grave, pasar por alto las órdenes del poder civil. La Policía, por supuesto, se acuarteló y dejó las calles a merced de los asaltantes.

A las 17:00 de ese 12 de febrero miré por televisión cómo comenzaba a incendiarse el edificio de la vicepresidencia y no pude contener las lágrimas, eran una respuesta de dolor, impotencia y sensación de fracaso. Sentí que no había protegido la casa que se me había encomendado (más allá del heroico comportamiento de mi equipo de seguridad y de los muchachos y muchachas de la carrera de Historia, que protegieron el archivo de la Biblioteca del Congreso). Me pareció que todas las ilusiones del servicio público comprometidas el 6 de agosto al jurar al cargo se hacían pedazos. Es una imagen imborrable en mi alma, porque simbolizaba mucho más que el fuego consumiendo el salón principal de la bella edificación diseñada y construida por Emilio Villanueva (otra extraña conexión. Admiré siempre profundamente a Villanueva y su obra arquitectónica y urbanística por La Paz, escribí en 1976 el primer ensayo de revalorización de una figura olvidada entonces e hice una entrañable amistad con su hija Nelly, con quien organizamos una exposición de su obra conmemorando el primer centenario de su nacimiento).

Ni la exhortación que hizo el Presidente más tarde, flanqueado por los comandantes de las FFAA y la Policía (ambos sin ningún compromiso emocional en lo que se decía), ni la conferencia de prensa que di al comenzar la noche en el Palacio Legislativo para pedir la paz, cambiaron el desarrollo de los hechos violentos de las horas subsiguientes que dejaron un saldo de 30 muertos, varios ministerios y edificios públicos destruidos, entre ellos una parte del Palacio Legislativo y de la vicepresidencia.

Está claro que febrero fue el anunció de que un ciclo de la historia terminaba, de que el gobierno del que formaba parte estaba herido de muerte. La mayor parte de los miembros de la coalición gobernante no lo entendió así.

El paso del tiempo me permite consolidar mi apreciación sobre esos hechos. Nada fue gratuito ni espontáneo. El motín coincidente con una proyecto de Ley moderado y para nada un impuestazo como se hizo creer a la población, la llegada de los alumnos del Ayacucho con piedras en sus mochilas, la reacción desproporcionada de los amotinados ante los gases de la PM, los saqueos e incendios a objetivos simbólicos como las sedes de poderes del Estado y de partidos de gobierno. ¿Espontáneo? ¿No organizado? ¿Producto de acciones desorganizadas del lumpen?

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20 pensamientos en “12 de Febrero de 2003. Diez Años Después. Mi Testimonio

    • Estimado Sr. Meza:

      El artículo al que hice referencia, y que creo es este mismo, se llamaba “Crónica Personal de los hechos del 12 de Febrero de 2003”.

      Perdón si estoy equivocado.

      Un abrazo.

      • Me pareció relevante que a los 10 años del acontecimiento poner de relieve ese testimonio personal. He hecho algunas precisiones, breves ampliaciones y un subtitulado más específico del texto

      • Estimado Sr. Presidente:
        Gracias por su explicación. No estaba seguro pues lo leí en su libro y, no estaba seguro del Blog. Lo volveré a leer con detalle pues las anteriores veces disfruté con su lectura.
        Un abrazo.

  1. Me parece excelente, es muy importante refrescar la memoria, y mostrar los hechos tal cual han sucedido. Una lección de historia de primera mano a las nuevas generaciones. Felicidades Carlos
    Samuel.

  2. Pingback: 12 de Febrero de 2003. Diez Años Después. Mi Testimonio «

  3. Mala como fue, la cosa pudo haber ido peor. Para muestra un botón. Entonces era yo Gerente de Comunicación Corporativa en Soft Drink Sevices, que tenía sus oficinas en el edificio Ketal, en la calle 15 de Calacoto. Algunas de nuestras ventanas tenían vista hacia las instalaciones del Colegio Militar, las más cercanas situadas a unos 100 metros. Nuestro jefe de seguridad, un mayor de la Policía, se presentó poco después del mediodía en uniforme camuflado y con un rifle de francotirador, con mira telescópica. El tipo estaba alterado. Cuando lo vi entrar así me alarmé. No recuerdo nuestro intercambio de palabras, pero su intención era, eso sí recuerdo bien, vengar a sus camaradas muertos en la Plaza Murillo. Evitando mostrar mi temor, le ordené con firmeza que guardara el arma y se retirase de la oficina de inmediato hasta que se le enfriase la cabeza. Sorprendentemente, no tomó mucho convencerlo y así lo hizo.

  4. Carlos:
    Soy Juan Manuel Fajardo, escribo para el periódico “La Patria” de la ciudad de Oruro hacen varios años, publicando mis trabajos en la separata El dominical; en el ejercicio periodístico he realizado varias entrevistas, la última al escritor Néstor Taboada Terán en diciembre del 2012 (La Patria, 20 de enero del 2013). Por aquel año que Ud., asumió la Vice presidencia de Bolivia (2002), escribí un artículo titulado “EL INTELECTUAL EN LA POLÍTICA”, que se quedó en el tintero y nunca lo publiqué, quizá, porque preferí conocer el resultado de su gestión. Los criterios que exponía en aquella nota, cuya parte introductoria le transcribo, le dirán que la opinión mía y, mi inquietud de aquellos años respecto, de la personalidad suya, es del convencimiento de que antes de todas las virtudes que hacen a su trayectoria, el de ser humano y un boliviano de bien, es la mejor. Considero que habiendo pasado diez años, sería importante conocer sus impresiones, sobre diversos tópicos, que ahora conforman los elementos políticos económicos y sociales, del torbellino que parece sacudir Bolivia desde el 2003; por ello, le consulto si Ud., accedería a responder a un INTERVIEW, que así, se denomina mi columna en El dominical citado. Dos trabajos suyos “La trampa de los movimientos sociales” (Los Tiempos 6/03/2011) y “El presidente Morales y el mar” (Los Tiempos 13/02/2013) me motivan a esta petición.
    EL INTELECTUAL Y LA POLÍTICA
    (Este es un fragmento del artículo referido).
    La pregunta se mantiene latente: ¿Por qué ingreso en política Carlos D. Mesa?. Conociendo la amplia trayectoria del interpelado, es necesario considerar probables respuestas: Obligación, desafío personal o responsabilidad. El lado positivo o negativo de la actuación del hombre de letras, en la acción de gobierno y, el lado positivo o negativo de esta participación, se debate desde la época de Platón o quizá antes. Algunos buhoneros respecto de esto último le auguran a Carlos D. Mesa, que si le fuere mal, o actuare mal en política, su carrera como periodista o intelectual estaría terminada o muy dañada; el problema no es nuevo, en todas partes del mundo se cuecen habas, muchos profesores, hombres de ciencia de diferentes países de distintas corrientes ideológicas, con puntos de vista similares o divergentes, han asumido una posición política, y se han pronunciado en muchos foros internacionales alrededor de una idea: “La necesidad del intelectual de mantenerse fiel al compromiso con su tarea; de ser como lo llamo Julian Benda, la conciencia de la humanidad”… Al aceptar el cargo gubernamental, su objetividad no deberá anularse, ni perder su libertad de acción, ni abandonar su verdadera misión de juzgar los hechos objetivamente y actuar en consecuencia, siempre que se den circunstancias favorables para ello. El aislamiento y el retiro ya no es posible. Lo voceros intelectuales y los conductores morales de este tiempo, deben probar mientras, viven, la aplicación de sus ideas.

    Correo electrónico: mafefajar@gmail.com
    Celular: 70721359

    • Como verá, han pasado varios años desde que dejé la presidencia, sigo escribiendo en los medios, pronto publicaré un libro de ensayos sobre el mestizaje. Entre 2005 y hoy publiqué dos libros y coordiné uno. La política pasó, pero sigo siendo el mismo de siempre

      • Por favor podria enviarme su correo electronico. Le consulto nuevamente con mas absoluto respeto, si acepta la entrevista referida en mi anterior mensaje, y quizas podriamos hablar sobre el libro de ensayos a publicar por usted.

      • Complementando mi anterior mensaje podria enviarle las preguntas de la entrevista, lo que tambien le consulto.

  5. Lei el libro de presidencia situada varias veces y creo que es un libro que deberiamos leerlo todos los que vivimos esos momentos historicos, coincido que este acontecimiento fue el que marco el inicio de todo lo que sucedio despues, ahi una frase que me quedo de manera muy profunda “No estoy dispuesto a matar”

  6. Mucho respeto para el intelectual ex presidente carlos mesa. Creo sinceramente que se va morir sin entender al pueblo, lo que esta escrito en luenguaje bonito y agradable traduce simplemente culpables , sea valiente una vez en su vida y culpe a evo morales de lo sucedido, no existe el sentimiento de un pueblo simplemente culpables eso expresa en lo que dice y tambien creo que como todo ser humano miente. Disculpeme usted es un gran intelectual pero creo que la diferencia entre usted y el actual presidente evo morales es avismal la historia asi lo dira

  7. Tuve la suerte, y el honor, de conocer a Carlos Mesa, mi primo boliviano ( yo soy español como su abuelo paterno), hace tres años en uno de sus viajes a España con motivo de ser nombrado Hijo Adoptivo de Alcalá la Real, pueblo del que eran oriundos su abuelo y mi abuela que eran hermanos. Hubo reunión familiar para conocer al “primo americano”, que así lo llamaba la familia, y todos quedamos impresionados con su carismática y gran personalidad. A nadie extrañó que hubiese llegado a tan alta cota como era la presidencia de Bolivia, su país, y todos nos sentimos orgullosos de ello. Fueron apenas dos días y tuvimos el tiempo justo de hablar de lo que es habitual en estos casos, esto es, asuntos familiares, recuerdos, etc., de todo en general menos de política. Hoy, casualmente, he leído el relato de los sucesos de Febrero de 2003 y me he quedado impresionado. No voy a entrar en valoraciones, que no me corresponden y que supondrían una intromisión por mi parte, sobre la política, que sigo con interés, del actual presidente Evo Morales. Además debo confesar que no sería imparcial. Pero sí voy a dar testimonio de la altura moral, ética e intelectual de Carlos Mesa, de su honestidad, de su impecable y limpio tránsito por los escabrosos, y a veces enlodados, caminos de la política. Por eso, Sr. Plaza, creo que no está en lo cierto cuando dice que Carlos Mesa miente o no es valiente por evitar la confrontación con Evo Morales (así he entendido sus palabras). No se equivoque. Lo que creo está evitando es la crispación y el enfrentamiento, ambos poco aconsejables para actual situación del país. En lo que sí estoy de acuerdo con Ud. es en que la diferencia entre ambos es abismal. Saludos

    • Querido Valeriano:
      Tus palabras me conmueven, no sólo porque vienen de un pariente, de alguien de la familia, aquella cuya saga española es tan grande y cuya saga boliviana representó mi abuelo José y mi padre, también José (el hermano de mi padre, Arnaldo, murió a los 21 años). Somos pues la única rama orgullosamente boliviana de la familia Mesa. Más allá del tema de mi presidencia, está el tema humano, que es lo que en estas pocas líneas destaco.
      Esos dos días inolvidables en Alcalá la Real se quedaron marcados en mi alma.
      Un grande abrazo

      • Querido Carlos, gracias por tu cariñosa contestación pero me he limitado a expresar mis sentimientos y ,creo con seguridad, los de toda la familia. No sé si este es el sitio adecuado para una pregunta de carácter privado ( me parece más bien un lugar de debate u opinión para tus compatriotas en el que yo me he colado sin permiso, por lo que les pido disculpas) pero me gustaría saber si tienes previsto algún viaje a España próximamente. Me avisaron, no recuerdo si el año pasado o el anterior, que venías de nuevo a España, con visita a Alcalá incluida, pero razones de salud me impidieron asistir y darte un abrazo. De modo que te debo una y para la próxima te daré una grata sorpresa. Un fuerte abrazo

      • Querido Valeriano:
        En los próximos meses no, pero en cuanto sepa y tenga fecha y viaje, te lo hago saber, para ver de reunirnos. Un abrazo

      • Magnífico, Carlos. Seguiremos en contacto. Un abrazo

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