Celebrando las Autonomías

Publicado en Poder y Placer Nº 36

Las autonomías son un gran triunfo histórico, el triunfo de quienes demandaron desde el siglo XIX la opción del federalismo como un camino razonable para Bolivia.

El nudo de la controversia en el debate entre unitarismo y federalismo estaba en nuestro complejo nacimiento (ni con Lima ni con Buenos Aires). La visión unitaria partía de la premisa de que el país tenía tendencias centrífugas que se acelerarían si se cambiaba de sistema, peor aún si, como era evidente, nuestros vecinos tenían tendencias anexionistas o, cuando menos, de voracidad para con territorios con casi nula presencia humana y con la consecuente ausencia del dominio soberano desde el Estado.

Esa visión se fue reafirmando con el tiempo hasta generar la teoría de que el federalismo era, de algún modo, una línea de pensamiento contraria a la patria y fomentada por sus enemigos.

Romper ese mito fue largo y complejo. Probablemente, además, en nuestros primeros cien años de vida, cuando nuestra consolidación nacional desde el punto de vista más básico, el de la afirmación geográfica no estaba bien asentada, el unitarismo cumplió un papel necesario. Necesario sí, pero con un alto costo para regiones olvidadas de las que se prescindía sin más. Una realidad que comenzó a cambiar recién en la segunda mitad del siglo XX.

La explosión autonómica vino de la mano del desarrollo objetivo de una zona que podía hacer contrapeso real al centro del poder, La Paz, que durante los siglos XIX y XX se había consolidado como una región políticamente indiscutible, demográficamente mayor y económicamente más poderosa, en buena medida por su ubicación estratégica en el marco del macizo andino.

Cuando esa otra región, Santa Cruz, creció desde los llanos en poder económico, demográfico y aún político, llegó el momento. Dados los prejuicios contra el federalismo, el término y el concepto matriz que se acuñó desde allí fue el de las autonomías.

Me precio de haber acompañado esa lógica irreversible e, igual que con la llamada agenda de octubre, haber escuchado la voz autonomista desde Santa Cruz primero y desde Tarija después. Conduje el primer gobierno del país que asumió como propio el proceso autonómico. En mi discurso inaugural hice una referencia explícita al tema: “Tomo la propuesta nacida del departamento de Santa Cruz que busca la refundación de Bolivia…como una base de discusión”. Esa propuesta incorporaba formalmente a las autonomías. El 20 de abril de 2004 dije: “Creo que tenemos que hablar hoy de gobiernos departamentales autónomos, la autonomía de los departamentos es un camino que tenemos que seguir…la elección directa mediante el voto popular del prefecto y los consejeros departamentales”. Acompañé palabras con hechos a través de dos decretos, uno de fortalecimiento de los gobiernos departamentales (27431) y otro de descentralización de la salud y la educación (27457). El 28 de enero de 2005, el día del primer gran Cabildo (que respeté, garantizado cero provocaciones violentas de las fuerzas del gobierno), firmé el DS 27988 que convocaba a elección de prefectos. El 8 de abril mi gobierno promulgó la ley 3015 para la elección de prefectos. Finalmente, el 2 de junio de 2005 convoqué mediante decreto (28195) a referendo de autonomías para el 16 de octubre de 2005; la elección acabó llevándose a cabo el 18 de diciembre de ese año. Sin esas medidas el proceso no se hubiese iniciado. La vocación centralista del nuevo Presidente electo hubiese llevado las cosas por otro camino que hubiese retrasado y complicado mucho más la ruta autonómica. Nuestras decisiones llevaron a la elección simultánea de Presidente de la República y prefectos, que fueron el punto de partida para el proceso autonómico. Morales se encontró con la democracia departamental en marcha sin vuelta atrás posible.

Es legítimo reivindicar una vocación acompañada por hechos, más allá del vendaval interesado en nuestra contra, más allá de que sectores de poder de las propias regiones autonómicos, de modo consciente intentaron desinformar, manipular y desnaturalizar nuestro espíritu, forjado no sólo por una vivencia íntima, sino por la acción expresa de cruceños comprometidos con el momento que nos tocaba vivir y que desde la prefectura cruceña y el ministerio de Participación Popular, impulsaron una iniciativa que cristalizó en autonomías.

Hoy, se podrá pensar que lo que la Constitución y la Ley Marco de Autonomías señalan es insuficiente, en efecto, es así, pero los nubarrones pasarán y cuando pasen, la realidad de la autonomía y su aplicación plena, tal como debe ser, sin cortapisas y sin mutilaciones desde el centro, se hará realidad.

Las autonomías están entre nosotros y tienen una magnitud equivalente al proceso de incorporación plena de los derechos de los pueblos indígenas del país. Un logro que comenzó a hacerse realidad a partir del 17 de octubre de 2003.

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Un pensamiento en “Celebrando las Autonomías

  1. Evidentemente las autonomias estan ahora con nosotros conviven con nosotros todo el pais es autonomico,pero existe un largo camino por recorrer para poder llegar a una autonomia plena en las regiones y para este hecho nesecitamos mucha educaciòn para comprendernos entre aymaras, cambas, quecg huas y chapacos y muchos mas que existen en el pais, algo dificil pero no imposible algo que seguramente lo haran nuestros niños bolivianos a os que debemos educar sin prejuicios, sin racismos hacerles comprender que todos somos bolivianos y que todos tenemos derechos y obligaciones y que este pais es de todos nosotros.

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