Flaminio Rufo y La Inmortalidad

borge 03

Publicada el 6 de enero de 2013 en Página Siete, Los Tiempos, Correo del Sur y El Potosí

Flaminio Rufo tiene sed. Herido por una flecha cretense, está invadido por la codicia de una idea que le ha plantado en la cabeza un jinete moribundo llegado de Oriente que buscaba el río secreto que purifica de la muerte a los hombres. Río que baña la ciudad de los Inmortales.

Todo lo ha perdido el tribuno romano en busca de tal ciudad. Cuando la halla se encuentra con un extraño laberinto de oscuros e interminables muros, escaleras sin destino y pasillos inverosímiles, y casi siempre la repetición de nueve puertas hasta llegar a mirar un cielo púrpura. Al final de un largo ascenso en medio de la oscuridad y el silencio estridente, Flaminio ve un solo y ominoso edificio.

El romano agobiado execra la ciudad y afirma para sí que es fabrica de los dioses, piensa luego que los dioses que la edificaron están muertos, para concluir que los dioses que la hicieron están locos. Nadie, mientras la ciudad exista, podrá ser feliz.

Flaminio Rufo ha encontrado en el camino a un grupo de trogloditas que compara con los monos. Uno de ellos lo sigue en su peripecia aunque el tribuno no logra descifrar un solo gesto de humanidad en el grisaceo personaje. Lo llama Argos por una extraña remembranza que tiene del perro de Ulises en la Odisea.

El troglodita, finalmente, balbucea unas pocas palabras después de haberse puesto de pie emocionado y recibir sobre el cuerpo infinito las gotas refrescantes y extasiantes de una intensa e infrecuente lluvia. “Este perro tirado en el estiércol”, dice. Flaminio ha visto ya a otros hombres como este inmóviles, tanto, que los pájaros anidan sobre su pecho. Quien ha hablado debajo de la piel ceniza de ese extraño nominado Argos es Homero, quien mil cien años antes ha escrito la Odisea. El mismo que después ha cantado a las ranas y los ratones, el rapsoda que creó el orden y que luego hizo el caos.

Borges, autor de “El Inmortal” el primero de los relatos de “El Aleph” (1949), reflexiona sobre la ciudad hecha por los dioses enloquecidos que le han dado la espalda a los hombres porque, al fin, son tan distintos a ellos. Los Inmortales que la asolaron, la han abandonado y han construido en el otro extremo esa informe ciudad en la que los sueños se desvanecen y las esperanzas se consumen en un tiempo que, interminable, se congela. Son ahora los trogloditas. Los actos de los Inmortales son ecos de otros actos sin principio y sin previsible final.

Inmortales, reflexiona Flaminio Rufo, son todas las criaturas menos el hombre, porque todas menos él ignoran la muerte. La mortalidad, en cambio, sujeta a lo imprevisible, al azar, a la primera vez, al descubrimiento, a la incertidumbre, permite la esperanza.

El escritor ironiza sobre las religiones monoteístas, la judía, la cristiana y la musulmana, que cantan el primer siglo que justifica todos los demás, destinados al premio y al castigo por lo ocurrido en ese primero, el momento del génesis.

El ilustrado romano presiente, igual que el gran Homero vagabundo y titubeante troglodita preso de su memoria fragmentada por el tiempo interminable, que igual que el río de la inmortalidad, existe el río cuyas aguas la borran. Para salvarse inicia la búsqueda de esas nuevas aguas.

Rufo recorre la tierra y es combatiente junto a Harold Hardrada en Stamford, redactor de los siete viajes de Simbad, jugador de ajedrez en Samarkanda, astrólogo en Bikabir y Bohemia, suscrito a los seis volúmenes de la Iliada de Pope, hasta que en 1921 encuentra las aguas del río que le devuelve el dolor y la mortalidad.

Hay algo más hondo en este tránsito por el desierto y por la historia. Flaminio Rufo es uno y es muchos. Todos somos uno y el otro, todos somos Homero y Dante y Shakespeare y Cervantes. Todo lo que ha sido dicho vuelve a decirse en otras voces, hay algo que mezcla la infinitud en uno y el mismo, y en el otro y los otros.

Nada que yo diga no ha sido ya dicho, nada que yo haga no ha sido ya hecho. Paradójicamente el descubrimiento de esa realidad marca la insoportable constatación de que nada transcurre al repetirse todo. Por eso, la verdadera salvación de la vida es la certeza de la muerte, la de la finitud.

Los dioses nada tiene que ver con los hombres. El descubrimiento más terrible de Flaminio Rufo es que la inmortalidad es una maldición. Su alma codiciosa buscó una absurda quimera que se transformó en pesadilla.

El tiempo existe porque mide el principio y el final, le da sentido a nuestras vidas porque, arbitrario como es, dilucida en parcelas exactas la razón de nuestras arrugas y nuestros achaques, la dimensión de nuestra tarea. Marca también el segundo exacto en que la muerte nos espera. En ese instante, es obligado dejar a un costado todas las empresas que acometimos estén estas terminadas o no, las mismas que acometieron a lo largo de todos los siglos precedentes todos los que fuimos y que acometerán todos los que seremos. Y, mortales como somos, habremos sido solo uno, por mucho que hayamos sido todos.

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6 pensamientos en “Flaminio Rufo y La Inmortalidad

  1. es la situacion de un ser que se percata de que tamnbien quiere ser otro ser siendo lo que es desea comparase con quien no es que al final logra su inmortalidad solisitando su final. me parece una literatura abundante…

  2. Estimado Carlos

    Fue un verdadero gusto en poder conversar contigo la semana pasada y ponernos al da sobre temas de inters comn. Daremos seguimiento a las ideas que surgieron respecto a lo de SCZ, y sobre la posibilidad de que te invitemos como orador a algunos de los foros que organizamos en el IICA. Te ir manteniendo informado y te enviar informacin que te pueda ser util.

    He revisado los datos que comentaste sobre las exportaciones bolivianas y son verdaderamente asombrosas!!! …..hasta poco explotadas por el gobierno, dira yo.

    En el caso de Costa Rica se ratifica lo que comentamos, el pas export $US10,631 millones en el 2011.

    El principal producto de exportacin de Costa Rica son los componentes electrnicos para microprocesadores.A este le siguen la pia, el caf, el banano, equipos de infusin y transfusin de suero y cientos de productos ms.

    70% de sus exportacionesestnbajo mecanismos de acuerdos comerciales bilaterales con China, EE.UU, Per, Singapur, y recientemente Colombia y la UE, entre otros.

    Te sigo en el blog…

    Un gran abrazo para ti, Elvira y tus hijos.

    Diego Montenegro

    • Querido Diego: Fue un verdadero placer la conversacin del otro da. En el caso de Bolivia, las cifras macro son ms que sorprendentes, simplemente increbles. Me encantar estar en alguna reunin internacional organizada por ustedes. un abrazo y saludos a la familia El 09/01/2013, a las 10:06, Carlos D. Mesa Gisbert escribi:

      > > New comment on your post “Flaminio Rufo y La Inmortalidad” > Author : Diego Montenegro (IP: 186.4.13.144 , 186.4.13.144) > E-mail : jdmontenegro79@yahoo.com > URL : > Whois : http://whois.arin.net/rest/ip/186.4.13.144

  3. Interesante.
    Todo lo relacionado a exportacion de materias primas, son bienvenidas, sirven para practicar, me gustaria relacionarme con uds. los mercados que encontramos y a disposicion son obesos, y actualmente estan stopped by force majeure y en corto plazo entraran en accion. para eso hay que fortificarlos con lo que a nosotros nos sobra .
    Don Carlos, en sus manos esta la decision de ampliar su circulo, mi correo puede utilizarlo responsablemente, confio en ud, por lo demostrado en lo largo de su trayectoria. desearia franca y seriamente estructurar un sistema privado para industrializar nuestros minerales, la tecnologia no es problema, en cambio, la implementacion de esta, es lo que me interesa decodificar segun los codigos impuestos a ultranza por los sabiondos del momento.

  4. Las metáforas de Borges son cartesianas, por eso trágicas y humanizantes. La mortalidad es nuestra realidad: es la única forma de comprender que nuestras realizaciones tienen sentido mientras estemos vivos y junto a nuestros semejantes. La inmortalidad es dominio del mito, de la religión y a veces de la historia, cuando se la intenta calzar con objetivos totalitarios.

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