Gas y Mar. Precisiones sobre la pregunta cuatro del Referendo de 2004

El porqué de la pregunta cuatro del Referéndo

Parlamentarios del Movimiento al Socialismo y algunos de la oposición han puesto en el tapete la posibilidad de considerar la venta de gas a Chile.

Esa propuesta a abierto un debate en el país en torno al tema y en torno a los alcances del Referendo sobre hidrocarburos que convocamos en 2004, cuyos resultados fueron, obviamente vinculantes.

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Respuesta a un Subrogante

El ministro Arce, prefiere que un funcionario subrogante de su ministerio continúe la polémica sobre el fiasco de la política económica gubernamental

Publicada en Página Siete y Los Tiempos el 18 de diciembre de 2011

Prudentemente y para no arriesgar más su débil argumentación, el ministro Luis Arce encarga a un subalterno (“Nacionalización y Reducción de la Pobreza” P7 16/12/2011) seguir el debate sobre el fiasco del modelo económico vigente.

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Hora de Asumir Responsabilidades

Publicada en Página Siete y Los Tiempos el 9 de octubre de 2011

Durante mucho tiempo determinados círculos de opinión afirmaron que nuestro gobierno había actuado con falta de autoridad ante los conflictos sociales, las marchas y los bloqueos (propiciados por el actual Presidente, por si alguien lo ha olvidado), y que mi renuncia de junio en ese contexto, mostró falta de valor (para decirlo elegantemente).

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Nuestro Compromiso por los Derechos Humanos

Hace algunos días ha sido noticia el debate sobre la aplicación de la Ley que promulgamos en 2004 a propósito de las víctimas de la violencia política.

Una de las premisas fundamentales de nuestra gestión de gobierno fue la defensa de los Derechos Humanos, su promoción y la idea de que la vida humana es un valor que el Estado y la sociedad boliviana debemos defender con convicción.

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Mi Gobierno y el Mar

El 17 de octubre de 2003 por una razón de genuina fe emocional y por una evidente manipulación hecha por los sectores que querían la salida del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el tema del gas se había convertido en la gran bandera unificadora del movimiento popular de entonces. La negativa militante y violenta a exportar el gas por Chile y por supuesto a Chile, se convirtieron en la arenga y el slogan todos los días del conflicto, para llegar, como suele pasar cuando se desatan los demonios callejeros, al pedido de no a la exportación de gas a nadie. Es sobre esos escombros humeantes y vidas pérdidas que llegué al gobierno para encarar la cuestión de Chile.

Mi gobierno y la política marítima

A los pocos días de mi asunción al mando llevamos acabo la primera reunión interna sobre la cuestión marítima. La idea era inicialmente mantener la cuestión del mar en bajo perfil, plantear el reinicio de reuniones no oficiales con un equipo de dos representantes por país en terceros países. Estuvimos de acuerdo en que el TLC con Chile que se hallaba en proceso de negociación, no era conveniente para Bolivia. Se decidió además tocar con firmeza la cuestión del Silala. Sigue leyendo

Mi Gobierno (2003-2005)

MI GOBIERNO

Carlos D. Mesa Gisbert

17 de octubre de 2003 al 9 de junio de 2005

El equipo

Uno de los elementos constitutivos fundamentales de nuestro gobierno fue la elección del equipo que lo gestionaría, especialmente ministros y delegados presidenciales. Dada la naturaleza de un Ejecutivo sin respaldo partidario y sin presencia congresal, el equipo que lo conformó definió la personalidad de todo el gobierno, su orientación y sus logros o insuficiencias. La base fue el grupo que me acompañó en la vicepresidencia. Escogí además a profesionales, políticos y técnicos cuyas características básicas fueran idoneidad y honestidad, que expresaran pluralidad desde el punto de vista de sus ideas, pero con un compromiso con la necesidad de un cambio esencial que el país necesitaba tras el agotamiento de una de las vertientes del modelo democrático iniciado en 1982. Sigue leyendo

9 de Junio

Publicado en Página 7 y Los Tiempos el 13 de junio de 2010

Han pasado cinco años desde que se hizo efectiva mi renuncia a la presidencia de la República. El 9 de junio de 2005 a las diez de la noche en la capital de la República, Sucre, el Congreso Nacional aceptó mi dimisión.

El tiempo ha ido decantando las cosas. Hoy se puede percibir con más claridad que el motivo central de mi renuncia fue como dije entonces: “A lo largo de este tiempo como Presidente, he tratado de transmitir que el valor más importante en el que creo por encima de todo es el valor de la vida humana. Perder la vida de un compatriota es algo que no podemos aceptar, ni tolerar, ni promover. Es por esto que creo que mi responsabilidad es decir hasta aquí puedo llegar”.

Esa premisa fue una brújula de nuestro mandato que pudimos cumplir gracias al compromiso, la honorabilidad y el sacrificio de mis colaboradores en el gobierno, la Policía Nacional y Las FF.AA., que entendieron y se comprometieron con esta visión en el tema de los Derechos Humanos. Sacrificamos la legítima administración del poder y aún la culminación del programa del 17 de octubre, en función de una cuestión básica. Si habíamos llegado a la presidencia para garantizar la paz, hubiese sido un contrasentido y una irresponsabilidad mantenernos en el gobierno arriesgando esa paz y colocando al país al borde de un enfrentamiento de incalculables consecuencias, provocado artificial e intencionalmente.

Cometí errores como mandatario, sin duda, quizás porque me faltó una percepción específicamente política del cargo, superada por una visión basada en conceptos e ideas cargadas de un imperativo humanista.

A pesar de ello, creo que la propuesta presentada a Bolivia, presentada el 17 de octubre de 2003 y el 20 de abril de 2004, correspondía a las demandas de nuestra sociedad, tanto, que se convirtió en la agenda del país.

Cinco fueron los pilares de ese programa de gobierno. El primero, la recuperación de la idea central del respeto a la vida y los DD.HH. Habiendo presidido la gestión con mayor número de conflictos de toda la democracia desde 1982, sorteamos con éxito el desafío con dos resultados; una administración responsable del ejercicio de la violencia legítima del Estado preservando por encima de todo la paz y la vida y el menor costo económico de todos los gobiernos democráticos para resolver las demandas de quienes, implacables, nos cercaron especialmente en el año 2005.

El segundo, el Referendo para cambiar la política nacional en torno a los hidrocarburos. Lo hicimos y el país lo ganó. Su resultado más importante fue la recuperación de la propiedad del Estado sobre los hidrocarburos (dos años antes del decreto de mayo de 2006), la refundación de YPFB, el incremento de impuestos y la creación del IDH. La consecuencia perversa fue una Ley de Hidrocarburos que me negué a promulgar y que, el tiempo lo ha demostrado, ha hecho inviable un camino adecuado para el manejo nacional de los hidrocarburos, la inversión, la distribución de recursos y la industrialización del gas.

El tercero, la solución de la crisis económica que se tradujo en una política real de austeridad, cada vez más evidente comparada con los gastos estatales de hoy. Revertimos un déficit fiscal de 8,1 % del PIB que bajó en 2005 a 2,3 %. Una reducción de seis puntos en dos años. Logramos el crecimiento del PIB nacional en un 15 % y duplicamos las exportaciones. Logros a los que contribuyó la gestión de siete meses del Presidente Rodríguez.

El cuarto (propuesto el 20 de abril de 2004), la conquista de las autonomías. Tema falseado y tergiversado por nuestros adversarios con el más grande de los cinismos. Fuimos el primer gobierno de la historia que propuso pasar de un Estado centralista a otro de autonomías (nueve meses antes del famoso cabildo de enero de 2005). Promulgamos dos decretos claves para transferir competencias y darles a los departamentos toda la responsabilidad en salud y educación y convocamos a elección de prefectos y a Referendo autonómico, que se hicieron realidad en 2005 y 2006.

El quinto y último, la convocatoria a una Asamblea Constituyente para restablecer el pacto social quebrado por la crisis 2000-2003 y ante la demanda de una nueva visión de Estado. Proceso que culminó formalmente en 2009, pero que está en pleno, complejo y contradictorio desarrollo.

Cuando dejé la presidencia ese día, una encuesta realizada por la empresa IPSOS estableció que el nivel de aprobación a mi gestión en el eje troncal era del 50 %. Tenía  70 % de aprobación en El Alto, 65 % en Cochabamba, 64 % en La Paz y 22 % en Santa Cruz.

En tiempos en que la historia se olvida, se acomoda o se reescribe al ritmo de la marcha de los vencedores circunstanciales de hoy, recordar el 9 de junio de 2005 me parece indispensable, en homenaje al país y a quienes estuvieron dispuestos a quemar naves conmigo en el periodo 2003-2005.

A los Generales de Escritorio

Escrito el 8 de noviembre de 2009

La inauguración en Quinteros (Chile) del puerto y planta de regasificación que abastece al mercado chileno, ha generado comentarios de analistas especializados y también “cantamañanas” que se mueven mejor con los adjetivos que con las razones. Significativamente llegan a conclusiones similares. La política energética boliviana de 2003 y 2004 fue un error que ahora estamos pagando, porque supuestamente nuestro gobierno planteó la cuestión sobre la base de que ante la necesidad de gas por parte de Chile, lo que había que hacer era un chantaje, “te doy gas a cambio de que me des mar”. A esa premisa, dicen, se sumó la de la famosa “molécula”.

No es novedad que después de la guerra aparezcan generales que hacen análisis de los errores de estrategia y táctica cometidos por los responsables de dirigir al ejército y explican con lujo de detalles lo que se hizo mal y lo que ellos habrían hecho. Olvidan unos y otros varias cosas, malinterpretan y en algún caso manipulan faltando a la verdad otras.

En octubre de 2003 la bandera incendiaria que aglutinó a los llamados movimientos sociales entonces fue “¡No a la venta de gas por Chile o a Chile!”. Un NO intransigente, uno de cuyos abanderados más rabiosos y con poder era el hoy Presidente, el mismo que ha coqueteado con Chile con resultado cero. En el periodo 2003-2004 era imposible cualquier propuesta de acercamiento con Chile sobre el modelo Lagos ofrecido a Banzer-Quiroga y Sánchez de Lozada, producto de la decisión de las transnacionales instaladas en Bolivia, creadoras de Pacific LNG y que tuvieron en Jorge Quiroga a su mejor embajador, apoyadas en el megaproyecto de exportación de gas boliviano por y a Chile, con consistencia económica y técnica pero políticamente inviable y simplemente suicida en nuestra gestión ¿Es muy complicado darse cuenta de que los 67 muertos alteños y la presión de las minorías eficientes ancladas en la fuerza de Morales, estrangulaban cualquier iniciativa en esa dirección?

Cuando decidimos firmar con Argentina dos documentos de ampliación de venta de gas a ese país incrementando en dos fases el volumen de 2 a 27 mm3/día, Morales nos amenazó con un juicio de responsabilidades y un bloqueo de caminos. Sí, el mismo que luego se ufanó de firmar el mismo acuerdo que está más lejos de cumplir que nosotros de vender gas a Chile en 2004. Esa presión y el bloqueo sistemático del Congreso, nos obligó a mencionar que había un compromiso obligatorio de Buenos Aires de no enviar una molécula de gas a Chile (retórica, sin duda). Frase que permitió un convenio con Argentina que bien valió la “molécula”.

La pregunta cuatro del Referendo tenía dos objetivos: el primero dejar abierta una puerta en el tema del puerto. La memoria es frágil. Una presión muy fuerte de sectores radicales y del MAS querían forzarnos a hacer la pregunta directa sobre si los bolivianos estaban de acuerdo en exportar o no gas por un puerto chileno. A la vez era imposible plantear el Referendo sin una pregunta referida al tema, pero hacerla en esos términos hubiese sido irresponsable. Segundo, dado que creemos que el gran objetivo de Bolivia debió ser la venta de gas a Norteamérica, firmamos un acuerdo con el Perú para construir un puerto y una planta en el sur peruano, alimentada por el gas de ambos países (perfectamente complementario por el volumen de la demanda). Cerramos esa estrategia con una negociación con México, que expresó su acuerdo inicial. El proyecto no prosperó por tres razones: la primera por el boicot de las empresas transnacionales instaladas en Bolivia; a pesar de que hacer la inversión por el Perú era menos rentable, con los precios del periodo 2005-2009 era perfectamente viable; la segunda porque sectores empresariales peruanos tenían intereses con sus pares de Bolivia y Chile para el proyecto original y no les interesaba la opción propuesta; la tercera porque tanto Perú como México esperaban la nueva ley de hidrocarburos que el Congreso trabó con el único objetivo de desestabilizar nuestro gobierno desde julio de 2004, cuando el pueblo boliviano aprobó masivamente el Referendo, hasta mayo de 2005 cuando nos la entregó para sellar nuestra salida fuese cualquiera que fuese nuestra decisión.

Es en ese contexto que debe entenderse la pregunta cuatro del Referendo: “…la política…de utilizar el gas como recurso estratégico para el logro de una salida útil y soberana al Océano Pacífico”. Nunca planteamos una negociación con Chile basada en la absurda opción de trueque de gas por mar, lo que asumimos es que el avance de un megaproyecto de esa naturaleza con Perú, nos colocaba en una posición más independiente y con mayor fuerza frente a la lógica chilena de un imposible acuerdo peru boliviano vinculado a estos temas. Hicimos lo que la razón mandaba, abrir la exportación de nuestro gas en espacios políticamente viables.

La pregunta obvia es Si el asunto era tan claro ¿Por qué ni Banzer, ni Quiroga ni Sánchez de Lozada, tan pragmáticos y sensatos, no lo pudieron llevar a la práctica? Cualquier persona avisada sabe que lo único que cuenta en política es la realidad. El caso de Chile fue altamente sensible para nosotros y lo manejamos con la mayor serenidad. Bien sabe el gobierno de ese país de esos esfuerzos para evitar confrontaciones públicas, pero nunca hasta el límite de ceder una reivindicación irrenunciable.

Sería bueno pedir cuentas a quien debe darlas. Nosotros las dimos en el momento de mayor inestabilidad política que afrontó gobierno alguno en democracia, sin demagogia, con sensatez y una sola meta en lo energético, abrir mercados al gas boliviano con prioridades para un país que debió ser y dejó de ser estratégico gracias a la errática política seudonacionalizadora de la actual gestión.

A esos generales que ganan guerras en el escritorio, bien les vendría la experiencia de navegar –valga el símil- en las aguas que algunos de ellos minaron con mala intención para hacer imposible nuestro viaje y para que cuando tienen lo que hoy tienen, digan sin rubor que el resultado no es el producto de su obvia y descarada acción desestabilizadora en contra de nuestro gobierno.