Mi Madre Recibió el Premio PIEB a las Ciencias Sociales y Humanas

Fue un momento muy emotivo para mis hermanos, Andrés (en Barcelona), Isabel, Teresa Guiomar y yo. Nuestra madre, a sus 85 años, recibió el martes 22 de noviembre en instalaciones del MUSEF, el premio a la trayectoria de una vida por su contribución a las Ciencias Sociales y Humanas de manos de Godofredo Sandoval Presidente del PIEB (Programa de Investigación Estratégica en Bolivia). El premio PIEB es el más prestigioso del país en su género.

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Mi Padre

Publicado en Página Siete y Los Tiempos el 25 de julio de 2010

Mi padre amaba la música. Veo su imagen dirigiendo imaginariamente un concierto con su chompa negra de cuello tortuga y una varilla que simula ser una batuta. Era fuerte. De un humor extraño pero inteligente, tímido y a la vez un huracán. Lo sabía todo, o por lo menos así me lo parecía. Vi, ya con más de medio siglo en la espalda, una foto inusual. En ella, está mirándome desde la inmensidad de su figura adulta, yo lo miro a él desde mis ojos grandes de niño admirado. Los suyos tienen un toque de ternura que quizás no lo retrata exactamente en lo que fue, pero que en ese instante congelado expresa la vinculación más fuerte de un padre con un hijo.

Dibujaba con una facilidad que parecía prolongar su alma en la mano, su espíritu sensual oculto en algún pliegue que él sólo sabía abrirse a si mismo, aparecía en esas obras. En sus rostros dibujados y sus trazos yo encontraba la perfección. Las líneas sobre el papel creaban imágenes, figuras que cobraban vida.

Amaba el pasado. Hubiese sido un perfecto renacentista transitando por el desolado altiplano y la mágica ciudad de Potosí la del cuadro de Berrío. Los domingos a las nueve en punto íbamos a misa a la iglesia de San Pedro. Allí estaba entonces un cuadro fabuloso, la cena del rico Epulón y el pobre Lázaro que me hipnotizaba y al que no dejaba de contemplar mientras se desarrollaba la eucaristía. La iglesia tenía un púlpito dorado fascinante que me parecía hecho de oro puro. Era un mundo en el que la devoción se mezclaba con el misterio.

Era un hombre de fe, se sabía la Biblia de pe a pa y era capaz de leer latín. Yo creía que hubiese podido leer en cualquier idioma que uno pudiese imaginar. Cuando un padre lo puede todo es cuando un padre lo sabe todo. Porque saberlo todo era lo que yo creía que un padre debía ser.

Pero mi padre era sobre todo Beethoven y Vivaldi y Mozart y la opera…Él y la música clásica eran una sola cosa, una sola de verdad, la música como una vida dentro de la vida. Eran los compases, el ritmo, la complejidad de las composiciones, la avidez voraz por escucharlo todo, lo que parecía moverlo.

Yo estaba orgulloso de su saber, de su memoria, de la cantidad de información que era capaz de dar, de su capacidad de trabajo. Cuando iba al monoblock de la UMSA, al sexto piso donde trabajaba, era como ver un gran señor, como el Dux de alguna ciudad italiana del cuatrocento, el dueño y señor del piso que correspondía al Instituto de Estudios Artísticos de la facultad de Arquitectura. Yo estaba seguro que él era el caballero de ese piso, el señor de la arquitectura, de la facultad, del arte concebido como una gran descripción  y laberinto de objetos, el barroco y la compleja paradoja de la armonía en el exceso. Mi padre y mi madre descubrieron entonces el extraordinario escenario creativo aportado por el mestizaje en el arte y recorrieron como en una ceremonia secreta los inmensos espacios del altiplano y los Andes en sus flancos, para encontrar la estética de Dios, no necesariamente destinada a Dios. Los hombres que llegados del otro lado del Océano fueron capaces de apropiarse de un espacio, regarlo de arte, arquitectura, pintura, escultura, pero sobre todo signos, los extraños signos que se mezclaron con la tierra, que se ahogaron en ella y renacieron de nuevo. El mestizaje fue el gran descubrimiento, el invento de los americanos del Ande, que no eran ya una cosa ni la otra, que fueron una nueva vida y un nuevo dios, muchos dioses y un nuevo aire y un nuevo color. Allí estuvimos nosotros, mi hermano Andrés y yo como testigos. Mis hermanas Isabel y Teresa Guiomar tendrían que esperar unos años para encontrar ellas misma esa fuerza, honda, que sonaba a infinita, que mis padres nos transmitieron después de recorrer ese altiplano increíble, bello, desolado, profundo, solitario, abandonado tantas veces.

A mi se me hacía que lo podía todo, como hombre fuerte que era, levantar cualquier peso, comer como si nunca hubiese comido en su vida. Amaba comer y comía hasta piedras, desde los grasientos hispis del lago, hasta los langostinos más sofisticados. Comer era su máximo placer y lo hacía sin límites, pero siempre con un toque de humor. No bailaba jamás, no fumaba y no bebía casi nunca hasta que, después de los cincuenta, no bebió nunca más. Su piel era más blanca que el papel más blanco que se haya fabricado.

Pero, qué duda puede caber, su máxima pasión fue siempre enseñar. Con sus conocimientos casi habría sido un pecado no enseñar. Enseñó hasta que le quedó una sola conexión consistente en su cerebro. Cuando antes de su muerte lo ví casi invalido, sin poder decir dos frases coherentes, prácticamente ciego e inerme, atrapado en un presente eterno, me amargue mucho, me dió ira, inmensa ira por ver lo que la vida pudo hacer de esa fortaleza, de ese inmenso hombre que fue en tantos sentidos, en sus excesos y en sus pasiones, la pasión del saber y la vitalidad que se le escapaba por los poros.

Amó a mi madre, y poco antes de irse del mundo de la mente para encerrarse en ese otro ya descrito, en una confesión que no olvidaré nunca, me dijo en una conversación cómplice de padre a hijo, cuánto la amaba y cuánto la necesitaba. Me lo dijo como para que nunca lo olvidáramos sus hijos u nuestros hijos. Hoy, pasado el dolor, sé que mi madre llevará con nosotros esos sesenta años de vida en común que, como todo, fueron un camino complejo de luces y oscuridades, de tibiezas y de heridas, pero siempre de amor, porque sólo el amor salva.

fotos de mi hija Guiomar, exposición “Alientos”

Guiomar de Mesa Salinas, nacida en La Paz.

Estudio en el colegio San Ignacio de La Paz

Licenciada en Fotografía en la Universidad de Palermo de Buenos Aires.

Habla español, inglés e italiano.

Ha ganado tres premios en concursos de la Universidad de Palermo.

Sus fotografías han sido publicadas en revistas especializadas, han sido utilizadas en tapas de cds y en gigantografías en Bolivia.

Hizo su primera exposición individual en la galería Nota, la más prestigiosa de Bolivia en el año 2009

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Mirando a mis hijos en Barcelona

30 de noviembre de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando decidí abrir este blog, pensé que no tenía mucho sentido escribir de política exclusivamente, para eso tengo mi columna en el periódico y además creo que es necesario que como persona (cualquiera de nosotros) pueda transmitir la idea de que el mundo es más ancho que pensar que las 24 horas del día la política nos debe sorber el seso al punto de convertirnos en maquinarias graníticas de hacer política. Seríade un aburrimiento intolerable. Si algo maravilloso tiene la vida es que su abanico, gracias a la naturaleza, es tan ancho, complejo y estimulante que trasciende la política largamente.

La vida cotidiana, la de todas las mañanas y las noches es el desafío de vivir, porque de eso se trata, de aprender a vivir con la nueva persona que eres cada mañana, lo cual, todo hay que decirlo, no es nada fácil.

Hoy, estoy en Barcelona. Aprovechando una invitación que me hicieron a Lisboa me di un salto a esta ciudad para ver a mis hijos. Borja trabaja en diseño en 3D para una oficina que proyecta polígonos industriales, supermercados y casas para el mercado local. Tras dos años de posgrado comenzó a trabajar y aquí está, dos años haciendo algo que como arquitecto era uno de los caminos, pero quizás el menos previsible. En realidad en 3D el apetito se le abre para dar un salto a programaciones más sofisticadas que eventualmente trascenderán la mera creación en tres dimensiones de edificios de diversa dimensión y forma, aunque para ello deba prepararse sin tregua y esperar. Su trabajo está a una hora del lugar donde vive. Sale a las ocho y vuelve a las veinte. Esta noche quizás no lo vea porque fiel a sus pasiones es probable que tenga un partido. Es la (una de las) estrella de su equipo y no lo digo por que es mi hijo, a sus 29 años está lejos de ser el “hijito perfecto” que todo padre mira en el pequeño que apenas camina a sus tres años, lo digo simplemente porque es un muy buen 6. Heredo de mi su pasión por el Real Madrid (no el buen fútbol, porque yo era un negado para el fútbol y para cualquier deporte) y adoptó por voluntad su pasión por Bolívar, salvándose del largo sufrimiento de mirar la agonía interminable del equipo de mis amores, Always Ready, que pocos saben que es un equipo de fútbol, que alguna vez fue un grande en el país y que hoy es sólo nostálgica historia. Pero Borja es sobre todo una personaron determinación y claridad, quizás demasiado blanco y negro, pero esas aristas las pulirán los años, que no le quepa dudas. El blog, este, fue idea suya y él lo diseñó, porque de lo contrario aún estaría esperando a tenerlo.

Guiomar mi hija está también aquí, llegó hace algo más de un mes con dos desafíos, conseguir un curso de posgrado tras haberse licenciado en fotografía y después de haber presentado una bella exposición de fotos en La Paz junto a su tía, la otra Guiomar. Me tocó ver esas imágenes (como es obvio) antes de la exposición. Sugerían la respiración que es la vida, en color y en blanco y negro. Cintas de colores intensos que salen de la boca de una joven (Matilde), los ojos con fuerte maquillaje parecido a la sangre, otras fotos, cuerpos como congelados y rostros que no miran, otras, la cara de Julián como ausente de este mundo y dueño de un enigmático secreto (la foto en tono decadente), esta serie trabajada en blanco y negro. Cuando preparó la exposición, le sugerí que todo estuviera referido a la respiración humana, la vida, en suma y lo logró, logró transmitir la vida en sus fotos y su compleja personalidad en una secuencia de autorretratos que se han quedado con nosotros para que esté siempre presente en la casa. Ahora debe conseguir trabajo, ambas cosas están ligadas, el curso y la pega y el uno no funcionará sin la otra. Conseguir trabajo en España es hoy una aventura, con el 17% de desempleo, el más alto de Europa y quizás del mundo (el que más o menos funciona, si hay algo que a estas alturas que realmente funcione en el mundo), el objetivo tiene sus dificultades.

¿Por qué mis hijos están aquí?, Pienso que porque cuando uno como padre busca que sus hijos puedan tener una educación adecuada asume que debe lograrla de calidad, que les de armas para lidiar con este espacio competitivo y despiadado que es el presente, lidiar con su vida en realidad, después se verá como conecta ese objetivo con el compromiso. Hoy el compromiso no es lo que era, para empezar porque en el siglo XXI las mentes digitales están interconectadas, van perdiendo el sentido de nación en el marco estrecho de nuestros tiempos. Las fronteras se diluyen en el Internet, en la música, en el chat, en el descubrimiento de la ciencia y la tecnología, en la mirada más amplia de cómo te vinculas con realidades que antes no soñábamos, que hay demasiada estrechez en nuestras cabezas cuadriculadas por la idea de que todo gira en torno a un solo espacio, a un sólo tiempo y a un solo tema.

Pero a partir de esos estudios cada uno construye su propia vida, arma su estructura interior y decide. Borja tiene 29 y Guiomar 25, hace ya unos buenos años que dejaron de ser los hijitos para ser los hijos y asumirse como entidades autónomas (aunque más de una vez nosotros, sus padres, Elvira y yo, no sé si fuimos capaces de entenderlo del todo). A partir de ello uno los sigue, está a su lado, los apoya, pero sobre la premisa de que los destinos individuales son lo que son, individuales. Están hoy aquí y es lo que hay. No es una vida fácil, pero es la que cada uno tiene y escoge. Aunque ¿Cuándo en 1970 vine a España a estudiar primero Ciencias Políticas (en la España de Franco, hay que ser ingenuo) y luego literatura, escogí realmente? Sí y no. Hay una edad en la que las decisiones tiene que ver con uno y sus padres, pero ese salto, el crucial cuando tienes 17, o 18, o 19, definirá tu futuro (o lo orientará en un determinado camino) de manera muy fuerte. No hay nada irreversible y sobre el molde en el que has vaciado tu perfil del futuro, vendrán cambios y circunstancias que te llevarán donde algún día llegues o donde no llegues nunca (podría contar largamente sobre ello en mi propia vida). Lo que es inevitable es estar siempre ligado, como liga el cordón umbilical de cada hijo a su madre, Elvira en este caso. Es un cordón mental, psicológico, emocional y misterioso que las madres tiene más que los padres y que los padres tenemos de un modo distinto, aunque sin haber experimentado eso que es intransferible, los nueve meses de albergar físicamente a tu hijo en ti misma, alimentarlo, sentirlo, respirarlo, tocarlo por dentro y por fuera, eso por lo menos hoy, es exclusivo privilegio de una madre y exclusivo dolor de una madre al parir. También la dimensión del amor a un hijo es distinta, pero tan fuerte que, por lo menos para mí, es como una prolongación de uno y así será hasta el último día de mi vida.

La otra pregunta es ¿Serás capaz de asumir y aceptar cada decisión, cada avatar, cada tropiezo, cada éxito, cada cosa que ellos vivan con madurez para entenderlo y sobre todo saber que ayudar? Puedes ayudar, pero el secreto está en la medida exacta de los ingredientes (la pizca se diría) como en una receta de cocina. Ayuda puede no ser la palabra correcta. La vida de cada uno depende de la capacidad de independencia, de creatividad, de riesgo y eso en muchos sentidos pasa por que uno entienda que ayuda es quizás una palabra incorrecta.

Quisiera ver a Borja y Guiomar felices, lo que se dice fácil, pero es menor fácil de lo que parece. Sobre todo por que la idea de la felicidad es una abstracción y porque a mis 56 años he aprendido que la felicidad es un concepto como otro cualquiera, debatible y subjetivo y que se aplica de un modo distinto en cada alma. Cada quien busca su satisfacción de un modo diferente y cómo la entiende es un misterio. La felicidad es, en consecuencia inasible como definición, yo mismo me he sentido tentado muchas veces de entenderla como una cuestión física y sensorial, un momento, una circunstancia en la que la suma de cosas hace que por un instante sientas la felicidad inundarte, después se desvanece. Pero volverá a aparecer, siempre en fragmentos. De lo contrario la vida no valdría la pena de ser vivida.

Recuerdo a este propósito a Jaime Saenz que escribió: “sólo el amor salva”.

Podría extrapolar la frase para este asunto. Cuando siento a Borja y Guiomar entiendo la complejidad de cada ser humano y la necesidad inexcusable de cada uno de construirse como persona. Ahora nos toca estar, amar y mirar, la mirada es voz y reflexión y acción, pero es mirada, no puede ser un ala sobre cada cuerpo.