Billetes y Próceres

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Billete de 10.000 peso con la efigie de Andrés Santa Cruz, emitido en 1985, que apenas estuvo en circulación un par de meses debido a la galopante hiperinflación que vivía el país entonces.

Cada proceso político tiene sus héroes. Este, por supuesto, también los tiene. Sus efigies pueblan el imaginario de lo que quieren representar y para ello se levantan sus altares. Hay que decir que en una nación tan proclive al olvido o a la indiferencia, a la falta intencional o no de memoria histórica, son pocos los que quedan como referentes verdaderos y permanentes de la construcción de la nación boliviana.

En tiempos en que el nacionalismo peca de excesos y desmesuras que pretenden la sacralización de una forma política de origen decimonónico, es complejo establecer una dimensión racional y sensata de un pasado común que permita explicar lo que somos sin perder de vista nuestra pertenencia a espacios mayores como los de América Latina y el extremo occidente, de los que formamos parte indisoluble.

Los billetes son el refugio ideal para la transmisión de esa imagen, aunque está claro que quienes los usan en el diario vivir se percaten muy poco de quienes ilustran el papel moneda cuyo verdadero sentido está en el valor que cada uno de ellos tiene como instrumento fundamental de una determinada transacción.

Si nos remitimos a los sobrevivientes de esa imaginería no podemos menos que aceptar la fuerza con la que se impusieron nuestros dos próceres emblemáticos: Simón Bolívar y Antonio José de Sucre repetidos hasta la saciedad desde que en 1827 apareciera la efigie de Bolívar en la primera moneda de la República. Los libertadores dominan la iconografía de monedas y billetes del país de manera obsesiva (alguien con causticidad recuerda que el mayor mérito de ambos próceres parece ser el haber nacido fuera de Bolivia).

Llegaron a su turno Pedro D. Murillo, Germán Busch y Gualberto Villarroel, es que la Revolución Nacional hizo su propio panteón. Se incorporó entonces –no fue un detalle- la imagen de un indígena tocando el pututu y otro de rostro firme y sugerente como símbolos de un protagonista colectivo pero anónimo. En los años de la hiperinflación se incluyeron como afirmación de una maldición a Eduardo Abaroa, Juana Azurduy (la primera mujer en un billete si descontamos a los familiares de Patiño en las emisiones del Banco Mercantil a principios del siglo XX), Andrés Santa Cruz y José Ballivián, cuyos bustos duraron lo que el frágil valor de los billetes que los canonizaron, unos pocos meses.

La democracia escogió un camino distinto, la valoración de personajes más allá de la política: el industrial gomero Antonio Vaca Diez, la narradora Adela Zamudio, los pintores Melchor Pérez de Holguín y Cecilio Guzmán de Rojas, el jurista Pantaleón Dalence, el historiador Gabriel René Moreno y el poeta Franz Tamayo. El mensaje era claro, debíamos entender que el ámbito de la cultura y el pensamiento deben valorarse tanto o más que la propia política y la épica militar.

El Banco Central anuncia ahora los billetes del “proceso”. Bolívar y Sucre vuelven a la carga, cómo no. Los escogidos para los nuevos altares de la patria se concentran en personajes del siglo XVIII y XIX, algunos de ellos a caballo entre la leyenda y la historia. Túpac Katari, Bartolina Sisa, Martín Uchu, Alejo Calatayud y Gregoria Apaza del siglo XVIII. Salvo Calatayud todos indígenas y casi todos protagonistas de levantamientos indígenas. Sucre, Bolívar, “Moto” Méndez, Pedro I. Muiba, José M. Baca, Juana Azurduy, Vicenta Juaristi y Esteban Arze, héroes de la independencia. El único personaje del siglo XX es Bruno Racua, el flechero de la guerra del Acre. Entre 1825 y 1911 no cabe nadie, menos aún en el periodo de 1911 a 2016 (asumiendo, por supuesto, la poca elegancia de incluir a personajes aún vivos). La recuperación de figuras indígenas y de mujeres (cuatro de catorce) es sin duda justa e imprescindible en una relectura adecuada de nuestro pasado, pero aunque sea en clave de mirada “plurinacional”, volvemos a ese anclaje en la epopeya libertaria, como si esta fuera la única posibilidad de reconocer de manera integral a los forjadores de nuestro presente.

Nadie hay que nos refiera al periodo prehispánico, Zapana por ejemplo, o al periodo colonial, Bartolome Arzans por ejemplo, o al periodo republicano, Andrés Santa Cruz por ejemplo, o al siglo XX, Víctor Paz o Juan Lechín, por ejemplo. Apenas tres son los sobrevivientes del panteón de todo tiempo: Bolívar, Sucre y Doña Juana.

El presente modelo político quiere perpetuar su sello, no sólo a través de nuevos billetes a la imagen de su mirada del tiempo largo, sino a través de las nuevas pirámides clavadas en el corazón de la ciudad que es el que más fuerte late en el país, no otras que el nuevo Palacio de Gobierno con el nombre de “Casa Grande del Pueblo”, que quizás representa más el alma de una sola persona que la de quienes la votaron, y el nuevo Palacio Legislativo para albergar en el lujo a los representantes populares, muchos de ellos herederos de valientes y pobres luchadores como Pablo Zárate y Santos Marka.

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6 pensamientos en “Billetes y Próceres

  1. La historia latinoamericana, tiene un antes y un después de la llegada de los europeos, plasmar esta historia en los billetes de un país es de aceptación general.

    Sin embargo por qué no se da mas espacio a personas de la sociedad civil que aporta a la cultura, por qué no se da mas espacio a lugares únicos en el mundo que cada país tiene por obra de la naturaleza.

    Podría ser poemas, frases o el salar de Uyuni, el Madidi, o el Amboró. En fin existe muchos elementos que no necesariamente tienen que ser históricos o políticos.

    México, billete de 100 pesos:
    “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces amo el color del jade, y el enervante perfume de las flores; Pero amo más a mi hermano el hombre”

  2. Curiosa reflexión de Carlos Mesa, un buen narrador de la historia de Bolivia. Le faltaba decir que fueron Víctor Paz Estenssoro y su ministro de Planeamiento Gonzalo Sáchez deLozada quienes instauraron la moneda que actualmente utilizamos. ¿Algún billetito con sus imágenes? ¿Quizá la suya?. Esperemos Alasitas, tal vez obre el milagrito. Porque si bien no investigamos como se debe la memoria histórica del país, el gobierno de la UDP fue víctima de permanentes sabotajes del FMI y sus aliados.
    No cabe su ironía sobre la “Casa Grande del Pueblo”. Como somos “Libres por la Constitución”, nosotros, el pueblo de Bolivia no merecemos un centro de operaciones políticas del más alto nivel, dado que somos el país con superhabit de mayor crecimiento de la región y demandamos servicios, convenios y contratos nacionales e internacionales como nunca en nuestra historia.
    Yo pondría en algún billete a Gastón Velasco.

  3. “Por favor recuerde esta frase; ¿por qué no te callas?”

    Esa fue la frase que utilizó la alcaldesa de Antofagasta Karen Rojo, para referirse a Evo Morales, en recriminación por que a interpretación de la alcaldesa las declaraciones de Evo Morrales alimentan las rencillas nacionalistas.

    Algunas cosas que dijo el Presidente Evo Morales fue lo siguiente:

    “Quiero que sepa el canciller de Chile que invadir, robar, asaltar, saquear o mentir jurídicamente es delito y espiritualmente es pecado”

    “No fue el pueblo chileno quien nos invadió sino grupos con intereses económicos”

    Si al boliviano de a pie se le muestra estas frases dichas, seguramente moverá la cabeza como diciendo de acuerdo, pero eso lo hace un boliviano(a) de a pie. Pero estas declaraciones vienen de un dignatario de estado, para algunos bolivianos seguramente esta muy bien lo dicho por Evo Morales. Pero siempre hay que ver las cosas desde la otra vereda para tener un idea clara del panorama.

    Haciendo un paralelo en la vida común, si a alguien se le dice “ladrón, saqueador” y luego se le pide que arregle un acuerdo, ¿sera que esa persona de curso a lo que se le pide?

    ¿Sera que el chileno de a pie, hace una distinción entre pueblo chileno y oligarcas chilenos?, así como hace Evo Morales echando la culpa a oligarcas chilenos.

    • Héctor, lo que piensen los delincuentes es lo que menos importa y si el pueblo chileno reflexiona al respecto es su problema, aquí el legítimo interés boliviano es infinítamente superior.
      La alcaldesa de Antofagasta tuvo la desafortunada idea de repetir (vergonzoso) lo que el entonces monarca español, Juan Carlos quien juró lealtad al dictador Franco, se atrevió a increpar al presidente constitucional de Venezuela en plena asamblea de países Iberoamericanos.
      Evo Morales actúa con dignidad y eso engrandece a Bolivia. Me siento orgulloso que nuestro país trate a los malhechores como se merecen.

      • Yo aplaudo a la alcaldesa de Antofagasta……se comportò como toda buen chilena

  4. La impresion del papel moneda, con todos los que Representan, suma importancia en la historia de un pais, esta sujeto a una previa evaluacion, por gente entendida en historia, luego el congreso o representantes del poder legislativo, debatir y consultar a los ciudadanos si esta bien imprimir sierto personaje en el billete ” x” pero hablando en general de toda Sud America, sucede lo mismo hacen lo que les da la gana, pasan por encima los proceres, heroes, martires, en el Gobierno de Gony, solo faltaba imprimir la imagen de Jhon F Kenedy….somos un pais de porras y de porrasos….ya dije Gorky de Sud America..

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