Colaboraciones

RESULTADOS DE LAS ELECCIONES JUDICIALES (22/10/2011)

POR CARLOS ALARCÓN MONDONIO

Los resultados de las elecciones judiciales, según mi lectura, deberían ser interpretados de la siguiente manera:

Gráficamente estamos frente a una balanza con dos platillos: en uno se ubican los votos nulos y blancos, tienen de común que ambos expresan un rechazo a todas las candidaturas, el plus del voto nulo es que además rechaza la forma en la que se ha llevado a cabo el proceso electoral; en el otro se ubican los votos válidos, pero no en bloque, sino de manera desagregada, los votos específicos con relación a cada uno de los candidatos.

Definido esto, se aplican los dos principios claves del sistema constitucional, la soberanía del pueblo y la forma democrática de gobierno: ¿cuál es la decisión soberana que el pueblo ha tomado en las urnas mayoritariamente?

Si los votos nulos y blancos son mayores, aunque sea por la diferencia de un solo voto, a todos los votos individualmente obtenidos por cada uno de los candidatos, ha ganado el rechazo a todas las candidaturas, por ende, los candidatos, no deberían ser posesionados en el cargo de magistrados y debería hacerse una nueva elección; por el contrario, si los votos de los candidatos más votados dentro de las 5 listas, son mayores, aunque sea por un solo voto, a la suma de votos nulos y blancos de la respectiva circunscripción electoral (nacional para los cargos del TCP, TA y CM y departamental para los cargos de TSJ), han ganado estas candidaturas, por ende, estos candidatos, deberían ser posesionados en los respectivos cargos. Para los cargos que falten cubrir debería realizarse una nueva elección.

Esta lógica se impone por la naturaleza plebiscitaria de este proceso electoral, puesto que a diferencia de una elección verdadera, en la cual las candidaturas se forman de manera plural y competitiva del seno de la propia sociedad, donde compiten auténticamente 3, 4 o más partidos políticos, en esta elección judicial las candidaturas se han formado por la decisión unilateral y discrecional de un solo partido en la Asamblea Legislativa; por tanto el soberano tiene todo el derecho de decidir con su voto el rechazo a este trabajo previo realizado por un órgano del Estado a través de un solo partido político.

Por tanto el principio derivado de la mayoría simple de votos juega dentro de los principios originales de la soberanía popular y la forma democrática de gobierno. Un candidato gana a otro por uno o más votos de diferencia, siempre y cuando, sus votos superen a los votos nulos y blancos de la respectiva circunscripción.

El dilema del Presidente en la posesión de estos cargos es si va o no a respetar la Constitución y, especialmente, la voluntad  soberana del pueblo y la decisión mayoritaria expresada en las urnas.

El papel de los vicepresidentes, entre el Legislativo y el Ejecutivo

Evolución del cargo tras la nueva constitución

Vicepresidencia del Estado Plurinacional.

Vicepresidencia del Estado Plurinacional.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont

00:02 / 12 de febrero de 2012

La institución del mayorazgo en la España de Isabel la Católica (vigente desde antes de la llegada de los colonizadores a América hasta mediados del siglo XIX) muestra un paralelo coincidente con el destino en crecimiento de la investidura de vicepresidente en Bolivia.

Según este régimen, la herencia de las propiedades de la nobleza eran indivisibles y sólo podían ser transferidas al hijo primogénito, mientras que la demás descendencia masculina (llamada los “segundones”) debía buscarse la vida en la Iglesia, las armas o las letras, y las mujeres recibían una dote para casarse con un noble.

El puesto de vicepresidente siempre fue visto en ese sentido del “segundismo” español:  siendo esta autoridad una suerte de desheredado que es parte de una nobleza de menor nivel, aunque al fin de cuentas un “noble”. Esta percepción se consolida, al menos en la opinión general, tras la frase de Juan Lechín Oquendo: “La vicepresidencia es la quinta rueda del carro”.

“En vista de la fuerte tradición presidencialista y caudillista (de Bolivia), ésta fue una posición gubernamental subordinada a los intereses de los sucesivos regímenes oficiales de cada gestión”, opina el ex segundo mandatario Víctor Hugo Cárdenas (1993-1997).

Los nobles “segundones” de España, de estar totalmente relegados, ganaron un protagonismo impensado a partir de la llegada de Cristóbal Colón a América, ya que los primogénitos, al tener su herencia asegurada en Europa, no se aventuraban a ser parte de la colonización. A estos relegados, en cambio, se les abrió una puerta que inicialmente fue desdeñada hasta que los que vinieron al continente a hacer fortuna terminaron con más riquezas aún que sus hermanos mayores, como confirmando que, alguna que otra vez, “los últimos son los primeros”.

En el caso de la vicepresidencia en el país, esta especie de síndrome de segundismo se ha perturbado. Sin ir lejos, casi la mitad de las últimas siete autoridades con esta investidura han llegado luego a la silla presidencial: Jaime Paz Zamora (por elección en el Congreso Nacional), Jorge Quiroga y Carlos Mesa (ambos por sucesión constitucional).

Adicionalmente a esta probada posibilidad de ascenso político, la nueva Constitución Política del Estado (CPE) otorga al vicepresidente —en el artículo 174, inciso 3—  la atribución de  participar en el consejo de ministros (que es parte del Órgano Ejecutivo) mientras es la cabeza del Órgano Legislativo, lo que le brinda una probabilidad de una movilidad política nunca antes dada en el mecanismo estatal boliviano, pues, antes sólo participaba de estas reuniones si es que la máxima autoridad estatal lo invitaba de manera expresa; hoy no necesita de ello, puesto que la CPE lo obliga a asistir.

Según el sociólogo Fernando Mayorga, el imaginario político boliviano es presidencialista, lo cual le resta importancia al vicepresidente. Sin embargo, añade, las nuevas tareas que tiene el vicepresidente han hecho que el cargo gane mayor importancia y también consistencia.

No obstante, el exvicepresidente Julio Garrett Ayllón (1985-1989) hace una crítica a esa doble función en distintos órganos. “En la medida en que un vicepresidente se entromete en el Ejecutivo, sometiéndose a la dependencia del Presidente, degrada la autonomía del Órgano Legislativo y debilita el papel democrático de la Asamblea.  Aunque, por esa vía, solapadamente, Mamerto Urriolagoitia desplazó a Enrique Hertzog (1949) y René Barrientos a Paz Estenssoro (1964). Sería largo referirse a la historia de las deslealtades de los que ocuparon este cargo”.

Contrapunteo. Carlos Mesa (2002-2003) ve en estas funciones una incoherencia en la CPE: “La Constitución de 2009 mantiene la idea de que los órganos son independientes y coordinados entre sí, pero contradice flagrantemente esa definición cuando le da al vicepresidente una doble característica: sigue siendo la cabeza del Legislativo y a la vez es, constitucionalmente, parte del Órgano Ejecutivo. Lo cual es una antítesis y una ruptura de un principio básico en la CPE”. Por esa razón, considera que, a partir de la nueva Carta Magna, el segundo gobernante tiene más poder “que nunca antes” en la historia de Bolivia.

Cárdenas tiene una opinión diametralmente opuesta a la de Mesa: “La actual Constitución disminuye el rol de la segunda autoridad del Gobierno como conductora del Legislativo y destaca su dependencia con el Ejecutivo. Por ejemplo, en el artículo 174, numeral 2,  de la CPE, se dispone que la vicepresidencia conduce el proceso autonómico y el artículo 173, numeral 5, señala que el segundo mandatario junto al presidente conducen las relaciones internacionales del país. Sin embargo, en la práctica, la Asamblea Legislativa carece de una autoridad coordinadora y hay roces entre la cancillería y la presidencia; finalmente, el proceso autonómico está paralizado sin conductor alguno”.

De manera similar a Mesa, Paz Zamora (1982-1984) cree que los órganos Legislativo y el Ejecutivo funcionan, actualmente, como un solo poder, “lo que no es constitucional”. El analista político Marcelo Silva  considera que no hay una contradicción en este aspecto, pues, en su criterio, con la nueva CPE el vicemandatario hace de una especie de “visagra” entre ambos órganos y fortalece la idea de que entre sus atribuciones está la de coordinar las acciones en el Legislativo y el Ejecutivo.

Álvaro García Linera confirmó esta función como nueva en una entrevista con el Animal Político en agosto de 2011: (Lo que ahora hace el vicepresidente y que no hacía antes es) “toda la parte ejecutiva, (en el pasado) no se involucraba en la parte ejecutiva. Hoy, quien sea la segunda cabeza del Gobierno, tiene su papel en el Legislativo y en el Ejecutivo y también cumple las funciones que el presidente va observando como complementos necesarios”.

Durante muchos años, las labores en este puesto gubernamental fueron parecidas a lo que García Linera apuntaba al final: el presidente delega tareas específicas a su segundo hombre, como bien podría, sencillamente, no exigirle nada en absoluto.

De acuerdo con el politólogo Franklin Pareja “(La vicepresidencia) nunca ha sido fundamental. Aunque García Linera es un verdadero administrador de poder que está involucrado en las decisiones estructurales fundamentales y se nota que tiene un control sobre la Asamblea Legislativa en su conjunto. Además de ser una autoridad, es un ideólogo del gobierno de Evo Morales”.

Cosa que, al menos en una visión global de la institución, no comparte Cárdenas, quien sostiene que, a partir de 2006 se inauguró la “debacle” de la vicepresidencia y la subordinación de la Asamblea Legislativa (presidida por el segundo mandatario), la que hoy “está reducida a una simple agencia del Órgano Ejecutivo”. Empero, para García Linera, esta modalidad significa que ahora un vicepresidente debe “ser bicéfalo, con un pedazo de cerebro en el Ejecutivo y con otro en el Legislativo”.

Si el modelo del mayorazgo español terminó al llegar a un punto de insostenibilidad y terminó siendo nefasto porque hacía que la tierra perteneciente a la nobleza (mayoritariamente concentrada por esta clase) sea inalienable, inconfiscable e indivisible, habrá que esperar un tiempo para ver si esta nueva atribución del segundismo vicepresidencial (actualmente matizado y potencializado por tener, constitucionalmente, derecho a participar del Legislativo como del Ejecutivo) tendrá o no un buen puerto —como lo fuera América para los “segundones” de España— y llegue a ser un cargo que no merezca ese apelativo.

‘La nueva CPE marca las diferencias’ – Carlos D. Mesa, exvicepresidente

Se produjo un cambio constitucional que diferencia fundamentalmente a los vicepresidentes anteriores a la Constitución Política del Estado de 2009. Antes, el cargo de vicepresidente era muy claro: era la cabeza del Poder Legislativo, no tenía nada que ver con el Ejecutivo; a partir de la nueva Constitución, quien tenga este cargo es parte de ambos órganos.

‘Esta investidura es de importancia mayor’ – Jaime Paz Zamora, exvicepresidente

El vicepresidente tiene que mandar en el Congreso y se supone que en la democracia los poderes son independientes entre sí; es por eso que esta investidura es de importancia mayor, pues representa la cabeza de uno de ellos. Cuando dije que el presidente (Siles Zuazo) no me enviaba ni a comprar pan, me refería a que no oía mis advertencias de que estaban conspirando contra él.

‘El pasado muestra dos tipos de vicepresidencia’ – Víctor Hugo   Cárdenas, exvicepresidente

El desarrollo  de este cargo se dio entre dos extremos: ser una autoridad marginal o ser una que no dejaba dormir al primer mandatario. Es decir, los dos estilos tradicionales fueron: a) un espacio de malestar y de disputa con el presidente de turno (una vicepresidencia serrucho) y b) una de carácter marginal, o sea una vicepresidencia florero.

‘Todo vicepresidente se ve como presidenciable’ – Álvaro García  Linera, vicepresidente

En una entrevista pasada con Animal Político, Álvaro García Linera consideró que el problema que tuvieron los vicepresidentes es que ya se creían presidentes y presidenciables, lo que generó tensiones y luchas por “poderes mezquinos y personales”. La autoridad, además, atribuyó como ejemplo de esta ambición a “todos los vicepresidentes sin excepción”.

‘Nunca me sentí a la sombra del poder’ – Julio Garrett Ayllón, exvicepresidente

Yo nunca me sentí “a la sombra del poder”.  Trabajé en el lugar que me señalaba la Constitución como jefe del Poder Legislativo.  En la Constitución no hay dualidades en la vicepresidencia, pero sí las puede haber en el vicepresidente.   Por eso, en cuatro años, no  fui a reuniones del consejo de ministros para no comprometer al Congreso en las decisiones del Ejecutivo.

‘(El cargo) profundiza la democracia’ – Luis Ossio  Sanjinés, exvicepresidente

“En la manera en que se ha profundizado la democracia se ha fortalecido la función del vicepresidente, pero no como tal; no como sustituto del presidente, sino como cabeza del Poder (Órgano) Legislativo. [...] No obstante, su sistema de elección lo acerca más al Poder (Órgano) Ejecutivo”. (Ossio Sanjinés, Luis: ¿La quinta rueda del coche?, 1993, La Paz).

Respuestas

  1. El presidente con su visión del pais y su manera “sindicalista” de encarar los problemas está adelantando sin darse cuenta la aparición del “Indigenismo sin Evo”. Esto naturalmente debería pasar dentro de unos cuantos años. Su insistencia en la confrontación y en mantener su popularidad en base a transferencia de recursos a sectores de la población cuando las cuentas públicas empiezan a complicarse lo llevan a un camino cada vez más angosto. Lo habitual en éstos casos es la radicalización por lo que deberíamos esperar un gobierno cada vez más aislado y autoritario como lo muestra al no reconocer su derrota en éstas elecciones judiciales.

  2. Profundo pesar por tanta soberbia y un pueblo descontento en crecimiento por el tiranismo del gobierno.


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