Mi Libro “La Sirena y el Charango, Ensayo Sobre el Mestizaje”

la sirena y el charango

El 16 de abril de 2013 presenté mi último libro “La Sirena y el Charango, Ensayo sobre el Mestizaje”. El libro fue puesto a consideración del público en el Paraninfo de la Universidad Católica Boliviana en La Paz, el comentario principal estuvo a cargo de Fernando Molina. Participaron por la Editorial Gisbert que produjo la obra, Antonio José Schulczewski, por la Fundación Comunidad que lo co auspició, Ricardo Paz, y por la UCB su rector Hans Van den Berg.

Sus características: 21 cm. x 15,5 cm., 234 pp., Editado por Editorial Gisbert y Fundación Comunidad. Edición en rústica. Precio de venta al Público: 65 bolivianos, en venta en  librerías.

Su contenido:

Primera parte: Mestizaje, una Mirada desde la Historia

Segunda Parte: El Nacimiento de Nuestra Identidad

Tercera Oarte: ¿El Tiempo en que Reinaron los Indígenas?

Cuarta Parte: Contra la Historia

Quinta Parte: Mestizo, la Savia de la Nación

En la presentación del libro con el rector de la Católica Hans van den Berg

En la presentación del libro con el rector de la Católica Hans van den Berg

Transcribo aquí el capítulo 2 de la última parte del libro que creo retrata muy bien el espíritu de la obra:

LA CASA COMÚN CONTRA EL MITO DEL TIEMPO RECOBRADO

El sentido de pertenencia, de espacio compartido, es esencial para definir nuestro destino y para entablar una relación de comunidad con quienes habitamos ese espacio que hemos definido como nuestro: Bolivia. Ese debe ser el eje para que el pacto social que estamos elaborando no se convierta rápidamente en papel mojado.

¿Por qué ese espacio geográfico que habitamos es la casa común? Esa adscripción no puede plantear que se trata de un lugar que no nos queda otro remedio que compartir, sino, por el contrario, que es un espacio en el que tiene sentido vivir unos con otros porque tenemos una meta común, un ideal de construir juntos una comunidad, porque tenemos un pasado que nos dio las identidades que hoy tenemos. Si la única lógica de ese pasado es la guerra, la dominación, la exclusión y la opresión, es muy probable que estemos juntos a regañadientes y que supongamos que esta unidad es artificial y muy frágil, confirmando aquella idea de que Bolivia es un error histórico.

Se debe intentar desentrañar las dos lecturas, la lineal y las de las parcelas de esa linealidad. La primera constatación, como ya vimos, es que la historia de la nación boliviana tiene largas y profundas raíces en el tiempo, no solamente por sus rastros materiales, sino en tanto hay una acumulación, superposición y, sobre todo, vinculación entre unos momentos y otros.

En la Bolivia colonial es en la que se abrazan el ande y el oriente, hecho que se produjo en 1560 cuando se encontraron en las proximidades del Parapetí en un espacio chiriguano, los conquistadores Andrés Manso que llegaba de Lima y Ñuflo de Chávez que llegaba de Asunción. Allí se formó la conciencia de lo que tres siglos después sería Bolivia, porque fue entonces cuando Charcas integró esa gigantesca región a su dominio. La idea de lugar compartido se plasmó progresivamente en el Siglo XVIII. La sociedad comenzó a definirse como entidad distinta de la metrópoli europea y por ello deseó la independencia. La comprensión de que las bases republicanas están en el periodo colonial es crucial en la relectura de nuestro pasado.

La otra dimensión, la de las historias de los pueblos dentro de ese espacio geográfico, es la reconstitución de características culturales, lenguas, cosmovisión y tránsito por la dominación y la opresión. Con diferencias en virtud de la dimensión de cada pueblo, quechuas y aymaras en un extremo, tacanas, yuracares, mojeños, guaraníes ,wenayeeks y varios pueblos, en el otro, sufrieron la imposición occidental en procesos de transformación en los que sin duda hubo una fusión cultural (mucho más evidente en las grandes comunidades indígenas que en los aislados pueblos del norte y el sur), sobre la base de la desigualdad y la discriminación.

Las raíces que justifican nuestra existencia exigen de manera imperativa una lectura correcta del momento en que se tejió la nación. Un periodo y un proceso (el mestizaje) que tradicionalmente se execra. Por eso, la adscripción a un sentido de pertenencia en un escenario común es tan compleja y tan llena de absurdas negaciones de nosotros mismos. Los pueblos de Bolivia concretaremos nuestros ideales sólo a partir de entender las razones que definieron los límites que hoy compartimos y que nos hicieron comunidad.

Uno de los grandes riesgos de quienes viven momentos traumáticos en sus vidas personales y en sus vidas colectivas, es el de querer volver atrás, suponer que el tiempo se congela, creer que es posible recobrar ese tiempo periclitado. El tiempo, ese arbitrio humano magnífico y terrible, es una forma de medir lo inasible, es como el agua que se escapa entre las manos, simplemente testimonia nuestra finitud y nuestro carácter perecedero. Es la maldición del fin inevitable, o la bendición de liberarnos de un transitar que, eterno, sería simplemente intolerable.

La historia no es otra cosa que la constatación de ese transcurso. No debemos ceder a la tentación de detenerla o de volver atrás, sobre la hipótesis de que ese tiempo ya perdido fue mejor. Quizás, y esa es también una curiosa testificación de lo humano, debamos aceptar la circularidad de ese tiempo que no se repite exactamente pero que fiel al mito, vuelve –distinto- a repetir aquello que nos es esencial para sobrevivir, según el momento y la circunstancia. Lo que parecía hundido para siempre, aparece de nuevo en el horizonte. La historia, así, se burla de sí misma y nos demuestra que nada es definitivo, nada es irreversible. Pero la paradoja debe ser bien entendida si queremos aprovechar sus terribles lecciones. No podemos mirar atrás para otra cosa que no sea aprender y ligarnos a nuestro pasado, para saber quiénes somos, qué hicimos y de donde venimos realmente. No podemos suponer que el presente construye futuros definitivos, pero tampoco podemos vivir de la nostalgia de lo ya terminado.

Nuestra historia ha tenido algunos momentos cruciales, cambios que lo modificaron todo. Enero de 2006 fue un cambio de magnitud, como el terremoto que ha reordenado las capas tectónicas subterráneas. Igual que en 1952, hay muchas cosas que terminaron definitivamente. Sin embargo, por diferentes razones, no fue un nuevo tiempo anclado en sólidos cimientos. A pesar de ello, la profundidad de los símbolos –muchos-, encarnados en una sola persona, le dio a ese momento un relieve especial. Las puertas al campo -que decía Octavio Paz- fueron abiertas para todos definitivamente. Eso es una constatación de una trascendencia que apenas podemos imaginar. Ese “todos” que había sido incorporado en muchos sentidos y direcciones en décadas pasadas, no se sentía “todos” porque lo principal, el eje del poder, le estaba vedado. Eso no ocurrirá más. Finalmente, la idea de la igualdad tiene un referente, el más importante, el vértice del poder, el que atraviesa el corazón del Palacio Quemado. Es un hecho más allá de cualquier contenido, más allá de cualquier discurso, más allá de cualquier juicio de valor y hay muchos que se pueden y se deben hacer.

Por eso ya no podemos mirar a nuestras espaldas sin el alto riesgo de transformarnos en estatuas de sal. No podemos abrazar por puro reflejo a  quienes decidieron voluntariamente inmolarse en su propia ceguera, a quienes escogieron negarse a sí mismos la posibilidad de redención cuando pudieron, a quienes creyeron que el mundo sería el mismo siempre, con la mesa tendida sólo para ellos.

Si somos capaces de entender que el secreto no está en derribar una muralla que no es una persona sino una nueva lógica, que aquí no hay que escoger un camino porque es contrario al del otro, que no se trata de destruir lo que existe porque creemos que está mal sin desear de verdad construir otra cosa mejor, entonces sí podremos saber que el discurso, los principios y los paradigmas que debemos encarar deben ser nuevos, más allá de esta inmensa confusión, más allá de la retórica revolucionaria, más allá de la “fundación” de la historia todos los días y más allá de las profundas y equivocadas trincheras de guerra que se cavan para reivindicar siglos.

El futuro que nos toca tiene poco que ver con el futuro que se vislumbró desde las almenas del fin del siglo XX. El nuevo siglo nos ha deparado desgarramientos insospechados pero necesarios, bocanadas de odios y rencores inevitables que se deben quebrar desde abajo, desde su propia entraña. Es necesario reconstruir un imaginario colectivo en el que todos nos miremos sin miedos ni atavismos, en que sea posible un diálogo multilingüe pero respetuoso, en el que la lógica de los privilegios sea desterrada, en la que podamos sembrar un sentido de Nación, más allá de la región, más allá de la etnia, más allá de lo popular, pero con ellos, a través de sus andamiajes, sin negar ninguna de esas características que nos identifican con lo más íntimo de cada uno de nosotros.

Hay un pasado que se hundió irremisiblemente, aún y a pesar de los ciclos y los eternos retornos. Hay cadáveres que se volverán polvo y serán un recuerdo del que podremos aprender, pero son cadáveres. En este nuevo tiempo es indispensable entender que el país que conocimos cambió. Debemos agradecer que nos haya tocado vivirlo, pero debemos aprovecharlo, arrancándolo del autoritarismo, de la ceguera discursiva, de los gérmenes de la revancha, de la incapacidad de proponer horizontes verdaderos de todos y para todos.

Es la llegada por fin, de una larga marcha que comenzó hace milenios y que atravesó bosques y desiertos para encontrar una meta crucial, la del espacio de todos. Ahora nos toca compartirlo, entre iguales, con nuestras diversas miradas y ojos y lenguas y almas. Es necesario tejer una nueva trama que sea verdaderamente polícroma. Abrir la mano parece más difícil que ofrecer el puño, ahí está la diferencia y el desafío. No basta con simbolizar el cambio, hay que ejecutarlo en democracia y con todos.

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21 pensamientos en “Mi Libro “La Sirena y el Charango, Ensayo Sobre el Mestizaje”

  1. Me gusta el título. No es por criticar pero ¿cómo se puede “reconstruir un imaginario colectivo en el que todos nos miremos sin miedos ni atavismos”?
    ¿Cómo se puede “tejer una nueva trama que sea verdaderamente polícroma”?
    ¿Y a dónde se tiene que ir para encontrar a la sirena con su charango de la portada?

  2. Pingback: Mi Libro “La Sirena y el Charango, Ensayo Sobre el Mestizaje” |

  3. Felicidades Carlos, voy a comprarlo y leerlo con mucho interes. Seguro que es muy buen libro: Me encantan los libros de historia

  4. Correcto en la apreciacion y en el amplio sentido inter-ex-pluriy – y retropluri y aderando el nucleeo retroexpropulsor del new cararter auto.que muchas personno entienden y no se tiene que perdeer tiempo explicando . o

  5. Me gustaría leerlo, por lo tanto guardo mi opinión. Pero el título me parece muy interesante y muy adecuado para el tema que se toca. Felicidades.

      • Quizas soy muy tonto y por lo tanto para mi nada en absoluto es obvio. Lo que entiendo es que Ud. cedio los derechos digitales a una editorial tradicional. Le recomendaria que en el futuro reserve los derechos digitales a Amazon o Google. Hoy en dia las ventas digitales superan la venta de libros fisicos. Ademas ahora su libro solo esta disponible en Bolivia en lugar de ser estar a la venta en manera global.

      • No, no es usted muy tonto.
        La edición digital está contemplada en el contrato. La haremos efectiva en un par de meses.

  6. Que bien, un libro necesario dada la actual coyuntura política en el país, en el que la mayoría de los grupos políticos activos se están yendo a los extremos. Lo que mas se necesita ahora es practicar la verdadera pluralidad, en la que todos, hasta los que parecieran estar equivocados, puedan expresarse y su criterio ser tomado en cuenta para salir adelante. Entiendo que el libro aporta argumentos en este sentido, a leerlo.

  7. Muy bueno el capitulo, lo leeré el texto, seguro que podre “empaparme” como se dice en nuestro léxico, de nuestro mestizaje y nuestra cultura y la identidad de clase que somos, felicidades y siga con mas investigación a nuestra cultura plurinacional..

  8. anoche escuque la entrevista con Toto Salcedo en el programa la verdad nos hace libre su libro es visionario rompe paradigmas tradicionales historicas y es una nueva forma de entender nuestra procedencia y orinlidad nacional siga adelante …

  9. Señor Carlos D. Mesa, le escribimos desde Argentina, somos estudiantes de Historia de las Artes de la U.N.L.P. Actualmente estamos cursando HAV V América colonial, para dicha cátedra estamos realizando un artículo de investigación sobre el tema que le compete a su libro, la sirena y el charango. La razón por la cual le escribimos se debe a que por cuestiones de distancia y editoriales no hemos podido acceder a su libro y quisieramos saber si es posible obtener por algún medio un aporte para nuestro trabajo. Apreciamos su tiempo, desde ya muchas gracias. Esperamos su respuesta.

    • Creo que vale la pena que exploren en este blog. Tengo varios artículos sobre el tema tanto en la categoría Artes y culturas como en política boliviana. Si pueden conseguir algún amigo en Bolivia que pudiera comprar el libro y enviárselo, valdría la pena

  10. Señor Carlos de Mesa, el ensayo me parece merecidamente explicita a una sociedad de muchas contradicciones acerca de nuestros orígenes y el ensayo mostrara la realidad de la vida de nuestra vida cotidiana.
    Sin más ir lejos expresarle mi alegría por tan detallada aclaración sobre la verdad. Bueno soy estudiante de la universidad Salesiana de Bolivia, aquí de La Paz y quisiera saber si talvez usted tiene planes a realizar alguna presentación o exposición más detallada del libro. Bueno espero su respuesta.

  11. Soy un Singapurense que vive en Santa Cruz. Estoy leyendo tu libro con mucho interés. La prosa es muy distinta. La parte religiosa me llama mucha la atención y es parecida a las observaciones de John Mackay, autor de “The Other Spanish Christ”. Felicidades y Bendiciones a tí

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