Danos tu 10 histórico para Bolívar

En el blog “Historia del Fútbol boliviano” a la que se accede  por el link de este blog, los hinchas de Bolívar pueden aportar con su propia visión del pasado atigrado.

Nosotros hemos escogido, de acuerdo a nuestra subjetividad, a los 10 mejores jugadores de la historia del club, pero nos parece que esa lista puede enriquecerse con la opinión de los hinchas que son quienes representan de verdad el espíritu del club.

Por eso, les pedimos que nos envíen la lista de los que a su criterio son los 10 jugadore históricos de Bolívar.

Todo lo que tienen que hacer es dejar un comentario en el blog Historia del Fútbol Boliviano con la lista y si quieren, por supuesto, con el nombre completo de quien la ha confeccionado.

Para hacer un resumen de todos los aportes, la fecha límite es el 5 de marzo.

Nuevo Blog sobre Fútbol Boliviano

Dada la naturaleza de este blog, hemos decidido con mi hijo Borja, inaugurar un nuevo blog especializado con el nombre de “Historia del Fútbol Boliviano”, en el que descargaremos los textos que escribí en “La Epopeya del Fútbol Boliviano”, actualizados y comprimidos por supuesto y el bagaje estadístico que tenemos sobre nuestro fútbol.  Lo haremos con abundante material gráfico y entregas sucesivas.

Así, este blog dejará de publicar textos de fútbol que están a contramano de su tono general. Esos textos irán en el blog que ahora abrimos.

Este es el enlace con el nuevo blog que ya está accesible: www.historiadelfutbolboliviano.com

Oriente, Un Campeón más allá de la Liga

Publicado en  El Deber el 12 de diciembre de 2010

Oriente ha obtenido después de nueve años un título nacional que aumenta un trofeo más a una de las vitrinas más cargadas de éxito en el palmarés del fútbol boliviano.

Ocurre sin embargo que, por alguna razón muy parecida a aquella que pretende hacernos creer que la historia de Bolivia comenzó el 22 de enero de 2006, en lo que toca al fútbol quieren hacernos creer que la historia nació el 17 de agosto de 1977 (fecha en que se fundó la Liga de la que Oriente es fundador), borrando un glorioso y rico pasado de nuestro fútbol amateur y de nuestro fútbol profesional.

Para los orientistas jóvenes, será bueno afirmar que aquel que diga que los albiverdes han obtenido sólo cuatro campeonatos es mezquino y totalmente falso. Oriente tiene una trayectoria local, nacional a internacional extraordinaria como para dejar las cosas de tamaño tan chico. Sigue leyendo

Crisis en el Fútbol Boliviano. Algunas Preguntas

Publicado en Página Siete el viernes 3 de septiembre de 2010

 

Hay una pregunta muy simple que debieran hacer los dirigentes de nuestro fútbol. Salir a la calle y consultar la opinión de los hinchas del fútbol. Podría apostar que el 90 % de los encuestados respondería que no les gusta la modalidad de los campeonatos de la Liga. ¿Es tan complejo entender que de lo que se trata es de hacer sólo dos campeonatos de todos contra todos, uno por semestre. Y que, ¡Por amor a Dios!, se jueguen como mucho cuatro clásicos por año. Están destruyendo la mayor fiesta del fútbol sin misericordia alguna (pan para hoy, hambre para mañana).

 

¿Necesitamos alguna prueba más de que lo de hoy no funciona? Salvo la semana de oro que acabamos de vivir, estamos en el sótano de América. Dos cabezas en el profesionalismo y un peso desmesurado de asociaciones que no engarzan con un proyecto global, no hacen sino confirmarlo.

 

¿Cuánto dinero recibió el fútbol boliviano a partir de su selección mayor en los últimos veinte años? ¿Cómo se manejo? ¿Por qué la FBF está quebrada? Se trata de exigir transparencia, en el pasado, el presente y en el futuro. El fútbol, la más grande de nuestras pasiones, debe ser accesible (hecha una auditoria externa a fondo) no sólo en su juego sino detrás de bambalinas. En vez de un muro de ladrillos debe haber una vitrina que nos permita acceder a la información a la que tenemos derecho.

 

¿Por qué no una “Copa Bolivia”? Algo como la “Copa del Rey” en España, en la que jueguen los equipos ligueros con los campeones y subcampeones que juegan la fase final de la “Copa Simón Bolívar” en partidos de simple eliminación entre los dos torneos de cada año.

 

¿Por qué no enlazar la idea del modelo Tahuichi con divisiones inferiores de los clubes? Divisiones inferiores de a de veras, que sean una cantera no una caricatura. ¿Cuántos jugadores de sus inferiores han sacado Bolívar y Strongest en los últimos diez años que hayan jugado en su equipo mayor y que hayan integrado la selección? Es además una gran inversión futbolística y económica de los clubes. Si no hay recambio cada lustro en un equipo sobre la base de su propia fuente, vamos al muere.

 

¿Extranjeros? sí, pero no una Liga de extranjeros de tercer nivel. ¿Nacionalizados que son considerados extranjeros? No, porque ya no lo son. Que la Constitución, en este caso, sirva para algo.

 

Final. Seguimos aceptando que los jugadores hagan de su capa un sayo. Si a esto le sumamos el hecho de que la preparación física de nuestros equipos es, por decir algo, penosa, está difícil que podamos llegar con opciones a competiciones de alto nivel.

 

Al toro por las astas…

Apaga la Luz y Vámonos

Publicado en Página Siete el 7 de julio de 2010

Sneijder, Robben, Van Brommel…Holanda llega por tercera vez a la final de la Copa del Mundo. Una copa que no terminó de estallar en la orgía de genios que los medios y los millones de euros que en los últimos cuatro años han convertido a los futbolistas en una mezcla de dioses y bataclanas, nos habían anunciado.

No ha sido el mundial de la genialidad ni del estallido de las glorias individuales, lo ha sido de equipo sólidos, de quienes entienden el fútbol como una construcción, como una mezcla entre generosidad, sentido estratégico, gran despliegue físico y finalmente, subrayo, finalmente, adornos con la capacidad de magia creadora de los individuos.

Europa volvió por sus fueros y nos dejó fuera, y el último de los Mohicanos fue el equipo de Forlán. Perdió frente a la naranja, sí, pero llego más lejos de lo que nadie soñaba. El tercer o cuarto lugar que le corresponde a dilucidar en el más irrelevante de los partidos del mundial no le quita una pizca de lo que hizo. Los charrúas volvieron por sus fueros a instalarse donde les corresponde, entre los grandes. Es hoy un grande del mundo y por supuesto de nuestra América, como lo fue sin discusión hasta 1970 y con especial relieve en la primera década del siglo XX.

Tabarez hizo de su equipo un equipo. Desde atrás Victorino o Lugano cuando le tocó. Marcando, mordiendo y enganchando Gargano y Pérez y Pereira, en la lógica del fútbol sobrio pero de alto nivel. Diego Forlán, uno de los grandes jugadores de este mundial. En la heroica Suárez, con el gol en la mirada y con esa mano milagrosa que llevó a Uruguay hasta donde llegó. ¿Se podía pedir más? Claro que sí, porque hay que decirlo sin miedos, Uruguay no fue menos que nadie, podía perfectamente haber llegado a la final y nadie podía haber dicho que lo hizo por casualidad, no. Pero no ocurrió y América del Sur, que llegó como nunca antes a meter a cuatro equipos en octavos, se entregó en los pies de brasileños y argentinos. No se puede hablar de traición a un estilo o de exceso de individualidades, se puede hablar de algo más profundo, la falta de determinación, de consistencia psíquica colectiva, la falta de lucidez. Es en estos aspectos en los que los europeos demostraron una entereza que es, y no poco importante, un complemento básico e imprescindible del talento deportivo.

Una lección para Dunga que perdió el alma en algún lugar (aunque mostró un equipo consistente hasta su desmoronamiento emocional), una lección para Maradona que llegó hasta donde podía, contagiar mística, motivar, pero no desarrollar el arte de la conducción técnica cuando las papas queman. Paraguay fue otra historia, Chile fue otra historia, dieron de sí todo lo que podían dar y hay que sacarse el sombrero por ello.

Medio centenar de equipos europeos, tantos como países hay en ese continente frente a diez sudamericanos; la diferencia a favor del fútbol del sur me sigue pareciendo clara, pero más allá de los lamentos y más allá de lo subjetivo, será campeón del mundo un equipo europeo. A pesar de ello, el mejor fútbol del mundo sigue al sur del sur.

Quien gané el mundial lo habrá merecido. La lección a aprender es que el desangramiento de nuestro fútbol, gracias a los euros y los delirios de los equipos que se han apropiado del espectáculo mundial, nos toca y nos afecta, y nos afectan ciertas dirigencias y el exitismo y…Hay que darle una vuelta de tuerca a este asunto a tiempo, cuando aún hay tiempo. Menos Messis y más Forlanes, menos Maradonas y más Tabarez, menos emocionalidad y más templanza.

Mientras tanto y hasta el 2014, apaga la luz y vámonos…

Argentina, Morir en el Obelisco

Publicado en Página Siete el 5 de julio de 2010

Es una mañana medio nublada, el sol sale a destellos y resbala sobre el imponente obelisco en el corazón de la bella Buenos Aires. Una pantalla gigante y un sonido atronador convocan a miles de porteños, todos de celeste y blanco, a celebrar por anticipado el triunfo y esperar que, tras ganar el torneo, Diego Maradona esté allí saltando desnudo como ha prometido. Es un espectáculo sin duda. Todo lo que tiene que ver con el fútbol en Argentina lo es.

El partido ha terminado, dos hinchas discuten en medio de la desazón, la bronca y la inmensa tristeza: “La gran mentira de este mundial es Messi”. “Qué decís b…, la gran mentira es Maradona”.

Si algo quedó claro es que Maradona no es Menotti y que Messi no es Maradona. Toda discusión sobre el particular quedó cerrada. Messi, que tanta ilusión generó en toda Argentina, fue siempre un quiero pero no puedo, fue a veces relevante constructor en el área y frecuentemente irrelevante gambeteador de potrero en la cancha, pero lo que nunca fue es el mejor jugador de este mundial.

Una gran desolación cubrió ese estadio improvisado a los pies del obelisco. Los tres últimos goles de Alemania se recibieron como una terrible sombra sobre un gigante caído. El “¡Vamos, vamos Argentina…Vamos, vamos a ganar!” se esfumó en lagrimas, en dientes rechinando, en la certeza de no poder explicar nada.

Expliquemos algo. Argentina no está cuatro goles por debajo de Alemania. Me atrevo a más, Argentina jugó un buen partido y, sobre todo en los primeros veinte minutos del segundo tiempo, tuvo a los germanos contra las cuerdas con opción de empatar  e ir al frente. ¿Por qué perdió?, porque tuvo en contra a un equipo con ideas más claras que su propio talento, con una determinación, la de siempre, para encarar y matar y una potencia de contragolpe letal. El primer gol de Mueller a los tres minutos derrotó a Argentina por algunas razones básicas. La gran y mortal delantera albiceleste se estrelló en la indefinición, en la timidez, en la falta de precisión a la hora del remate definitivo. Cuando Maradona decidió –e hizo lo correcto- buscar el empate y jugarse al todo o nada, apostó por una remontada heroica o por una catástrofe que es lo que al final cosechó, pero era ganar o ser goleado, eso demostró valentía y conciencia de lo que estaba en juego. Argentina jugó los últimos treinta minutos totalmente adelantada, con sus marcadores centrales exactamente en la mitad de la cancha, empujando y empujando sin cesar. Palabras especiales para Heinze y De María, ambos hicieron un gran partido, por ellos pasó todo el mecanismo creativo de Argentina. Algo menos, pero también con talento, cabe citar a Rodríguez. Mecí, en cambio, apareció muy retrasado y al verlo allí, es obvio que faltó Verón. Mascherano no se conectó bien con el diez, muy atorado en la marca y muy nervioso. La Pulga, vuelvo a ello, simplemente no tiene condiciones para mirar el partido en grande, está para resolver con genialidad en un par de metros, pero no mira más allá, en ese sentido no es un diez clásico. Y retomo mi análisis de Tévez; si en el anterior partido me calló, en éste volvió a la misma, más energía que cabeza. Agüero hubiese sido una mejor opción desde el minuto uno y no cuando entró. Y el Pipita, atado, tímido e indeciso.

Es que Alemania, muy retrasada en casi todo el partido, optó por un mecanismo perfecto, no dar un centímetro a la delantera Argentina. Todos los remates se vieron bloqueados, enredados, tuvieron que salir de entre las piernas de los defensores de negro, que hicieron una tarea exacta de anulación de algo básico, el espacio para jugar, para mover la pelota.

Lo contrario en el otro arco. Podolski, Klose o Mueller, para mencionar los obvios, jugaron con todo el espacio del mundo, lo que les permitió correr la bola, pasar largo cuando fue necesario. Mientras Argentina moría asfixiada en la doble línea defensiva alemana, los teutones llegaron con opción muchas veces, sobre todo porque el mecanismo de desfondar la defensa albiceleste vía contragolpe se hizo elemental en la última parte del encuentro.

Alemania mereció el triunfo, sin duda alguna, porque hizo lo que tenía que hacer frente a un rival del tamaño de los del Río de la Plata. Argentina mereció perder, sí, por una razón esencial, no entendió cómo desbloquearse y no encontró la ficha clave para organizar desde los tiempos hasta la proyección al medio campo, donde en definitiva se decidió su suerte.

Argentina fue y es un gran equipo. Maradona no es un mal técnico, pero no es ciertamente el técnico para una de las mejores selecciones del mundo.

Alemania que venía desde el fondo de la mediocridad, sale, como casi siempre, con la grandeza de su incontrastable solidez de gran equipo mundialista, de una de las selecciones más imponentes de la historia del mundial, no ésta selección en particular, sino Alemania como marca registrada de un fútbol que jamás se rinde y que nunca, ni en la peor de las derrotas, se siente doblegada.

Uruguay entró Guapeando

Publicado en Página Siete el 3 de julio de 2010

¡Uruguay para todo el mundo! Hay una diferencia entre este alargue y el de Paraguay y Japón, aquí, quien perdió no merecía perder. Tener que irse después de ese despliegue es siempre injusto y conlleva más amargura, justa amargura. Abreu, picando, la metió e hizo historia. Uruguay otra vez donde debe estar, entre los cuatro más grandes.

Uruguay ha demostrado en este mundial una combinación fantástica, la suma de su historia, la de su fuerza, su inclaudicable sed de ganar con una gran consistencia futbolística, en el mejor sentido de la palabra. En la otra, contradiciendo su pasado, Uruguay no fue amarrete, no se contuvo ni se midió, jugó desplegado, hambriento de fútbol, sin las finezas de las grandes estrellas, sin las pretensiones de los supuestos intocables, pero con toda la entrega.

La propuesta celeste fue desde el primer minuto salir a ganar y para eso jugó. Atrás con Victorino (impecable), Pereira, Fucile y Pérez conteniendo y saliendo, con Arévalo en la mirada clara y siempre con Forlán en su doble rol, como media punta más adelantado antes de la entrada del Loco Abreu, y más atrás saliendo en la propuesta ofensiva después. Suárez corrió y remató muchas veces, cuatro o cinco por lo menos, goles no convertidos que pudieron ser y que fueron lo más agrio de aquello que se ve venir y no viene.

Qué decir de Ghana, un equipo notable, tan jugado y tan decidido a hacer del fútbol un espectáculo como los charrúas. Al principio pareció que esperaba, pero la verdad es que manejó gran parte de la primera etapa. Tiene jugadores de mucho cuidado, sobre todo Gyan, capaz de recibirla y rematar de primera o cabecear con talento, un mediocampo extraordinario con la calidad de Asamoah, o de Annan, que son jugadores que despliegan juego por el centro, o el propio Sarpei, que, además, marcan la diferencia cuando se generan los contragolpes de velocidad y pases largos y profundos. Allí está el secreto de este equipo bien balanceado, es capaz de resistir un planteamiento de un partido de ida y vuelta y tiene la lucidez para resolver situaciones cuando la ofensiva uruguaya moría en la contra de los aurirojos.

Los dos equipos aguantaron un ritmo de una intensidad notable, Uruguay no dejó nunca el fútbol como propuesta, ir tocando, manejarla por bajo, triangular, resolver con rapidez y precisión en la creación en el ataque, y eso lo engrandece. Si hay un jugador que hace la diferencia ese es Forlán. Ante el gol ghanés en el cierre de la primera fracción de ese remate de Muntari  que agarró a contrapie a Muslera, vino la respuesta con ese tiro libre maestro de “Cachabacha” que hizo un tiro libre para recordar por mucho tiempo. Pero no alcanzó y vino el alargue.

Con un ritmo más lento, impuesto por el desgaste de los dos equipos, Ghana entró al alargue decidido a liquidar en los primeros minutos, como frente a Estados Unidos, pero poco a poco Uruguay fue recuperando el control del partido y contrapesó una cancha que parecía inclinada a favor de los africanos, que mostraron más resto físico que los sudamericanos. Hasta el penal que hizo Suárez (expulsado) que salvó a Uruguay ante ese remate insólito de Dyang en el travesaño.

Suárez atajó la historia y Abreu la terminó de bordar. ¡Que no ni no!.

Ver Perder a Brasil en Buenos Aires

Publicado en Página 7 el 3 de julio de 2010

Ha terminado el partido, suenan bocinazos de celebración. Un grupo apreciable de personas se acerca al lugar más emblemático de la ciudad a celebrar. Durante el encuentro, en los bares y cafés, exclamaciones, aplausos, gritos abiertos, celebración sin pudor. No, no es Ámsterdam, es Buenos Aires y su obelisco. Es como un Boca River. Si eres de Boca la derrota de River es tu triunfo, más allá de que el rival sea de otro país, o en este caso de otro continente. Lo viví en un café porteño repleto de hinchas argentinos que sufrían cada vez que la agarraba Maicon o encaraba Kaká y celebraban cada vez que Robben bailaba cerca del área amarilla. Para los argentinos no hay discusión, ver perder a Brasil es un placer aparte, aunque eso les ponga las barbas en remojo frente a su próximo rival, la temible Alemania.

¿Brasil es Brasil? En el primer tiempo pareció serlo sin duda, pudo incluso estar un par de goles por encima de Holanda. Más allá de la escapada de Robinho y su definición impecable, el equipo funcionó, sólido como es, como un equipo tranquilo, seguro, con el partido en el bolsillo, ante unos holandeses algo desconcertados, aunque ha sido claramente el rival de más fuste de los hoy vestidos de azul.

La segunda fracción fue otra historia, el negativo de la primera. El gol del empate llegó de un centro de Sneijder, no diré que inocente, pero sin hambre alguna. Un choque entre el arquero Julio César y Felipe Melo que la tocó apenas, para marcar en contra. La desazón de ese empate inopinado comenzó a desbaratar a los brasileños. A poco, el propio Felipe Melo, con la inconsciencia de quien está cegado, pisoteó a un rival después de hacerle una falta y llegó la justa expulsión. A partir de ese momento Brasil no fue Brasil, perdió lo más importante, el autocontrol. Los jugadores comenzaron a desquiciarse hasta ser un nudo de indecisión, ansiedad, bronca e impotencia, todo junto, como si se tratase de un grupo de chiquillos que pierden un  campeonato de barrio. La templanza y la serenidad no llegaron cuando debieron llegar, para hacer la diferencia entre lo pesado y lo ligero, entre lo consistente y lo endeble. El gigante sintió que sus pies se ablandaban y se deshacían como la arena tocada por el agua.

En contraparte, Holanda demostró que era capaz de tomar la posta y hacerse del partido con categoría. Sneijder volvió a las andadas y clavó el segundo, impecable, de un tiro de esquina, y Robben que es un fuera de serie, y Von Bommel saliendo de atrás con una fuerza impresionante y ante un Brasil jugado en la desesperación de atacar con uno menos en el campo, abierto, entregado, estuvo a punto de hacer dos o tres más en contragolpes mortíferos.

La ilusión de que Brasil llegaba por definición a la final quedó en humo y Dunga, que había apostado al todo o nada, se quedó con nada y, además de su renuncia, pagará muy caro sus broncas con los medios de su país y su estilo, que me sigue pareciendo interesante, pero a la vista de los resultados fue un gran fracaso.

Por de pronto Brasil llora, Holanda y Argentina festejan.

Paraguay Adentro

Publicado en Página Siete el 30 de junio de 2010

Paraguay está en cuartos. Lo merece, claro que sí, sigue con la racha de éxitos de América del Sur ¡Albricias por ello! Pero lo merece por lo que hizo en la eliminatoria y por lo que hizo en la primera fase del mundial, no por lo de ayer con Japón.

Es muy difícil aceptar como partido de octavos de final de la Copa del Mundo, un encuentro como el que propusieron (o mejor, no propusieron) Paraguay y Japón. Si lo que uno quiere es ver fútbol, llenarse los ojos, disfrutar del esfuerzo de dos equipos que saben que de lo que se trata es de matar o morir, lo de nipones y guaraníes ciertamente no fue la receta.

Ambos equipos plantearon su esquema de juego como en un espejo el uno del otro, un verdadero cerrojo atrás, tímidos intentos de control del mediocampo y una posibilidad –solo eso-, una posibilidad de arriesgar en el ataque. Al punto que la mayor parte de las jugadas ofensivas nacieron de pelota parada, sea de tiros de esquina o de tiros libres. Preocuparse más por defender que por atacar, temor al contrario más que certeza de la propia capacidad para herir de muerte al adversario, fueron el lugar común de un partido francamente lento, francamente aburrido.

¿Es que Paraguay no tiene recursos ofensivos? Si mencionamos a Santa Cruz, o a Aedo Valdez, o al propio Cardozo, debiéramos responder que sí, pero no ocurrió. Podríamos pensar en Bonet y Morel, en sus posibilidades de proyectarse. No ocurrió. Por eso, tenemos inevitablemente que llegar a las dos figuras más importantes, ambas atrás; Alcaraz, símbolo de firmeza y seguridad y Ortigosa que fue el único que desde  el fondo de la línea paraguaya intentó la generación de fútbol ofensivo.

Por si fuera poco, vimos muchos choques, muchas pelotas cortadas, muchos roces, que contribuyeron además a que el partido no tuviera la fluidez de fútbol que es menester en una confrontación de esta envergadura.

Martino nos había propuesto en la primera fase al mejor Paraguay, en estos octavos estuvo muy cerca de desplegar al peor Paraguay, como si no hubiese mayores recursos, mayores ideas. Fue exasperante ver cómo todas las llegadas al área japonesa morían en la endeblez, en remates desviados, en pases ingenuos, o en pelotas perdidas ante una defensa tanto o más sólida que la de los paraguayos.

Los noventa minutos, salvo quizás el inicio de gran intensidad ofensiva de los de Martino, mantuvo una línea plana, sin mayores emociones. ¿No hubo ninguna? Sí, algún remate bien contenido, algún contragolpe muy peligroso que contuvo Vilar cuando moría el tiempo de alargue y poco más.

¿Qué quedó claro? que Paraguay y Japón se defienden muy bien, que tienen poca capacidad de control de balón desde el medio si se los aherroja, y muy pocas ideas ofensivas a la hora de definir las cosas.

De ese modo -casi se podía haber previsto desde el minuto uno- no había otra solución que la de los penales y así fue, a partir de los penales que se clasificó Paraguay con el gol de Cardoso. La forma, a mi modo de ver, más fea y más injusta de que uno se quede y otro se vaya, salvo excepciones como esta, en la que los dos cuadros hicieron méritos más que suficientes para merecer el castigo de irse por el azar de los penales. Ninguna pena, ningún reproche, ningún lamento. Jugaron para empatar y en consecuencia, el azar de los tiros de los doce pasos eran el castigo merecido y el premio para cualquiera de los dos. Ganó Paraguay y lo celebramos.

Brasil, el Sello de un Ganador

Publicado en Página Siete el 29 de junio de 2010

Ser consecuente con un estilo tiene sus riesgos. Chile los afrontó y perdió. En la medida del tamaño del rival, las posibilidades de sobrevivir con un juego de velocidad, adecuado relevo y triangulación serena en las proximidades del área no es fácil, porque al frente está una defensa que, salvo excepciones muy contadas, es prácticamente perfecta. La zaga brasileña es de una contundencia y de una simpleza que abruman. Por si esto fuera poco, marcan y despejan apoyando, o mejor todavía, salen jugando y llevan al equipo a cruzar el medio campo desde su área chica. No me repetiré, sólo menciono dos nombres, Lucio y Juan, para no añadir lo obvio, el propio Juan abriendo el camino de un triunfo con un impecable gol de cabeza. Al terminar la primera parte, con dos goles en la mano, el triunfo del “scratch” estaba sellado.

Bielsa no tenía otras armas que las exhibidas y su sentido de equipo y coordinación flaqueó cuando el rival fue un gigante. Y es de un gigante que hablamos. Podrá perder, podrá –será difícil que ocurra, pero no imposible-  no llegar a la final, pero no por ello deja de ser un gigante.

Un agravante en el planteamiento de Chile, su propuesta de construcción futbolística deja espacios y –está claro- Kaká con espacios es el jugador que es. De nuevo armó la trama del ataque, de nuevo, desde el centro, o a veces algo recostado abrió el panorama de la ofensiva amarilla, de nuevo le hizo el pase templado, medido y perfecto a Luis Fabiano que, jugando, hizo el segundo y mejor gol del encuentro.

Brasil, y en esto Dunga lleva razón, no tiene porque perder la compostura a título de deslumbrar, no tiene porque perder la disciplina para demostrar que maneja la pelota con talento y –como era previsible- se afirmó en esa lógica, la de una estructura sobre la que se puede girar, sobre la que se puede correr, sobre la que se puede balancear a un cuarteto impasable que se proyecta, con un creador que, libre, es capaz de lo que vimos y más, y finalmente con una delantera que tiene la compañía notable de Maicon y Bastos. Esta vez Maicon brilló menos, la explicación es perfectamente comprensible, Alves es un complemento de lujo y fue quien se cargó esa punta durante casi todo el partido.

No descubrimos nada. Presumíamos que Brasil era más que Chile y lo fue. Y aquí la consideración indispensable. Bielsa es un gran técnico, sí, pero es el equipo el que juega. Vale para Maradona, quizás no es un gran técnico (aunque no sería justo descalificarlo como se ha hecho con él desde el 1 a 6 frente Bolivia), pero tiene un equipo de lujo que es el que juega.

Sudamérica se ha decantado hasta ahora por los grandes de siempre y por el reverdecido Uruguay. Queda la incógnita paraguaya y por supuesto el gran desafío de la valiente Ghana y muy especialmente la armada europea, que tiene dos monstruos clasificados, Holanda y Alemania, y aún uno por verse entre España y Portugal. El mundial, es un placer decirlo, está que arde.

Argentina, un Ataque Letal

Publicado en Página Siete el 28 de junio de 2010

Empezaré por decir que Carlitos Tévez me calló la boca. Lo había acusado de mucha intensidad y poca claridad. Fue con intensidad en un caso y con claridad en el otro que hizo dos goles (el primero, está claro, fuera de juego, en este festival de errores arbitrarles en que se ha convertido el mundial), uno de los cuales fue una obra maestra. Pero por ahí sólo se comienza. Argentina tiene la delantera más clara, más lúcida y más completa del torneo, con los jugadores que ponga y con los que puede poner que quedan en el banco. Aún bajo presión, aún con momentos en que el juego no está abierto, las opciones albicelestes que nacen del talento de Messi (todavía con el arco cerrado, todavía insuficiente para mostrar su genio), o en la lógica implacable de un pescador como Higuain, que aprovechó un grosero error defensivo, pero que lo convirtió magistralmente en jugada de gol, parecen multiplicarse sin límites y adaptarse a las necesidades de resolución que le plantee cualquier defensa.

Argentina, por supuesto, es más que su delantera, pero no podría entenderse sin ella, sin su condición creativa, sin su demoledora lógica de llegar al arco, sin la certeza de que no desperdicia ventanas de oportunidad. Por si las dudas, está Mascherano, jugando frente a México en un puesto que fue el lazo perfecto que une las dos partes del equipo, casi diría, un seis clásico. Esta Máxi Rodríguez, más desplegado, pero no menos mordedor, o Verón…y está una defensa donde sin ninguna duda se impone Heinze. Demichelis, en cambio, siempre te da el margen al miedo, al error posible, que en este partido también se produjo aunque sin consecuencias. Di María se ve cada vez más suelto, cada vez más claro en su función de lateral, pero en la suya, del medio para arriba, no en la idea del típico marcador carrilero. Y algo básico, los de Maradona manejan los tiempos, los administran en función de la presión del rival.

México, por eso, tuvo que adaptarse a un partido administrado a placer por el rival. Ese es el añadido. México propuso ¿Qué? Un partido razonablemente abierto sobre los pivotes de Torrado y Guardado, construyó el fútbol con pases largos, prefirió un ritmo intenso pero sin excesos y apostó, con éxito relativo, por dos caminos, los tiros de media distancia y las entradas triangulando con más talento del que se podía presumir. Así llegó su único gol. Pero estuvo a merced de los tiempos de Argentina. Incluso en los veinte minutos de la segunda fracción, en los que hizo suyo el encuentro, los albicelestes nunca se atoraron, nunca, siempre tuvieron un recurso para esperar, defender y salir jugando. Aquí es quizás donde uno pueda entender mejor a Messi, que resuelve en “una baldosa” como diría mi amigo Mario un entrabamiento que ni su compañero del Barsa Rafa Márquez pudo evitar, y abre el espacio para el ataque desde el ataque.

México fue un equipo de fuste, un rival que se desmadejó por dos circunstancias que atenúan la diferencia, un gol en clara posición adelantada y un error de Osorio de demasiado grueso calibre. A pesar de ello, no desmayó y estuvo dispuesto, con sus armas, a buscar el empate que no consiguió.

Argentina está para más, para mucho más, y a pesar del Panzer alemán, es un serio candidato a la Copa.

Chile, Primera Caída

Publicado en Página Siete el 26 de junio de 2010

Sudamérica perdió ayer el invicto en esta copa del mundo, pero ni un ápice de su talento y sus opciones.

Hasta el minuto veinticuatro del primer tiempo, Chile parecía un equipo perfecto, lo que Bielsa siempre pensó, un elenco capaz de moverse de modo integral, de presionar adelante y de presionar al enemigo en su salida. Un error del arquero Bravo lo tiró todo por la borda. El gol del “Guaje”, inteligente acción sin duda de un goleador de raza, volteó el destino. España hasta ese momento no había encontrado un sólo resquicio para poder llegar con claridad al arco chileno, lo que de muchos modos era una muestra de lo lejos que está la Furia de las expectativas que había generado antes del mundial.

El asunto se complicó para los chilenos hasta lo irresoluble cuando Iniesta, ante un pase perfecto de Villa con claridad, encajó con mirada fría el segundo  tanto y simultáneamente se produjo la injusta expulsión de Estrada. Ese fue el momento fatal de Chile. Hasta el final del primer periodo perdió los papeles, buscó la respuesta violenta y arriesgó todo. Lo que había sido un juego impecable se desbarató casi hasta el desastre.

En la segunda parte, con un hombre menos, Bielsa logró recomponer sus filas. La idea básica del técnico fue ahogar a España en la salida, lo que implicó lo más importante, impedir la generación de juego de los dos Xavis. Marcando en la mitad del campo hispano esa estrategia funcionó, la otra apuesta fue la velocidad, ese admirable e incansable ritmo de los sudamericanos que ya destacamos en una columna anterior. Pocos equipos pueden soportar un ritmo tan endemoniado.

Ante este planteamiento, España no mostró demasiadas ideas, pero sí las suficientes, la claridad de la rotación de pelota y el colocarse en posición de apresto, como la fiera que tensa todos su músculos y salta cuando es menester. Villa fue el más claro en ese sentido. El “Niño” no llegó y tuvo poco sentido de gol. Mientras Chile rotaba posiciones, otra vez con aportes notables como el de Vidal o el de Boseajour, España prefirió hacer rotar la pelota, pero lo hizo buscando espacios. Aún con diez hombres, Chile tuvo capacidad para frenar el corazón español, pero no fue suficiente, el gol de Millar abrió una esperanza, pero sólo eso. A su vez, la saga española se dio modos con su talento para evitar los ataques de contragolpe de la roja.

Esta España no está todavía a punto caramelo, se la puede asfixiar en la salida y eso le quita movilidad, la apertura habitual de Ramos no camina del todo, en este partido no funcionó por una extraordinaria defensa liderada por Jara.

En condiciones promedio, las fuerzas de Chile y España son equiparables. Chile con una mentalidad de entrega y generosidad de despliegue físico y futbolístico. España apostando a individualidades que sobre la base de su estructura central –el Barcelona- pretende hacer la sudamericana. En la comparación y en esa lógica, me parece más consistente Brasil y mucho más creativa Argentina. A España le falta todavía magia, su medio campo no ha aparecido lo suficiente e Iniesta no está en su plenitud, aunque le alcanzó para definir un partido que pudo haber ido por otro camino sin esa combinación ya mencionada del rechazo equivocado del arquero y la tranquilidad de lince de Villa.

Se clasificaron los dos, con méritos muy claros Chile, con méritos pendientes aunque con total justicia España.

Brasil, un Empate Intenso

Publicado en Página Siete el 26 de junio de 2010

Salvo los últimos diez minutos, vimos un partido entre dos rivales que estaban decididos a mostrarse los dientes, a marcar territorio y superioridad. En términos generales podría definirse el partido como un contraste entre cerebro y velocidad.

Brasil manejó los tiempos sobre la base de una rotación de pelota sin límites ni especiales preferencias. Baste decir que Lucio fue uno de los jugadores de salida hasta más allá de la media cancha, con opciones de mirar y distribuir balones. Si el marcador central puede llegar hasta tan adelante pisando la bola, es que el equipo amarillo pudo desplegar un fútbol pensando, con mucho toque, eventuales pases cruzados largos y esa debilidad entendible por buscar la profundidad habilidosa de Maicon. No estuvo Kaká, sí Julio Batista, se sintió. Mayor fuerza, menor creación adelante. Lo que no está claro es su capacidad de definición. Ramíres remató sobre el final, es verdad, y si no es Eduardo, era gol. El propio Lucio cabeceó con algún riesgo, ni digamos de un Nilmar que a punto estuvo de vencer a un arquero que se mostró soberbio cuando fue demandado. Pero lo evidente es que el gol no llegó.

El problema brasileño probablemente sea el ritmo. En esta estructura le falta sorpresa, rota demasiado en el centro y cuando se ve bloqueado en las salidas por los laterales, se ahoga. Se podrá pensar que el partido no era excesivamente importante porque el equipo de Dunga estaba ya clasificado, pero ese era precisamente el punto, la posibilidad de desplegar fútbol frente a un rival de mucho cuidado.

Portugal tiene una estructura sólida. Con dos muy interesantes defensores, Coaentró y Meirelles, que no sólo cubren sino que salen con calidad, ninguno es Lucio pero no están lejos. En cuanto a las idea, usaron las más sencillas, abriendo y entrando punzantes, casi siempre con Cristiano que no hizo demasiado considerando las expectativas que genera. Su talento está allí a flor de piel, pero no estalla, todavía no hace la diferencia.

Si uno tuviera que comparar entre los dos gigantes sudamericanos, Argentina es por ahora más que Brasil, aunque a favor de los brasileños debemos decir que este Portugal es más rival que cualquiera de los que enfrentó Argentina. La diferencia está en que los albicelestes tienen mayor margen de cambio, mayor capacidad de generar fútbol con sorpresa. Brasil está demasiado apegado al libreto, es fácilmente adivinable desde el punto de vista táctico; donde hace la diferencia con sus adversarios es en la combinación de fuerza y talento de esa previsible forma de jugar. En esto Dunga sigue con una combinación que funciona y que puede hacer del equipo brasileño una maquina demoledora. Los de Maradona, en cambio, son más ligeros, más explosivos, muestran un fútbol que llena los ojos.

Portugal no es menos, se ha convertido en un candidato serio en la medida en que puede combinar la consistencia de equipo con un despliegue de rapidez que en Simao y Ronaldo tienen dos estiletes potencialmente mortales. Llegan a la clasificación los que debían llegar.

Unas frases para África. Desde que Camerún le ganó a Argentina en el debut del mundial 90, África era el futuro. Un equipo africano sería campeón mundial en menos de veinte años. Precisamente éste de Sudáfrica ha sido un verdadero desastre, el peor desde esa profecía. Están todavía muy lejos. Por ahora les toca mirar y aprender. Este sigue siendo un pleito entre sudamericanos y europeos y, quién sabe, algún asiático.

Paraguay, Sólo Clasificados

Publicado en Página Siete el 25 de junio de 2010

Uno, tras ver los dos anteriores partidos de Paraguay, esperaba más. Más fútbol, mayor decisión, mayor consistencia. En suma, menos cálculo.

Frente a Nueva Zelanda, Paraguay nos aburrió y se aburrió. Nueva Zelanda no se atrevió. Si se esforzaba pudo hacer historia. Esperó –lo habitual en estos casos – y apostó al contragolpe en el que generó algunas situaciones de riesgo, pero poco más que eso. Bertos tiene mucha idea de lo que eso significa y complicó un par de veces a la zaga guaraní, pero la intención no es suficiente.

Quien debió hacer el fútbol, quien por muchas razones tenía que hacer el gasto y mostrar juego era Paraguay. No lo hizo. Su estrategia estuvo basada en su lógica, la de Martino, avance y defensa en bloque. Salidas mesuradas desde atrás al centro, basadas en la pareja de los dos Cáceres. Eventualmente, o Benítez, o Cardozo, o Roque, arrancaron en carreras interesantes, sólo eso, buscando hacer la suya, pero el problema básico fue que la lentitud de ese juego de bloque le quitó revoluciones al encuentro, lo que, en definitiva, fue un castigo al fútbol y al partido.

Los neozelandeses, de la mano de Eliot, intentaron de a poco controlar el medio campo, pero no lo consiguieron. Paraguay tenía más armas, por ejemplo, por las alas Morel la intentó siempre, pero sin consecuencias, acercar la pelota al gol, porque los “all blacks” mantuvieron una disciplinada línea defensiva que anuló completamente las posibilidades de llegada de los paraguayos.

Un partido lento, manejándose en la mitad de la cancha, lleno de forcejeos.

A veinte minutos del final, Benítez y Barrios estuvieron a punto de hacer la única fiesta del partido, ahogada por dos brillantes atajadas del portero neozelandés.

En los último veinte minutos los albirrojos lo intentaron, se lanzaron a ver si conquistaban un gol que les dieras seguridad. Si bien el empate los clasificó, es evidente que estuvieron siempre al filo de la navaja. Un error, una avivada y Paraguay quedaba fuera. Jugaron con fuego, quizás con la tranquilidad de que su fútbol es superior al de los de Oceanía, pero no es consuelo. A los cuarenta y uno, ese ritmo estuvo a punto de aguarle la fiesta a los paraguayos con un disparo neozelandés de mucho riesgo.

Martino, a pesar de ello no queda –por ahora- en deuda, logró un pase histórico a la fase siguiente para lograr un segundo salto, el que los de Chilavert no pudieron hacer frente a Francia en el mundial del 98 con el famoso gol de oro que los dejó fuera en ese campeonato. Este Paraguay debe demostrar que es más que aquel, el del monstruo del arco que quedó para la posteridad. De pronto, y eso es posible, este elenco puede realmente escribir la mejor página del fútbol paraguayo de todos los tiempos. Pero ciertamente no así, no como en este soporífero partido frente a Nueva Zelanda. No me olvido, no, de algunos cañonazos de pelota parada, algunas escapadas y un evidente dominio del partido que hicieron los de Santa Cruz. Por ahora clasificados y eso es mucho en este festival sudamericano.

Argentina, el Puntaje Perfecto

Publicado el 23 de junio de 2010

El espectáculo estuvo en los últimos diez minutos. Messi, cuyo talento afloró sin límites después de haber sufrido una marca eficiente de los griegos, estuvo a punto de anotar, manejó la pelota con la maestría de un fuera de serie, pero sigue con la maldición del arco cerrado, aunque indudablemente está al borde. Los goles fueron de Demichelis y de Palermo, justo homenaje a un goleador de goleadores que en diez minutos y tras un rebote, anotó su gol y podrá decir que jugó un mundial y anotó.

Maradona, muy suyo, colocó un equipo casi completamente distinto en un partido sin mayores complicaciones. Poco que decir de lo que hizo Argentina atrás porque Grecia no existió, salvo la apuesta de los pases largos al más claro de sus delanteros, Samaras, que a punto estuvo de gritar un gol. Por lo demás, los griegos pretendieron un empate y cuando perdían no pretendieron nada, porque Argentina está varios escalones arriba de su fútbol.

Lo interesante, la ratificación de Agüero, un jugador con claridad y que hizo el único remate valioso de la primera fracción. La inclusión de Clemente Rodríguez, que al estilo de Soria es un todo pulmón subiendo y bajando con potencia y gran dominio de su carril. En el medio, la dupla Maxi Rodríguez y Verón funcionó a media maquina, porque así lo quiso. Es obvio que el equipo uno de Argentina, el que enfrentará a México, es el que jugó los dos primeros partidos. Para anotar, el nombre de Pastore y, a estas alturas, es justo reconocer el equipo que despliega Maradona con tres centrales netos, mucha movilidad en las alas, tanto de marca como de proyección, y la suma de dos  medios que hacen de tapón y enganche con doble opción, porque el Kun traslada desde media cancha hacia adelante. Lo que me parece claro es que el tridente ofensivo necesita al Pipita, al que Maradona le negó la oportunidad de consolidarse como goleador del torneo y si hay que escoger, escojo al Kun por encima de Tévez, por una nariz. Milito no apareció, las razón es que ante una marca dura como la ejercida por Grecia, le cuesta más proyectarse, cosa que Higuain hace perfectamente recostándose en un ala.

El partido, digámoslo sin vueltas, no fue gran cosa porque el rival no tuvo argumentos y Argentina no hizo demasiados esfuerzos. Estaba claro, el gol caería por gravedad, por superioridad indiscutible, por manejo de balón permanente, por un control indisputado del medio terreno y por la cantidad de tiros de esquina cedidos por los helénicos. Así fue, los dos goles cayeron por dos sendos rebotes.

Pero, a estas alturas, nadie puede dudar que Argentina es un equipo poderoso y uno de los serios candidatos al título. Jugando como contra Corea, debiera poder superar el escollo de México, que no es un equipo fácil, pero ciertamente no está a la altura de la albiceleste. Hoy, Argentina es por fin un equipo que ensambla y que funciona. Messi está ya metido en el once como lo está en el Barcelona y eso es vital.

Este desempeño ideal de los sudamericanos no se detiene. Ya lo hecho hasta ahora es un record para Sudamérica en primeras fases de mundial, pero ahora comienza el camino en serio. Los partidos al muere son extremadamente complejos y allí los europeos han mostrado una solvencia fundamental, determinación y condición de no rendirse nunca. Por ahora, Europa muestra  una calidad inferior a la que le vimos en mundiales anteriores.

Chile, Una Palabra: Equipo

Publicado en Página Siete el 22 de junio de 2010

Una de las cosas más sorprendentes del equipo chileno es su impresionante despliegue físico. La primera presunción es que ningún conjunto puede resistir una intensidad sostenida como la que mostró en los primeros veinte minutos, pero sí pudo. No hubo un momento en que los rojos bajaran las revoluciones; quizás, si algo se les puede criticar es precisamente que de tanta velocidad se sobregiran. Suiza no tuvo otra opción que resistir y resistió a duras penas un vendaval que pudo ser mucho más letal en número de goles en contra que el magro uno a cero con el que terminó el encuentro.

Chile avisó con un doble remate rechazado en ambas ocasiones por un notable arquero, el suizo Benaglio, que respondió adecuadamente como lo había hecho ante España.

La hipótesis futbolística de Bielsa es la del viejo modelo del fútbol total, sumada a la rapidez, eso le permite mucha flexibilidad. Igual abre por las puntas de Beausejour que de Alexis Sánchez, con un sentido de profundidad en pases largos y desbordes difícilmente contenibles. En el centro me gustó más Valdivia cuando entró y me gustó también, mientras estuvo en la cancha, el motor de los volantes, Vidal. Pero con este Chile es difícil hacer un análisis de individualidades, porque el sentido de trasladar y rotar, la posibilidad de pelear desde el centro, la opción de marca y sobre todo el avance escalonado, son elementos de una visión que sacrifica definitivamente las individualidades por el funcionamiento colectivo. El gol de Mark González llegó porque simplemente tenía que llegar. “Tanto va el cántaro a la fuente…”

Suiza es un equipo más lento, más contenido, apuesta a esperar y salir con contragolpes, pero no en el sentido clásico de la palabra, sino más bien avanzando en bloque cuando tiene la oportunidad, que en este partido no fue muy amplia.

Palabra aparte para un árbitro complicado. Khalil Gandhi. Fue protagonista y eso es mal asunto, demasiadas interrupciones, demasiadas interpretaciones antojadizas en medio de un encuentro áspero y con pocas concesiones.

Si uno pudiera mirar todo el partido desde las tomas en contrapicado de las cámaras que muestran toda o casi toda la cancha, podría apreciar perfectamente la lógica chilena, todos los espacios son posibles, todos los espacios pueden cubrirse a partir de un movimiento de pelota que no está basado en obsesiones (carrileros saliendo, por ej.) o en repetición de libretos (insistir por el centro exclusivamente, por ej.), o en la idea de que sólo se puede jugar o por bajo o por alto. Todas las fórmulas fueron ensayadas y, en general, la mayoría funcionó. Los jugadores -Suazo incluido- son piezas de una maquinaria que es exigida sin contemplaciones y que debe tener mucho aceite durante todo el encuentro. Cuando la defensa fue probada –no ocurrió demasiadas veces- respondió, aunque, insisto, las sobre revoluciones a veces quitan claridad y ese es el principal defecto del equipo de Bielsa.

Vuelvo a Suiza. Es un equipo razonablemente bueno, razonablemente organizado, razonablemente fuerte, razonablemente balanceado. No alcanza, es demasiado razonablemente suizo para aspirar a algo más que lo razonable, más allá de la sangre diversa de Fernández y Nkufo.

Si la roja mantiene la energía, el sentido de fútbol total y se da una tregua para pensar en medio del juego, es sin duda un equipo muy serio a considerar, más allá de la segunda fase.

Brasil: Como Tiene que Ser

Publicado en Página Siete el 21 de junio de 2010

¿Kaká? Sí, Kaká. ¿Luis Fabiano? Sí, Luis Fabiano ¿Brasil? Sí, Brasil. ¿Un fútbol deslumbrante? No, pero –como Argentina- con los toques de genialidad que hacen que un equipo sea grande, que la historia cuente, que un siglo de fútbol del más alto nivel cobre los réditos cuando corresponde. Eso fue Brasil, una selección con unos cuantos estallidos de gloria que bien valieron el partido y la claridad de un triunfo que Drogba con su gol impecable no pudo evitar.

Dunga se ha cansado de decir que de lo que se trata es de ganar, es cierto, aunque a veces sacrifique el espectáculo. Pero esta vez lo que quedó claro es que Brasil tiene una estructura de una solidez integral envidiable. Julio César amenaza con dejar a un lado a Casillas como mejor arquero del mundo. La dupla defensiva del extraordinario Lucio y del eficiente Juan, hacen un trío de una calidad soberbia.

Los amarillos apostaron esta vez más su salida por el centro que por los lados. Por momentos, Bastos mostró una preocupante imprecisión y Maicon, que ya había demostrado lo que puede hacer ante Corea del Norte, fue marcado con rigor. Pero en este elenco sobran recursos. El planteamiento en el medio es más que interesante. Gilberto y Felipe Melo hicieron con eficiencia su rol del volantes de enganche y Robinho (demasiado acróbata para mi gusto) y Kaká estuvieron en la creación pura, con un goleador notable como Luis Fabiano.

Empecemos por Kaká. Igual que ocurre con Messi, el diez no está todavía a toda maquina (la expulsión, justa, lo conserva para la fase siguiente), pero fabricó dos goles sacando la magia que tiene en el alma. Sobre todo el primero, recibiendo, bajando el balón, amagando con la pelota contenida y haciendo un pase perfecto, simplemente perfecto. Luego, por si las dudas, desde una punta con la gambeta corta, el pase al centímetro y un toque exacto de Elano para meterla.

El gol de Luis Fabiano es otra historia. Tuvo algo del de “la mano de Dios” de Maradona, pero quizás más desde la creación talentosa que su predecesor. Fue doble falta, doble toque con el brazo, por lo tanto debió anularse con tarjeta amarilla incluida, pero la fuerza del atacante, el magistral triple sombrero, la jugada que nos llenó los ojos se los llenó también al arbitro que, condescendiente y en homenaje a la jugada más linda del partido, convalidó lo que debió anular.

Costa de Marfil propuso un juego abierto, lo que fue valiente y consistente con su estilo de fútbol y muchas veces complicó a Brasil, salió en la primera mitad incluso con mucha más claridad que su adversario. Yayá Toure en el medio y Gervinho adelante, cuando entró, mostraron un equipo dispuesto a pelear de igual a igual. A pesar de su gol, Drogba es un jugador bajo el peso psicológico de su lesión, lo que no es ideal para su equipo.

Brasil, por eso, por el planteamiento global, pudo crear y jugar apelando a la combinación que Dunga impone, juego práctico cuando es necesario y “jogo bonito” cuando el partido está bajo control, cosa que les costó a los “canharinos” más de lo que pensaron. Fue el riesgo asumido por la estrategia marfileña, jugar y dejar jugar ante un equipo de ese tamaño, que los condujo a una derrota cantada. El “scratch” tuvo paciencia y de a poco se adueño del campo. Lo penoso: cuando los elefantes se vieron perdidos, apelaron a la de los picapedreros, rendidos por la impotencia.

Brasil es candidato, que duda cabe, y como hasta ahora está haciendo Sudamérica, ganó. ¡Cómo tiene que ser!

Argentina, Así de Simple

Publicado en Página 7 el 18 de junio de 2010

En principio, se suponía que el partido iba a ser más complicado de lo que fue. Corea del Sur no es Corea del Norte, pero por momentos lo parece. Inexplicablemente, asumió que la camiseta albiceleste ganaba sola y regaló el primer tiempo de punta a punta. Cuando se percató -con ese gol generosamente concedido por Demichelis- de que podía intentarlo, replanteó su esquema en el segundo tiempo y allí se encontró –de verás- con que de todos modos Argentina es mucho más que la camiseta.

Maradona propuso una salida más adelantada de los laterales, Jonás y Di María, gracias al planteamiento conservador y chato del rival y con ello controló la totalidad del medio campo. Rodríguez fue más que lo había sido Verón y se conectó mejor con Messi y los suyos adelante, lo que permitió una rotación más fluida de pelota. Tévez sigue pareciéndome la entrega absoluta y el desorden frecuente, lo que se pudo apreciar claramente cuando entró el Kun. Agüero tiene una combinación ideal entre sentido y olor de área y mirada alta para ver la cancha y construir fútbol, esa es su ventaja sobre Carlitos. En cambio, Messi sigue peleado con la red, aunque está claro que su condición de excepción a la calidad promedio está a la vista. Una jugada bordada terminó con la pelota saliendo a milímetros del palo, y un pase que recibió de Agüero fue al parante y de rebote al toque de gol del Pipita. En suma, con lo que ha hecho está todavía lejos de alcanzarle para ser el mejor jugador de este mundial. Si alguien tiene dudas sobre Higuain, goleador es goleador y sus tres tantos lo colocan en el tope de la tabla de anotadores. Hizo lo que tenía que hacer, con claridad en dos goles de cabeza con la misma factura, y trabajó por la punta como lo hace habitualmente en el Real Madrid.

Es difícil, sin embargo, saber qué tan consistente es Argentina como equipo. La línea de tres se resintió con la lesión de Samuel. Cuando Corea del Sur se animó esa línea se rompió, se confundió, se enredó. No sólo por el error de Demichelis, sino porque carece de coordinación y consistencia. Con Heinze no alcanza. En un partido de ida y  vuelta, que hasta ahora no es lo que los albicelestes han vivido ni con Nigeria ni con está Corea, esa zaga  genera muchas dudas.

Fue un partido fluido, agradable en la medida en que vimos toque, traslado inteligente de pelota, gran visión en la peligrosidad generada por las jugadas a bola parada y lo evidente, en el ataque Argentina es letal y tiene de sobra para ensayar cambios, están Milito y Palermo por si las dudas, pero la prueba de fuego no ha llegado todavía.

Lo que es notorio, es la distancia importante entre la idea de fútbol de los equipos sudamericanos y la de los asiáticos y africanos. No es que Corea no sepa de qué va el asunto, pero más allá de lo básico, es poco lo que aporta en talento futbolístico.

Paulatinamente, se va decantando en este mundial lo que debe decantarse. El sentido del fútbol como arte está superando al sentido de fútbol como estrategia y táctica puramente teóricos. En la cancha el talento comienza a imponerse y eso es una buena noticia.

Uruguay Encontrado

Publicado el 17 de junio de 2010

¿Garra? No. Fútbol. Lo que no apareció en el complicado partido con Francia apareció de la mano de una idea esencial, jugar con la pelota contra el piso, pero jugar también con disciplina táctica. Orden y condición de fútbol. Si Forlán no fue suficiente contra los franceses, sobró en este partido, en el que mostró su doble condición de diez pleno y nueve letal. Si a esto le añadimos a Suárez y a Pereira, el plato está servido.

Parreira apostó, por su lado,  a una lógica más conservadora, forzada por el planteamiento del rival. Por momentos se podía pensar que los uruguayos frenaban el ritmo del partido recuperando el viejo estilo tan nuestro del toque, inevitablemente más cansino, pero no,  porque no era un toqueteo intrascendente, era la condición de llevar la pelota mirando y pensando, de atrás adelante.

El ritmo charrúa congeló a Sudáfrica, salvo veinte minutos de la segunda parte. No fue suficiente, porque la velocidad de los amarillos no iba acompañada de pensar esa velocidad, de hacerla eficiente.

Uruguay acabó con un tres a cero que no miente. Más allá de cómo llegaron los dos últimos goles, no cabe la menor duda de que el medio campo fue netamente de los ex campeones del mundo y que Sudáfrica desnudó sus limitaciones. La razón es simple. En el anterior partido, México propuso pelear, forcejeos y  pelotas divididas, de fuerza, no de talento, y eso permitió a Parreira disfrazar a su equipo. Uruguay lo puso en evidencia, porque entendió que el talento y la calma servían. Fusile, Lugano, Pérez, Cavani , a su vez, entendieron de qué va la cosa.

Habíamos escrito sobre un Uruguay extraviado, ahora disfrutamos de poder decir que encontramos a Uruguay, más allá de la tradición angustiada de las últimas décadas, ofreciendo a cambio la claridad de quien sabe la ruta (Tabarez parece saberla).

Cuando el ambiente estaba a punto, Forlán fue claro y contundente, un remate demoledor que entró en el arco (con la ayuda  involuntaria de un defensor sudafricano) sin más, para que todos quedaran fascinados aplaudiendo. El segundo gol planteó una polémica innecesaria y una rabieta del arquero Shuaib que no entendió algo básico, el arbitro lo expulso no por la violencia de la falta, sino porque era el último hombre al cometer el penal.

Sudáfrica llegó donde podía llegar. No está aún fuera de juego, pero sí en el borde.  Ni Pienaar ni Shabalala tuvieron la capacidad de recuperar el dominio del medio que fue propiedad uruguaya y el contragolpe -lo dijimos- no alcanzó, porque correr no es la fórmula, sólo parte de ella.

Es interesante mirar la cancha completa. Sudáfrica casi nunca pudo superar la segunda línea de cuatro con la que respondía Uruguay, lo que le dio gran tranquilidad a la extrema defensa, pero además esa segunda línea subió ordenadamente proponiendo fútbol desde un tercio de cancha, lo que permitió algo infrecuente, abrir juego por las dos puntas, contando con jugadores que en el rol de Forlán, como media punta y armador, o en del de Suárez fueron un nexo indiscutible en la llegada sobre el arco adversario. La única pregunta es si esta claridad y esta satisfacción de ver a un sudamericano jugando como sudamericano se puede repetir frente a un rival de mayor fuste y mejores argumentos. Sea como fuere, es un gusto encontrar a Uruguay, encontrar los viejos laureles reverdeciendo, a pesar de mis propios malos augurios.

Brasil casi Despeinado

Publicado en Página 7 el 16 de junio de 2010

Por si acaso no se sepa, Corea del Norte está en el mundial. Lo escribo porque daría la impresión de que Brasil jugaba contra nadie. Ciertamente jugó contra un equipo que la tenía clara. Defender. Defender implica hacerle la vida imposible al talento y la creación, y si quien crea no es capaz de demostrar que aún en el peor escenario eso es posible, el riesgo es muy alto. Ocurrió en el primer tiempo. La línea roja de contención tuvo un inflexible y disciplinado grupo de cinco en raya, mas tres mediocampistas de marca, mas tríos, cuando no cuartetos, de defensores rodeando al arranque constructor brasileño.

Dunga opto por mantener lo que Brasil inventó en el mundial de 1974, los dos carrileros (los hermanos Marinho) marcadores de punta de proyección, especialmente Maicon, por donde salió el ochenta por ciento de las veces el “scratch”; mas aún si contamos que Bastos es el carrilero de la izquierda y que puso a Robinho como media punta. Era otro camino para abrir el futbol. Pero el problema se presentó con otro factor adicional, la evidencia de un Kaká que no funciona, y un esquema del rival cuya rigidez defensiva esterilizaba las propuestas del gigante. Es en un partido como este donde sólo la genialidad puede ser una respuesta, genialidad que no se basa en el toque elegante o la triangulación pausada, sino básicamente en la  explosión imprevista, el talento no esperado.

Corea, hay que recordarlo, sabe de que va el contragolpe y de que va la velocidad. La usó con aceptable éxito.

En la segunda parte, lo importante fue la decisión de oro tomada por Maicon por lo expeditivo, pase largo, velocidad y merito de la “Jabulano” que hizo una curva maravillosa permitiendo que en un ángulo casi imposible, el gol se cuele en el arco.

Corea no se arriesgó. Está en el mundial, sí, pero no tanto. Argumentos; resistir, mas argumentos; resistir, mas argumentos; pensar que Brasil es el monstruo del futbol. Así llego el segundo, el de Elano ante un gran pase de Robinho, con una visión diferente, más tranquilo, más en su papel de superioridad, se posesionó en el centro y comenzó a construir sin prisa y sin pausa lo que parecía corresponderle, ganar con claridad.

Los cambios en Brasil fueron simplemente un test. La confirmación de un Kaká apagado y el intento de mayor agresividad, pero la idea no era modificar el planteamiento. No era necesario. Corea llegó donde podía, buscar el empate milagroso y punto. No es el paraíso ciertamente, pero un gol de Jung, muy bueno por cierto, los aproximo a la idea del edén.

Brasil estuvo a punto de despeinarse, pero obviamente no es eso de lo que se trata. Hemos llegado a la lógica demoledora de Mourinho, lo único que vale, que sirve y se necesita, es ganar, así esta este mundial, donde todos esperan, los empates mandan y los goles faltan. Suponemos que el partido del debut es eso, una prueba de consistencia y poco más. Por ahora promesas de superestrellas con un fútbol más bien mediano. Nadie ha visto hasta hoy nada como para estremecerse.