Sobre el Mal

Z. Beksinski "Un Bello Infierno"

Z. Beksinski “Un Bello Infierno”

Muertes violentas, asesinatos, descuartizamientos, desollamientos, violaciones, golpes, puñaladas, balaceras, torturas, vejaciones, abusos, carnicerías, incineraciones…

Violencia. ¿Es el signo de los tiempos? ¿Es el signo de todos los tiempos? Da la sensación, aunque puede ser solo eso, una sensación, de que la violencia no sólo se ha instalado entre nosotros sino que lo ha hecho a partir de una premisa, su banalización. A ella hacía referencia Ana Arendt en su libro clásico en el que desarrolló un descarnado análisis sobre la compleja relación entre víctimas y victimarios en el contexto del holocausto pensado y ejecutado por los nazis durante la Segunda Guerra. En su texto demostró con cuanta facilidad se pueden romper los lazos de condicionamiento moral a partir del distanciamiento del hecho violento con la vida personal. Al vaciarse la idea de responsabilidad, de culpa y, sobre todo, de vínculo emocional entre la decisión tomada, la orden dada, la orden ejecutada y el hecho material de la destrucción de la vida del otro, es perfectamente posible desentenderse de la carga real que implica el hecho brutal de aniquilar al otro, a los otros.

La banalización del mal hoy tiene un componente similar aunque con sus propias connotaciones más cuantitativas que cualitativas. Hace algunos meses una joven japonesa de dieciséis años asesinó en el colegio a su amiga más cercana. Nunca negó el crimen y cuando la policía le preguntó por las razones, la respuesta fue tan estremecedora como sencilla “Es que quería saber que se siente al matar a alguien”.

Podríamos preguntarnos por tal cuestión y colegir que estamos inmersos en uno de los escenarios más terribles de la historia, cuya raíz es el extraordinario cuanto maravilloso avance tecnológico, cuya expresión más evidente es la revolución de las comunicaciones. Décadas atrás reflexionábamos desde la crítica cinematográfica sobre el huevo y la gallina. Cuando Stanley Kubrick estrenó en 1971 ‘La Naranja Mecánica’ el filme fue prohibido en muchos países, el argumento es que incitaba a la violencia. En Londres una pandilla vestida a la usanza del protagonista de la cinta había reproducido una de sus escenas y apaleado a un anciano marginal hasta matarlo. Nos negamos a aceptar que Kubrick fuera el responsable de tal conducta. El cine, dijimos, no es otra cosa que el retrato de la realidad, culpar al cine de la violencia es negar la responsabilidad de una sociedad enferma de violencia.

El debate sigue vigente hoy, pero la respuesta no es tan sencilla. No es ya una cuestión vinculada a un medio de comunicación. Es el planeta entero interconectado. La pregunta sobre el huevo y la gallina no tiene sentido, todo está mezclado, todo es parte del mismo mar sangriento. La decapitación de un rehén grabada en directo y transmitida por internet, los asesinatos de Guerrero en México, los coches bomba en decenas de lugares, las torturas en centenares de prisiones, las masacres cotidianas en el África, la muerte cabalgando sin freno a manos de tiranos despiadados, los secuestros masivos de niñas por grupos terroristas, los secuestros expres en cualquier ciudad, los ajustes de cuentas ejecutados por sicarios adolescentes, los asesinatos de mujeres víctimas de la violencia familiar, la esclavitud sexual de menores de edad, las esclavitud en todas sus formas…las recetas para violar, torturar y matar que se encuentran en cualquier página web, la pedofilia en red, los videojuegos cuyo tema estrella es el crimen explícito y multicolor, las series de televisión, las películas, los mensajes en las redes sociales, la amenazas por el facebook…

Aquella frase de que “La vida no vale nada” es hoy –también- una definición filosófica. Si sirve de consuelo, la monstruosidad del ser humano, descrita sin disfraces por los grandes creadores artísticos de todos los tiempos, no es nueva, no es peor, ni siquiera es más que en el pasado, es que como nunca antes nos enteramos en ‘tiempo real’ de los mayores horrores que ocurren en cualquier rincón de la geografía mundial. No es este mundo más desgraciado que el de ayer, es que hoy nada se oculta al ojo implacable del ‘gran hermano’.

Es por todo ello que la nausea que genera la violencia sólo puede ser respondida con una decisión inclaudicable de luchar por los valores esenciales, el mayor el valor sagrado de la vida. Aunque parezcamos derrotados, fortalecer los valores humanos y la conciencia crítica de todos es el único camino para responder con una cultura de paz y de respeto a los derechos humanos, a esta avalancha de destrucción masiva que un planeta con siete mil doscientos millones de habitantes siente con más intensidad que nunca.

 

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2 pensamientos en “Sobre el Mal

  1. La religion es la raiz de la gran mayoria de estas barbaridades. Si bien hay gente codiciosa, envidiosa e incluso psicopata, el mal que estos hacen no se compara en nada a lo que radicales hacen en nombre de su dios.

    Dicho esto, por favor no nos rasguemos las vestiduras. Por muy mal que va el mundo hoy en dia, estamos viviendo en el momento mas humanistico en nuestra historia gracias a tres cosas: el capitalism, el libre mercado, y la tendencia democrata.

  2. Gengis Khan eliminó como a una cuarta parte de la poblacion europea en esos tiempos, queriendo extender su imperio, como 25 millones de individuos asesinados. La conquista ibérica en LatinoAmérica dio cuenta de 12 a 20 millones de indigenas americanos, esclavizándolos, contagiándoles con enfermedades virulentas letales, etc. Muchas etnias desaparecieron del todo en toda América.
    El punto es que atrocidades a mega niveles se han visto a lo largo de la historia. Lo que sí es diferente es la masificación de la violencia comercializándola por el cine, por la literatura, por los medios de comunicacón y por empresas que lucran con paquetes informáticos de juegos en computadora, hasta por los deportes ( boxeo, lucha libre, destrucción de vehículos). La epítome fue la cobertura de CNN del bombardeo a Irak, cuando nunca antes se habían revelado la matanza de alto nivel tecnógico en tiempo real como si fuese un juego de Nintendo. Eso cambió el paradigma de las coberturas de hechos violentos, volviendolos eventos genéricos, de difusión a cualquier hora del día.
    Es nuestro medio gran parte de llos noticieros se ocupan de dar lujo de detalles de los crímenes que se comenten a diario. Hay una prodigiosa capacidad amarillista, y no de buscar noticias constructivas, positivas, que describan algo aceptable y rescatable en la sociedad.
    Ahora, hay que preguntarse, cómo es posible que hayan leyes que legislen la propaganda de, digamos, el alcohol, el tabaco; otras que prohiban substancias estupefacientes, etc, pero que no hayan leyes que limiten, controlen, veten exposición y venta de películas, software de juegos, libros, revistas, juguetes que hacen culto y difunden la violencia de manera, ya, escandalosa.
    El siguiente punto, es que, aparte de velar y cultivar principios humanisticos – loable en el largo plazo – se debe legislar, penalizar y limitar celosamente la difusión, distribibución, expendio, de material violento. Esto compete a la ALP, Control Social, en público en general.
    Y finalmente, en el núcleo familiar debe concientizarse a los padres de familia, para que controlen el acceso, uso, y manejo de todo tipo de material de naturaleza violenta.
    La sobrepoblación en grandes urbes, la gran difusión mediática y consiguiente lucro, la ambición desmedida de empresas manufacturadoras de productos afines,la permisibilidad de gobiernos y de las familias, el narcotráfico, y el internet solo confabulan y pintan a que la violencia vaya en aumento. En última instancia es el cobro de conciencia del individuola última barrera de defensa ante semejante mega flagelo.

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